Otro cachorro bastardo del perro andaluz

Fotografía de Fernando Chuy

I

Me descarta como tu varón tu madre y no era para menos. Lo peor es que lo que le contaron es cierto. Any recourse to the law?

No me queda sino escribir y escribir, pues la película no empieza, además de que al no verte la oportunidad de interrogarme más no me deja otro camino.

II

Y bien, la lica de pronto suscitó un intercambio de ideas entre los quince espectadores —más o menos—, que por ratos revistió tintes de lucha de egos y las más de las veces ganas de no decir ni mierda, diciéndolo, porque se tienen hocico y cuerdas vocales.

Fotografía de Fernando Chuy

Hoy, varios días después, como no quiero porque no puedo teorizar sobre la conjunción Dalí-Buñuel, y mucho menos aún sobre la nueva banda sonora de Kagel y su posible pero odiosa —como todas— comparación con Wagner y los tangos de Buñuel, lo único que permanece como rasgo latente y a todas luces manifiesto de esa creación, es la sensación de rasgadura de navaja en mi ojo rojo de desvelo y la imagen peliculesca ante mi vista tan alucinada, “surrealista”, de las cumbias estridentes de la rockola, las piernas de futbolista que dejan ver las minifaldas de los travestis y el deseo compulsivo de saltar sobre los senos de la prostituta que frente a mí saca su pintalabios, se los pinta con déficit de femineidad, escupe, se los vuelve a pintar y finalmente se termina el culito de su vaso de cerveza, llega a un acuerdo sobre el precio de sus encantos con el cabrón que me da la espalda y finalmente se marcha, por supuesto, con él.

¡Ah, no!, que ya regresan. Por sus miradas intercambiadas evidencio que no es un repentino desacuerdo en el precio, sino que la hembra, como siempre decidiendo este tipo de cosas, quiere añadir otro granito de arena a su sensualidad, bastante exacerbada ya por la cerveza, por cierto, y beber otra caguama, por no decir que francamente ya está picada y le vale verga el sexo con este cuate, bastante feo a decir verdad, acotación que vale decir no es hepática sino empática: todos los que nos hemos emborrachado en pareja alguna vez sabemos que el alcohol es, no un buen afrodisíaco, sino un magnífico retocador de la fotografía del rostro, principalmente, del otro.

III

Todo ello viene a colación porque llevo muchos días sin escribirte. Absurdo, cuando todo lo que pienso, si bien no se queda plasmado en papel, lo hace en algún lado, en alguna dimensión del ser.

Iba a empezar diciendo que me alegraba de escribir la parte II sobrio, pero a todo esto el primer vaso de cerveza inexorablemente se me ha subido a la cabeza y ya le di el primer trago al segundo.

Hay una china (la dueña de la cantina), budas, un “dios” maya, paquetes de pan rodajado, un pelón de la politécnica y la otra vez un travesti salió de este mismo lugar con un ojo de fuera, eyectado por la onda expansiva de los chayes del envase que le había estrellado uno de los que con él bebían, lo que de alguna manera contribuye a establecer de pronto y de manera espontánea el cuadro irónico de Buñuel-Dalí.

He trasnochado mucho últimamente; por ahí iba el hilo conductor de esta descarga antes de reparar en la cerveza ingerida, Paula, pero lo raro es que ha sido trabajando y no de parranda.

La cabeza me duele increíblemente, estoy cansado, y sin embargo en este momento, de tenerte cerca, te haría proposiciones que rayarían en el acoso sexual. ¡Puta con esta pareja!, que hasta voy a creer que dios está chingándome, pues otra vez ya se habían ido, ahora regresan, él intenta darle un beso, ella se retira, no por feo sino por el aliento policromado pero predominantemente alcohólico. En cambio, le consuela con un pequeño abrazo. Creo que me voy a cambiar de mesa, pues se están cagando en mi relato. ¡Me cago en dios, como siempre, que se levantan de nuevo!

Fotografía de Fernando Chuy

El pelón de la politécnica, recostado en la rockola cerveza en mano, se rasca la cabeza y su intención de anegarse en la estridencia de los altavoces no es tanto por embrutecerse —el pobre ya no puede estar más bruto en esta vida— cuanto por establecer un vínculo, un parámetro de lavado cerebral que le haga sentirse en su hábitat, la tortura psicológica.

Pues bien, si para cuando lo de la película el no verte me tenía interrogándome hasta el hastío, imagínate ahora que ha pasado tanto tiempo.

Más que contarte el chorro de vivencias de estos días de no verte, quisiera poder realmente invertir un céntimo por tus pensamientos de esos mismos días.

¿Cuántas veces me has sido infiel materialmente? ¡Y cuántas con el pensamiento!

Es demasiado: recuérdate que estoy muy, muy viejo —este organismo de mierda que no se corresponde con mis posibilidades intelectuales— y por eso tengo prisa, mucha prisa contigo, tierna ratoncilla que ha cazado a este gato viejo o gata tierna que se divierte con esta presa de ratón viejo que no puede sino defenderse con el pensamiento. Y, ¿cuándo un ratón ha prescindido de su capacidad motora en aras de su defensa por la vía del intelecto?

IV

Un borrachín quiere bailar —y acosa con dos o tres pasos de danza— con la mesera que barre. Ésta le echa la basura en los zapatos: cajetillas de cigarros, chencas, tapitas de octavos, servilletas usadas y demás resabios propios de las noches de Dionisio à la guatemalteca.

No se haga, hombre, no se haga (otra ola de escobazo-basura).

¿Con la escoba? ¡Si quiere, yo hasta bailo con la escoba!

—Es que no me da permiso el dueño—, cede.

El diálogo es textual, plagio confeso y no he de pagar derechos de autor… tan inverosímil como cotidiano, se ha ganado su inscripción en este pequeño cuaderno, definitivamente de mis mejores adquisiciones del año.
La china come con palillos (su nacionalidad, en realidad, me vale madres), remite al orden a las empleadas que alegan, víctimas de la neurosis producto de la vida nocturna en la cárcel de este tugurio. El vigilante de la policía privada bosteza, el borrachín “baila” solo, un fotógrafo que parece gay pasa entre las mesas blandiendo los brazos con su cámara de instantáneas, pequeña empresa alternativa que se basa en el aprovechamiento de la euforia ajena y cuyo diafragma jamás ha registrado una imagen que pueda considerarse “normal”.

Y acá termina esta IV parte: la china me echa por la ley seca, me conmina a que eche el medio litro que me queda en una bolsa y me vaya.
Yo, por supuesto, me lo empino de a tesón.
¡Qué de a huevo, en una bolsa!

(Del libro todavía inédito “A propósito de Paula”, escrito probablemente entre 1992 y 1994)

*Fotografía destacada de la nota a cargo de Javier Herrera.

Autor: Juan Carlos Gómez Herrera

(Huehuetenango, 1966) Compositor autodidacta. Obtuvo una licenciatura en Cultura y Ciencias Sociales en la Universidad de Oslo, Blindern. Desde 2001 reside en Noruega.

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