Ser mujer es un acto revolucionario

Juan José Arévalo dijo “está a punto de comenzar la política feminista de Guatemala, pues  la mujer demostró en 1944 fe democrática, pasión cívica, coraje, y voluntad heroica.” Conocía el poder de la mujer, para ese y en este momento ser mujer sigue siendo una idea revolucionaria.

Hace algunos años, observé a una alumna ocultar una toalla sanitaria de una manera tan sigilosa y después acercarse a mi oído para decirme muy avergonzada que había tenido una “emergencia” mientras que uno de sus compañeros se percataba de aquello y decía “anda regluda”.

No pude resistir más la  situación y al día siguiente llevé algunos paquetes de toallas sanitarias al salón, los abrí y se los pasé a todos los alumnos, les dije que a las mujeres nos sangraba la vagina y no debería de ser un tabú o una forma de avergonzarnos. Ser mujer no debe ser motivo de represión. Después de eso cada vez que hablaba del tema en el salón de catedráticos, se podía sentir la incomodidad de algunos profesores y profesoras, otros solo sacaban una sonrisa nerviosa y me escuchaban. ¿Cuántas de nosotras nos hemos sentido vulneradas, avergonzadas y menospreciadas por nuestro género en nuestros colegios, universidades, lugares de trabajo y familias?

“Sos muy sensible.”

“Es mujer, no  puede manejar.”

“Ha de estar en sus días.”

“Tengo una jefa y no puede con mi hombría.”

“Aprenda, que después ¿qué le va servir a su marido?”

“Esta hormonal.”

“De plano no se la chiman bien.”

“No tiene marido por eso está amargada.”

“Se dedicó a estudiar y no a ser mujer.”

Todas las mujeres hemos escuchado esto una y otra vez, de nuestros conocidos, familiares, compañeros, amigos. Deslegitiman nuestra fuerza, nuestra lucha, nuestras capacidades ante nuestro género. Es por eso que hoy quiero rescatar la historia de una mujer que probablemente todos conozcamos pero la historia siempre iniciaba refiriéndose a ella como “la reina de belleza” o “la novia de un guerrillero”.

Pero en realidad por encima de su belleza, Rogelia Cruz Martínez era más que una reina de belleza y fue más que la novia de un guerrillero. Ella es el ícono  de la fuerza insurgente y firme creyente del empoderamiento femenino en una época donde se necesitaba mucha valentía.

Se le miraba en el patio del instituto Belén con el característico uniforme, en algunas ocasiones haciendo alguna tarea olvidada o llenando el manual pedagógico que se les pedía a las alumnas de magisterio.

Era el año de 1955 y la vida iba a dar un vuelco, además se cumplía un año desde el  derrocamiento de Jacobo Árbenz. Se notaban las primeras señales de inconformidad con el sistema en Rogelia, también fue el año en el que quedaría huérfana junto a sus hermanas gemelas. Como hermana mayor tuvo que convertirse en una mujer aguerrida a temprana edad, por un tiempo vivió con su abuela y también vivió interna en el instituto Belén.

Después de graduarse de maestra inició sus estudios en la Universidad de San Carlos en la Facultad de Arquitectura. Para solventar los gastos de su casa trabajaba en un banco y al mismo tiempo estaba pendiente de sus hermanas.

Tanta desigualdad social que vivía el país en ese entonces, hizo que Rogelia se activara, y viera obsoleta la estúpida parafernalia que rodeaba el certamen Miss Guatemala que había ganado. En 1962 se incorpora a uno de los comités clandestinos que generarían las manifestaciones de Marzo, conocidas como las Jornadas de Marzo y Abril que se erguían en contra del gobierno dictatorial de Ydígoras Fuentes.

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Mural alusivo a Rogelia en la ciudad universitaria, Usac

Rogelia asistió a esa manifestación, estuvo parada ahí exigiendo a todo pulmón sus demandas, también estuvo allí cuando se presentaron los balazos y la represión, cuando los policías golpeaban a los estudiantes, reventándoles el pecho, dándoles patadas en la cara, palazos limpios, escuchó cuando tiraron las bombas de humo y seguramente vio a los estudiantes sin vida tirados en las aceras anegadas en sangre.

Tanta indignación la orilló a unirse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias del PGT; algo se tenía que hacer ante tanta injusticia y dolor. Su casa era centro de reuniones y fue por eso que en 1965 sufrió la primera detención, la acusación fue por por infringir el Decreto número 9, “Ley de defensa de las instituciones democráticas”. La acusaban de atentar contra entidades de gobierno. Sola en la cárcel tuvo tiempo de meditar y conocer gente con diferentes historias, pero al no ser probado el crimen la dejaron ir algunos meses después.

Al año siguiente aún con la fuerte pasión de querer hacer cambiar las cosas, se incorporó a la Juventud Patriótica del Trabajo. Su vida fue sinónimo de lucha y valentía, peleó por sus ideales hasta el fin.

Fue desaparecida en 1967. Su cuerpo fue encontrado en un río bajo un puente de Escuintla. Había sido violada repetidas veces, quemada con cigarro, mutilada, presentaba un edema agudo del pulmón y rastros de un tóxico metálico que pudo haber causado un envenenamiento, en las manos y en los pies tenía marcas de grilletes; todo esto con tres meses de embarazo. Pero esto no causó su muerte, esta fue causada por un trauma cráneo-encefálico.

Por muchos años se le achacó la culpa de su propia tragedia, por guerrillera, subversiva y mujer. Los diarios de la época decían: “Reina de belleza aparece muerta”, pero nunca “Mujer guatemalteca líder estudiantil y activista política es violada, torturada y asesinada, junto a ella cientos de mujeres más por parte de las fuerzas represivas del Estado guatemalteco”.

Ahora veo a tantas mujeres con voz propia, activistas, involucradas en política, que tienen una fuerza que reivindica derechos propios e increpa a la sociedad machista. A pesar de eso la violencia no ha cesado. Recientemente dos cadáveres de mujeres fueron encontrados debajo de un puente. Hace unos días unos soldados le gritaban obscenidades a una mujer que caminaba frente al Palacio Nacional. Hace unas semanas en un ambiente laboral un hombre me explicaba cómo debería hacer mi trabajo a su manera. Hace algunos meses escuchaba a dos hombres seudo progres criticar a una mujer por ser “muy exagerada” y no aceptar los gritos de uno de ellos. Hace 50 años una mujer fue asesinada y no se ha encontrado al culpable.

Ser mujer es un acto revolucionario en esta sociedad, es levantarse cada mañana a luchar contra una sociedad represora, violenta y cínica.

Aún así hoy quiero ser más mujer que nunca. Despertarme mañana y hablar, es una acción reivindicativa.

 

Autor: Maya Juracán

Pretenciosa de nacimiento, Historiadora por profesión, Gestora cultural por necesidad y en bici de Hello Kitty por la zona 1.

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