Si volvemos a ver la luz

Fotografía de El Miljos

Ya habíamos decidido irnos mucho antes de perderlo todo, lo único que necesitábamos era comer bien y, en ocasiones, poder dormir en paz.

Pasados quince minutos de las siete de la mañana mi papá llegaba a la cafetería donde conoció a mi madre. Lo único que sabía de ella era que se llamaba Ana por un gafete que portaba al lado de su corazón; una vez me dijo: Lo que me encantó, fue su cuerpo, la verdad no me interesaba mucho cómo pensaba, solo quería estar con ella. Mi madre también dijo en alguna ocasión que Luis (mi papá) era un bruto y que era la persona más desagradable del mundo, pero con una belleza irresistible, en sus palabras: era indescriptible lo que yo sentía cuando lo miraba,  era ver un mango maduro y estar uno con hambre.

A don José lo conocí por Wilfredo en el comedor de doña Marta, ahí me lo presentaron y me dijeron que él me podía ayudar, que el señor llevaba ya rato en el negocio y que no era un timador.

Cuando nací, mi padre desapareció. Lo volví a ver muchos años después cuando yo ya trabajaba y se aparecía ocasional y casualmente justo después de recibir mi quincena. Conversábamos sobre mi madre y de fútbol; la última vez que lo vi, me dijo que necesitaba dinero, que si le podía prestar cien quetzales.

Karlita llegó a este mundo cuando yo tenía cuatro años. La segunda oportunidad que se dio mi mamá en el amor también le quedó mal y se marchó. El vivir aquí se hizo muy difícil con el pasar del tiempo, ya el quetzal no alcanza para nada.

Mi mamá siempre nos decía que el dolor ajeno sólo lo comprende quien lo ha sufrido, y con la felicidad ajena pasaba lo mismo. A ella le gustaba hacerle segunda a Víctor Jara, Max Cavalera y Aniceto Molina, era una persona feliz, murió hace dos días y Karlita me dijo que pegó el último suspiro escuchando “Hasta que te conocí”.

Ahora vamos a probar suerte, ya pagamos el viaje de los dos, vamos muy contentos, yo ya casi me las puedo con el inglés y mi hermana es buena para aprender. Don José dice que máximo diez días nos hacemos y que el viaje es seguro, espero poder escribir cuando lleguemos a la gasolinera y nos abran el furgón…

Autor: Javier Herrera

(Guatemala, 1987) Camino por ahí observando hacía todos lados, menos mi camino, por eso me pierdo.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *