¡Pusiste música en inglés!

Con un polvo y otro polvo, se formó una polvareda; una copa y otra copa, hacen una borrachera.

Pedro Infante

Fotografía de Fernando Chuy

Pilar toca la puerta. Raúl abre. Apenas ve a Pilar, le da la espalda y entra a la casa. Pilar lo sigue pero se detiene en el primer cuarto al tiempo que observa la suciedad y el desorden. Desde el cuarto del fondo, Raúl la llama con un tono pesado. Le molesta que ella siempre espere su llamado formal para ir al cuarto del fondo. Por fin Pilar entra y se sienta en el viejo colchón tirado en el suelo. Se zafa las botas y se quita el brassiere bajo la blusa. No ve a Raúl ni lo busca, es tan rutinario que sin observarlo puede adivinarle cada movimiento.

Pilar se acuesta boca abajo, cierra los ojos y se lleva las manos al vientre. Sabe que Raúl está buscando unos discos para ambientar la tarde. Este es un momento sagrado para él, pero Pilar lo enturbia quejándose de la suciedad y el desorden. ¿Qué música querés escuchar? Raúl tiene suerte porque hoy Pilar no tiene suficientes ganas de pelear. Cualquier cosa que no sea música en inglés. Pilar abre los ojos, busca a Raúl, lo encuentra, le sonríe, le hace muecas, lo hace reír, cierra los ojos y vuelve el silencio.

¡Pusiste música en inglés! Para qué preguntas si ponés lo que querés. Una gesticulación de hastío. No es música en inglés, es Dylan. Hace mucho calor en el cuarto, el sol pega directo en las enormes ventanas. Raúl se sienta al lado de Pilar y de la nada se le tensa la mandíbula, le toma la mano y siente fuego en los testículos. Pilar sólo percibe un gesto extraño en su rostro. ¡Es música en inglés! alega de nuevo ella, ahora con tono infantil y voz baja. No importa, en diez segundos te vas a quedar dormida. Y así será, así ha sido siempre. Raúl ve cómo cae en sueño, espera unos minutos y se retira sigiloso.

Raúl adora salir al balcón entre cinco y seis de la tarde. Le gusta observar la ciudad encarcelada entre montañas y a la vez espiar a sus vecinos. Muy cerca está el Estado Mayor así que casi de rutina observa a sus agentes, que entran y salen durante todo el día, a pie y en carros polarizados, blindados, a veces sin placas. Este país es de terror, lleno de orejas, lleno de muertos. A estas alturas ya no sabe bien para qué volvió. ¿Quién putas era antes de todo esto? ¿Antes de Pilar? ¿Antes del alcohol? Vive preguntándose siempre lo mismo pero cuando viene ella es peor. Se le vuela la mente, se le amplifica la paranoia. Este país es de terror, lleno de bolos, lleno de gente estúpida que ni siquiera habla de la guerra.

Pero el caleidoscopio se mueve rápido. Pilar ya terminó su siesta así que llama a Raúl y lo trae a tierra. Dos minutos con este calor del demonio y ya sin música se los ve cogiendo ceremoniosa, concienzudamente. Se restriegan, gesticulan, se aprietan. Se confiesan amor, respiran profundo, casi se quejan. Se vienen y se van un poco de este mundo. Creen ser los principales amantes de la humanidad, el amor más grande de la historia. Deliran, se calman, vuelven a ser Pilar y Raúl, antigua pareja, antiguos creyentes en la revolución, hoy alcohólicos desesperanzados.

Raúl sabe que Pilar querrá irse pronto, que le vendrá la culpa en un minuto, que pelearán, que ella llorará y todo perderá sentido. Pilar vomita rápido su verdad. Estoy enamorada de vos. Cada vez que cogemos me deprimo. A Raúl le quedan más células para soportar esta nueva versión de la vieja escena. Venís a coger, a pasar la goma tranquila y ahora el drama. Cada vez que la ve llorar se le parte la cabeza. Ella llora un horror antiguo, incomprensible. Pilar se levanta de prisa, se viste y se prepara para irse. Mejor vamos a tomar un litro, le lanza él con entusiasmo melancólico. Mejor me voy. Odio tu silencio. Sos un hombre triste, irremediablemente triste.

Raúl se queda callado. Ahora él podría llorar y ella se sentiría estúpida. Los dos podrían llorar y sentirse estúpidos. Luego recordarían los primeros años e intentarían explicarse la derrota, las derrotas personales, de pareja, de la izquierda, del país, del universo… Pero esta vez el drama va a resolverse de otra forma. Mejor cojamos otra vez y nos vamos a chupar. La propuesta de Pilar hace sonreír a Raúl, que de inmediato se acerca a besarla. Van a tocarse de nuevo, van a desgastar sus cuerpos como idiotas, van a salir a la calle juntos. ¿Viste la placa? Pilar voltea apenas. No los mirés, olvidate un rato de ellos. Pilar siente escalofríos, teme la calle, teme a la vida también. Pero la tiendita de la 12 está a unos metros ya. Los amantes tristes van a emborracharse a morir, van a hablar, van a olvidar todo, quiénes son, quiénes fueron, quiénes podrían ser, juntos, separados, en este país, en otro planeta.

Autor: Pilar Gutierrez

(Ciudad de Guatemala 1979). Desordenada, nostálgica y locuaz. escribo para retener el pasado y restarle insomnios. Creo que 1954 y 1982 definen gran parte de nuestro presente.

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