¿Qué putas querés escuchar?

Cruda, Charamilero, Gómez, indigente

Fotografía de Javier Herrera

El día anterior estuve en un sótano que funciona como bar, hablábamos de libros y licas mientras sonaba un metal demasiado alto disfrutar. Infectado de la plática y quizá por la cruda que me provocaba náusea no pude desinstalar esa forma de ver la vida como en una película.

Me desperté al filo del mediodía, (plano medio a la ventana de mi cuarto, cortina cerrada, apenas unas líneas de luz formando un cuadrado), como dije, con una gran cruda. Preparé un licuado de frutas y me puse a ver —¿cómo no? —  un documental de Alan Berliner (primer plano a mis manos sacando el DVD de su cajita).

Cuando estás crudo y ves documentales, podés llegar a pensar en aniquilarte o al menos quemar todos los libros, la librera, las fotos viejas y las copias piratas, pero no lo hacés por hueva, por desidia y te jurás que el próximo fin de semana sí lo harás.

¡Por fin llegó la hora!

Me obligué a cambiarme de ropa (aún usaba la del día anterior) y caminar al transmetro para llegar al centro de la ciudad en donde se realizaría el concierto de Tankard de Alemania, Luzbel de México y los guatemaltecos de Magma.

Antes, escribí un mensaje a L, ella deseaba ir al concierto, pero no estaba segura de lograrlo, yo hubiera hecho lo que fuera porque entrara (close-up a rostro triste de L) pero esta vez no podría. El mensaje que me envió de vuelta decía “pero nos juntamos un rato afuera para tomar unas chelas”. Complementó la comunicación con emojis sonrientes. (close-up a mi rostro en el que nace una sonrisa).

Antes de subir al transmetro pasé a la tienda de siempre y compré dos chelas que tomaría platicando con el dependiente que viene de San Marcos y le gusta masticar chicles de menta para no sentir lo amargo de las chelas que se roba cuando el dueño de la tienda duerme la borrachera entre los sacos de azúcar.

Al llegar al centro, la calle del parque San Sebastián parecía desierta (plano general de la sexta avenida y 3ra calle) pero caminé contento pensando en el concierto y que L me esperaría con una bolsa llena de chelas. (primer plano de mi cuello para ver como trago saliva).

Ya frente al bar en donde se realizaría el concierto había varias personas esperando que llegaran las bandas para saludarlos y quizá tomarse fotos con ellos, algunos llevaban portadas de discos y dividís para que los autografiaran, estaban allí desde el mediodía, yo llegué a las cuatro de la tarde y ya me sentía aburrido. Sentí desolación al ver a estos chavos tan esperanzados en una firma, en una foto y como siempre la nostalgia me apretó las gónadas.

Saludé a algunos camaradas, estiré el cuello para localizar a L, compré unos cigarros, algunas chelas, y las compartí con una pareja de esposos rockeros que no tenían para la entrada, pero estaban allí porque les gustaba “el ambiente previo al toque” (plano medio de la pareja de rockeros contando monedas para el bus).

Por fin llegó L. Lamentamos que no pudiera quedarse al concierto, bebimos chela y nos prometimos que pronto nos juntaríamos a platicar y beber en serio, como Baco manda. L se fue, me dejó una chela y dos promesas.

Magma se adueñó del evento

(Plano secuencia en cámara rápida desde la entrada del bar hasta el escenario)

La agrupación guatemalteca Magma, teloneros del toque. Fotografía de JC

Sobre la tarima para arrancar los motores: Magma, una banda de pura energía y riffs que te incitan al mosh, las letras de esta banda no son casualidad o pose, según Oswaldo, voz líder y guitarra de la banda, son una banda de la zona 18 que no es ajena a la realidad nacional.

En “Dejar de ver”, hay un texto que me gusta y me llama a la acción:

Voluntad de querer cambiar nuestra realidad.

valor, y aniquilar tanta mierda.

decisión para formar una unidad.

comunión, libertad, coraje, humildad,

que no podrán quitar.

y no podemos dejar de ver.

