Remembranza maratónica

Fotografía de Fernando Chuy

Salgo de casa luego de repasar durante tres horas las infinitas posibilidades que eventualmente se redujeron al dilema de ir a caminar por las calles del centro capitalino o quedarme en la cama viendo el maratón de Woody Allen en Infinito.

A veces me gusta pensar que soy práctica pero en cada ocasión la circunstancia se las arregla para probarme equivocada, como ahora que decido ponerme unas botas de hule Megapaca (denominación de origen) que hacen que mis calcetas se adhieran a la piel de mis pies. Con una ampolla en el carcañal camino incansablemente y sin rumbo por Sexta Avenida. Me encuentro una que otra cara familiar que dice verme cansada y me pregunta si ando de goma.

Finalmente tras esquivar un par de invitaciones a beber llego a la 16 calle. Los restaurantes chinos me provocan unas ganas sobrenaturales de cerveza; pienso en mi afección urinaria y en vez de la respectiva me decido por un chocobanano. “Hepáticamente inofensivo”, replica mi cerebro. La tendera me ve con curiosidad. Sonrío con ella pero su curiosidad se eleva a desconfianza. Pago con unos billetes casi rotos y sigo mi camino errante. El jugo del banano derritiéndose se escurre en mis dedos y tengo que usar mi sudadero como servilleta.

El sol está comenzando a pegar. Llego eventualmente a una organización gay en donde trabaja mi amigo, entro, uso el ordenador, reviso facebook: un mensaje de mi hermana. Tomo Mirinda en un vaso de duroport y luego fumo marihuana del Parque Central que mi amigo ofrece gentilmente. Luego de hablar mierda sobre gente que tenemos en común mi amigo se despide cordial y sé que es momento de irme para que este proceda a hablar mierda de mí con tranquilidad. Bajo otra vez a la sexta avenida. Las botas parecen una catastrófica decisión ahora.

Saco unas monedas del bolsillo, intento llamar a mi hermana; no hay respuesta. Me siento en una piedra cerca de una tienda que luce una inscripción en la entrada, “Lupita, la bendición”. Mientras descanso mi pie ampollado, un sentimiento de inquietud me invade. Siento una presencia detrás de mí. “Un ladrón” pienso, por instinto. “Un violador”, imagino paranoica. Una mujer pasea un caniche flaco cerca mío. Con ese sentimiento de inquietud paso un rato en la piedra pensando que debí de quedarme viendo el canal 84. Decido caminar y eventualmente bajo hasta el Mercado Central. Grito el nombre de mi amigo a todo pulmón. Él se asoma por la ventana y arroja las llaves.

Subo. La casa está inundada. Hay plumas de zopilote en la cocina, Tomás sale a recibirme con sangre en los bigotes. Las botas revelan entonces su propósito divino.
Paso un par de horas ahí con la excusa de ayudar a limpiar y me embriago con cerveza. Bajo otra vez y descubro que ya está oscuro.

Regreso a casa.

El especial de Woody Allen continúa.

Autor: Edna Sandoval

Edna Sandoval (1990-…) Guatemalteca radicada en Los Ángeles, California. Actualmente se forma en Estudios Latinoamericanos y Ciencias Políticas Globales, en donde ha creado un modelo de formación institucional bilingüe (Español/Inglés). Sirva este espacio como excusa para hablar de las problemáticas históricas y actuales de las sociedades latinoamericanas a través de la filosofía, la política y la historia.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *