Rebeca Lane: un ave de vuelo intrépido

Una multitudinaria reunión de estrógeno tuvo lugar en el antiguo cine Lux para recibir “Alma mestiza”, el más reciente material discográfico de Rebeca Lane; rapera que representa una grieta profunda en la cultura de los dominadores, hombres: cachurecos y blancos.

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Fotografía de Elí Orozco

Es miércoles 31 de agosto, la lluvia no ha mostrado piedad contra la ciudad del futuro; desde horas de la tarde el colapso se ha hecho presente, a pesar de las irreales proclamas en boca de la burocracia municipal y de sus primates de oro. Me encuentro afuera del antiguo cine Lux, vuelto en tantas ocasiones eje aspiracional de barrio-bohemio europeo de sin fin de fundaciones, como ahora lo es el Centro Cultural de España (CCE). Nos hemos reunido un grupo de disidentes escuchas: Gabriela, Susan, Calu, (ardientes fanáticas), Camilo y yo (comunicadores de baja barranca) se nos ha pegado Petz, el encargado de sala que no vacila –entre humo de contrabando– en conseguirnos nuestros pases de prensa y se incorpora Elí, el fotógrafo encargado de retratar a vivos tornasoles al ave rara de esta noche.

Las chavas no pierden tiempo y suben a buscar los mejores asientos, nosotros nos demoramos, lo que posteriormente nos obligará a colocarnos cerca de la cabina de luces en la parte diestra y elevada del patio de butacas. El público es eminentemente femenino, quizá un 80% de la concurrencia; se han integrado a este vuelo, mujeres de diferentes edades y condición social, incluso mi ilegal preocupación dialéctica me obliga a hacer comparaciones materiales entre formas, estilos y demás barullos que entran por los sentidos. Esto y la simple perspicacia me afirma que las chavas que concurren van desde la estudiante de educación media, pasando por la versátil e imprescindible estudiante universitaria –de la pública y de la privada–, las chavas con sus tradicionales trajes indígenas, las de media rapa en la cabellera, las oficinistas que acaban de sortear el tráfico de esta desvivida ciudad colapsada y ahogada; las parejas heterosexuales, lésbicas y diversas, sensuales y curiosas para mi machito interior, la ruquita, madre e hija y el padre que lleva a sus hijas adolescentes y a su sobrina, sin saber que está a punto de formar parte de una migración, de un aleteo colectivo en un vuelo raudo que está por despegar.

La multitudinaria reunión de estrógeno se ha desplegado para recibir Alma mestiza, el más reciente material discográfico de la pluridisciplinaria artista, conocida en su casa y en patria sancarlista como la socióloga Rebeca Eunice Vargas Tamayac y cuyo nombre sobre la tarima y desde los potentes beats de subversivas letras que rayan en la poesía es Rebeca Lane, nombre artístico que le debe a la filia familiar por los Beatles y que ella haría palpable firmando sus primeras composiciones como Miss Penny Lane. Esta ave intrépida se presenta en un teatro que no ha visto en esta avenida central, nada menos que los dramas históricos de una Guatemala dolida y mujer, reducto que escapa al control cachureco en pleno centro histórico capitalino.

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Fotografía de Elí “El guía” Orozco

Las luces bajan y el público de pronto enmudece, sin más memorándums que  la aparición del DJ encapuchado que empieza animar al público alzando y agitando los brazos. El feminismo como herramienta de combate se contorsiona y se hace una masa indivisible, las chavas alzan las manos y sale a escena la contradicción mestiza, papel que comparte con su tocaya familiar, la militante de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), la camarada poeta Rebeca Eunice Vargas Braghiroli, el sentido de ser y estar en el centro de su propia historia, de su propia lucha y dueña del azar de su propia escena.

Mestiza soy/ contradicción atroz/ voy con cuatro colores del maíz en mi color… ♪ ♫

Rebeca pisa las tablas del escenario como un fuego indiscutible, un huipil azul y una falda larga naranja retratan ese crisol cultural de la mujer centroamericana, sostén de las raíces y la resistencia de muchos pueblos. Su sola voz pujante invita a gritar sus rimas encendidas que son coreadas rápidamente por el grupo de chavas que nos rodean a Camilo y a mí, mientras en primera fila Gabriela, Susan y Calu alzan las palmas y gritan a viva voz las rimas. Es imposible negar un decálogo y un programa de lucha, cuando éstos tutelan todos los sentidos de un eclipse de bramidos y versos que empiezan a contradecir las normas de la escena chapina en particular y el arte guatemalteco en general, ese mismo que en un país donde el papel de las mujeres es continuamente relegado al ostracismo de amante, madre y sostén de la familia tradicional. Alejada sistemáticamente de la vida política, económica y social y que solo hasta hoy bajo estas manifestaciones de combate cultural, se empiezan a liberar espacios concretos y abstractos, territorios, sentidos e ideas.

“Esta canción va dedicada a todos los que ya no está su cuerpo, su lucha es nuestra lucha, es el motor de Guatemala.”

De esta manera presentó Rebeca la canción que más sacudió mi corazón joven que madura combatiendo. Desaparecidxs está consagrada a los que existieron en la lucha por una Guatemala amplia de todos y todas. Las pistas y arreglos de Chesary Marroquín y el arte visual de Paula Morales acompañan desde la retaguardia, los rostros de las y los campesinos perseguidos y asesinados por la bota militar; Rebeca le canta así a los mártires del pueblo fusilado, un día después de que se celebrara el Día Internacional Contra la Desaparición Forzada, aparecen los rostros del secretariado ejecutivo de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) desaparecidos por la democracia tutelada de los milicos (1985-1989), rostros de las y los sindicalistas, de las dirigentes campesinas como Mama Maquín o las militantes que buscaron asaltar el cielo como su propia tía paterna Rebeca Eunice Vargas Braghiroli.

Esta ave intrépida, cuyas alas mestizas tratan de reconocer las contradicciones de un mundo racista y patriarcal, logró emprender un vuelo rebelde; desde los beats que incorporaban la cultura afrocaribeña hasta las letras que demostraban la necesidad de una vocera que relate la lucha cotidiana de las mujeres desfiguradas por la Historia de gomina y corbata. No cabe duda que no es arte aquello que no incomoda y el mohín de repudio de los machos cachurecos demostró que Rebeca Lane trastoca corazones y además destruye a la virilidad o de manera más coloquial: deja los huevos tibios. Más que una falla en el sistema, como aluden sus canciones, Rebeca es una grieta profunda en la cultura de los dominadores, hombres: cachurecos y blancos. Oligarcas feudales incapaces de su fiero y soñado control ideológico, en un viento que no deja de parir cada cierto tiempo aves de este calibre contestatario.

Colaboró en la realización de este texto Gabriela Lemus.

Autor: Joseph Herrera

Joseph Manuel Herrera (Ciudad de Guatemala, 1993-...): El inútil de su familia, mal logrado intento de historiador más no de maestro y rojo Centroamericano interesado en que todo arda.

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