Si soy feminista ¿aborto?

¿Qué pasaría si hoy me doy cuenta de que estoy embarazada? Como soy feminista, abortaría. Obvio, mi primer pensamiento sería: “Voy a matar a este bebé (risa malévola)”. Tranquilos, no es así.  Pareciera que es lo que muchas personas piensan del feminismo.

Fotografías de Linda Forsell

Desde mi posición de privilegio —como mujer cisgénero, estudiante de una universidad privada, mestiza, de clase media, bilingüe— sabría automáticamente qué hacer ¿no? Pues no. Estoy segura de que ese no sería mi primer pensamiento, lo que pasaría por mi mente, sin ningún orden específico, desordenada y caóticamente sería:

¿Tengo suficiente dinero para ir a una consulta ginecológica hoy?, ¿tengo que dejar de tomar mis antidepresivos porque lastimarían la formación del feto?, ¿cuánto me costaría todo el proceso de embarazo, si decido tenerlo? Me falta un año para terminar la universidad y estoy trabajando, apenas tengo tiempo, ¿cómo voy a alimentar a un bebé?, ¿y si lo doy en adopción?, ¿y si no lo adoptan?, ¿qué van a decir mis papás?, ¿qué pasa si este embarazo pone en riesgo mi salud?, ¿y si me enfermo y no puedo ir a trabajar?, ¿cómo voy a pagar los gastos médicos?, ¿y si me muero en el parto, habrá quién cuide de mi hijo o hija? , ¿con mi pareja queremos tenerlo? , ¿cómo sería tener un bebé con mi pareja?, ¿se  parecerá a mí? , ¿estoy lista?

¿Y si no estoy lista?, ¿me van a molestar mis amistades?, ¿pero si siempre utilizo condón, cómo pasó esto?, ¿y si tomo pastillas abortivas las hormonas van a tener efectos en mí? , ¿en dónde las compro, si son ilegales?, ¿qué pasa si me denuncian? , ¿si aborto, me voy a arrepentir? , ¿y si no, también? ¿a qué edad quiero tener un bebé?, ¿Realmente quiero ser madre hoy o en el futuro?

Si estoy embarazada, no como resultado de estar con mi pareja, sino por una violación sexual, mis preguntas serían un poco diferentes, pero igual de caóticas… ¿Cuánto cuesta el proceso?, ¿a dónde voy?, ¿qué le pasará a mi cuerpo?, ¿será que de verdad no hay riesgos?, ¿qué va a pasar con mi salud mental?, ¿tengo tiempo para el proceso legal?

Imagínense si hubiera quedado embarazada hace unos años, menor de edad, sin estudios universitarios, sin recursos ni contacto con organizaciones feministas…

Este caos de pensamientos lleno de miedo, confusión, culpa, alegría, esperanza. Estos pensamientos no los formulé hoy, los he tenido desde que comencé mi vida sexual. A pesar de mi formación, el miedo siempre está presente. Primero, por falta de conocimiento y, luego, por temor a la sociedad: el ¿qué dirán, qué me va a pasar? y las pocas posibilidades para ejercer mis derechos en este país. Ser feminista no me hace inmune a padecer todos los males sociales que recaen sobre la mujer.

El feminismo me ha enseñado que yo tengo derecho a decidir. Decidir sobre mi cuerpo, mis relaciones sexuales y sentimentales. Mi derecho a la información, educación y salud. Tener derecho a terminar mis metas, que pueda tomar una decisión consciente acerca de tener hijos, con quien yo quiera. Exigir que el Estado garantice que mis derechos se cumplan, y tener recursos en donde buscar información, si no sé qué hacer ni a dónde acudir. Tener preguntas es un proceso reflexivo y no debería ser castigado, sino al contrario, promovido y respetado.

El 22 de febrero, en aguas internacionales cercanas a la costa del Pacífico guatemalteco, llegó el barco holandés de la organización Women on Waves. El barco ofrece servicios gratuitos que incluyen información y suministro de anticonceptivos, pruebas de embarazo, consejería de embarazo no directiva, asesoramiento sobre enfermedades de transmisión sexual y aborto seguro con pastillas.  En menos de 24 horas el Estado guatemalteco publicó un comunicado en el que rechazó este hecho y solicitó el retiro del barco.  Hoy el barco fue retenido por el Ejército de Guatemala, sin ninguna base jurídica.

Posición de Women on Waves.

En los últimos años he trabajado en temas de género y sexualidad, construyéndome y deconstruyéndome.  Hay propuestas en el Congreso esperando años solo para ser revisadas, no digamos aprobadas. Propuestas sobre acoso sexual, violencia obstétrica, identidad de género, entre otras.  ¿Y este barco en menos de 24 horas recibió atención inmediata y de emergencia por parte del Estado guatemalteco?  ¿Qué pasa con todas las reformas pendientes, con los embarazados en adolescentes, la trata de personas, los femicidios, los actos de transfobia y homofobia, la violencia diaria, la corrupción y los múltiples etcéteras que se refieren a problemas que están presentes en la cotidianidad del país?

Mi acercamiento al feminismo me ha permitido centrar mis trabajos, ensayos, activismo y demás en un enfoque más allá de la dicotomía hombre-mujer.  Me niego a ver el género en esa dicotomía biológica que nos categoriza. Hasta la fecha sigo sin entender por qué cuando me presento como feminista lo primero que me preguntan es mi opinión sobre el aborto: “¿Y qué pensás sobre el aborto?”

Las discusiones sobre sexualidad y género que llegan al público en general siempre se centran en el aborto. Parte del proceso de deconstrucción y educación sexual recae en poder hablar más allá del aborto.  Los medios de comunicación resaltan las luchas de los feminismos solo cuando se habla del aborto.

Debemos ver y entender que el feminismo plantea problemas que van más allá del aborto; los diversos feminismos que abordan las mujeres de color, discapacidad, violencia, autonomía, deconstrucción social del género, transfobia, homofobia y más. Y claro, derechos sexuales y reproductivos. El Estado solo invierte recursos cuando se habla sobre el aborto, y no para proporcionar abortos seguros, para negarlos, vetando la garantía y derechos de las mujeres en el país.  No necesitamos que se movilicen recursos para detener barcos, necesitamos recursos para educación sexual integral en todo el país.

Necesitamos recursos para revisar y aprobar leyes que garanticen los derechos de las mujeres indígenas, las mujeres afrodescendientes, mujeres mestizas, mujeres migrantes, las mujeres trans, las mujeres con discapacidad, las niñas, las adolescentes, las mujeres de la tercera edad. Necesitamos recursos invertidos en mejoras para todos los ciudadanos.

Hablemos de moralidad*

 

  • En Guatemala se registran 22 violaciones sexuales al día.
  • La mayoría de mujeres guatemaltecas sufren acoso callejero desde los 9 años.
  • En el 2016 se realizaron 5 mil 915 evaluaciones medicas por abuso sexual, a niñas entre 3 y 17 años.
  • Se registran 107 mil nacimientos de madres entre 10 y 19 años.
  • En el 2015 se registraron 8,293 casos de agresiones sexuales.
  • De 651 casos de muertes maternas al menos 62 eran por un aborto mal practicado.
  • En el período de un año se registran 22 casos de recién nacidos abandonados.
  • Por cada 1,000 nacimientos se registran 44 muertes de niños, la mayoría por falta de atención médica o desnutrición.
  • En el 2015 la iglesia católica suspendió a 7 curas acusados de abuso sexual y en los últimos años están registrados más de 10 casos de pastores evangélicos acusados por el mismo crimen.

 

Pero a los Pro Vida no les inconforma eso… A ellos les inconforma un barco que busca la autonomía de las mujeres, su salud reproductiva y seguridad sexual. *Texto de Maya Juracan

 

Autor: Alessia Gonzales

1994. Guatemalteca. Feminista queer. Antropóloga en formación, en constante proceso de confusión y reflexión. Expreso mis emociones en emojis de aliens, unicornios y dulces.

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