Jairo Escobar, el Manzana en el bajo y Gabriel Cabrera en la batería se rifaron el físico; incendiaron el escenario. Un imbécil al final de una rola gritó el nombre de una de las bandas extranjeras, su grito estúpido fue acallado por los presentes que corearon Magma, Magma, Magma, fue en ese momento cuando anunciaron una rola nueva, “Tierra Explotada” una rola dedicada a la resistencia de la Puya contra la minería. El recinto tronó, el mosh se puso intenso.

Llegó el turno de Luzbel, una antiquísima y legendaria banda de México. Su fundador, el Greñas, vino en esta ocasión para tocar sus viejas rolas, pero también a presentar algunas nuevas, (flashback con imágenes de conciertos de los ochenta y noventa).

Fue la pura nostalgia, el heavy metal de Luzbel está vivo y truena aún, me gustó ver a mara bastante joven entrándol duro al mosh y coreando las rolas viejas. Todo se puso todavía más intenso con “Los hijos del metal”, “Pasaporte al infierno”, “Por piedad” y mi favorita “El Loco”.

Luzbel ha venido a Guatemala en al menos cuatro ocasiones, desde los ochenta, cuando Raquel Blandón organizó toques de rock en la plaza central frente al Palacio Nacional, yo con algunos añitos asistí maravillado a mi primer concierto de rock. Cuando regresé a mi casa ya no era el mismo (primer plano de mi foto en sexto primaria).

Luzbel, toques, metal

El Greñas y Juan Calles. Fotografía de Lalo Landa

Este domingo escuché a Luzbel, igualmente maravillado, pero sintiendo la música de otro modo, viviéndola como un recuerdo, un recuerdo que siempre es nuevo, que siempre me hace sentir cómo ese niño de primaria que se escapó de su casa para ir a ver a las bandas de rock que la primera dama se atrevió a traer en un ya lejanísimo 1989.

“Muere con una cerveza en la mano”

Para esa hora de la noche mi cerebro flotaba en cerveza. Tankard se preparaba para subir al escenario, los alemanes autonombrados reyes de la cerveza, de los festivales masivos en Europa al Rock’ol Vuh. Hicieron un espectáculo divertido y potente, un trash de la vieja escuela que tanto nos gusta. Ya sobre el escenario se dedicaron a dar lo mejor y tocar las rolas más rápidas y violentas, la característica de Tankard es su buen humor y las letras divertidas.

La euforia es total con Tankard sobre el escenario. Fotografía de Jc

Cuando sonó “Die with a beer in your hand”, (muere con una cerveza en la mano) la gente pareció volverse loca y el mosh violento y vital hizo subir una oleada de calor casi insoportable, todos y todas sudaban profusamente, desde el escenario hasta la consola de sonido una oleada de sudores inundaba el pequeño recinto del Rock’ol Vuh.

Fotografía de JC

¿Qué putas querés escuchar?

Andreas Geremia o Gerre (la voz líder de la banda) baila, se ríe, coquetea con las mujeres, lanza besos, escupe, y pregunta a una chava que hacia headbangin: “What do you want fucking to hear?”¿Qué putas querés escuchar? (traducción libre al guatemalteco del autor) y la chava grita ¡METAL TO METAL! en ese mismo segundo empieza a sonar la rola y la gente enloqueció.

Se cierra un círculo

Ya casi para finalizar la presentación de los alemanes y para dejar satisfecho al público metalero tocaron “A girl called cerveza” (una chava llamada cerveza). “The beauty and the beer” (la bella y la chela) sonó también para alegría de los fanáticos. Con la presentación de Tankard se cierra un círculo pues los tres grandes pilares del metal alemán ya estuvieron en tierras guatemaltecas, Sodom, Kreator y ahora Tankard. El fast-trash-punk de Tankard dejó satisfechos a todos y alegró a quienes estuvimos bebiendo y moshando un domingo de mayo por la tarde. (fade to black, music off)

Autor: Juan Calles

Periodista, documentalista, lector de tiempo completo, ha facilitado el taller de narrativa del Centro Histórico. Autor de “Triciclo”, libro de cuentos cortos. Nació en mayo del 73, pero no está seguro de ello.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *