Retrato en sepia de los espantapájaros

El olor a amoniaco del urinario invadió mis sentidos. Me fue imposible sonreír al recordar que en el billar “Chimbomba” lo llenaban de aserrín para (supuestamente) evitar que ese hedor se expandiera, o que en el bar “Veracruz”, el método era echar conchas de naranja con el mismo propósito; jueputa, sólo en lugares de mala muerte me meto, pensé.

Volví a la mesa y mi tovarich Darkos dijo: Camarada, lo que escribí es cierto: «soy milpa híbrida boy, pero a veces metafóricamente me corto el mozote»; chocamos las caguamas y dimos un trago de cosacos.

Cuando iba a proseguir con la historia que me contaba de su viaje a La Haya, que interrumpí minutos antes para ir al baño, recibió un mensaje de Nicoboy: Aquel hijueputa fijo está amarrado en cama por la ansiedad nasal, y nuestras carcajadas se filtraron desde el restaurante chino donde estábamos hasta la venta de frutas de enfrente.

Tres caguamas después nos despedimos frente al Arbolito. Darkos me dio la mano y comentó Acá no hay movimientos camarada, en esta milpa lo único que crece es la pose y el hedor. Sonreí y le dije: Cierto camarada, acá lo que hay son clicas literarias, ¡Que se jodan!.

Iba a subir por la avenida Paz Barahona cuando noté que dos tipos me veían cada tres pasos que daban. Recordé que las ratas son neo fóbicas, así que sólo tuve que irme por la avenida Cervantes y evité el asalto.

Al llegar al Pedregal encontré a Alexis “El Torito” en las gradas del campo. Desde que iluminaron la cancha, es el punto de encuentro de los que disfrutan el fútbol y de los que no tienen a dónde carajos ir. Compartíamos un cigarro con Alexis cuando llegó Eric, “El Ñurdo”, visiblemente borracho.

¡René!, cabrón, ¿qué te habías hecho, no jodás?, fue su saludo. Cuando iba a responderle agregó: Maje, ¿Qué querés?: la botella de cuatro octavos o el litro, vos elegí, mirá que hoy yo invito. Y me contó que ganó 600 lempiras en la Diaria con el 17. Fuimos por el litro, dos vasos plásticos de a lempira, un paquete pequeño de Belmont rojo, una Coca-Cola de 1.1 y un jugo de naranja para Alexis porque anda abstemio desde hace un par de meses.

Regresamos a las gradas, en una caseta cercana había seis personas bebiendo y en el estéreo, Son by four yacía a puro dolor. Calculé un doble de guaro y me lo tomé de un trago, pero evitando arrugar la cara porque en El Pedregal eso es sinónimo de debilidad. Me serví otro trago, encendí un cigarro… y entonces las palabras de Darkos encendieron una luz y al fin lo entendí: yo también soy milpa, soy un espantapájaros, pero de este lado la maleza está muy alta y por eso no podía darme cuenta. Sonreí y sentí cierto alivio al descubrir que pertenezco al grupo de los creen no pertenecer a ningún lado. Salud camaradas, ¡Salud!

Autor: René Novoa

(Tegucigalpa, 1976). Escritor, poeta, editor y periodista. Integra la Red Mundial de Escritores en Español (REDES). Sus poemas han sido publicados en la revista chilena Los poetas del 5 y en la revista alemana Portuñol.

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