Sincretismo: la norma general resultante del pasado colonial

Respuesta al artículo de Sandra Xinico Derechos de autor y propiedad colectiva: una batalla por la identidad

Pese a que Sandra Xinico es mi amiga desde tiempos difíciles de recordar, debo decir que su última nota de opinión, una reivindicación sobre los trajes indígenas y su valor cultural, tiene un punto débil fundamental que es necesario verificar, o rectificar, no con tal de decir que Sandy se equivocó (lo cual es absurdo y no se hace), sino por el hecho de tener mayores argumentos que sirvan para la construcción de una sociedad que privilegie las verdades científicas y no los rumores sin verificación alguna como formas de conocimiento (que es básicamente lo que sucede cuando un sector hegemónico en una sociedad intenta homogeneizar el conocimiento, no por medio de la crítica, sino por la imposición falaz o la llamada violencia epistémica).

Los trajes de los pueblos mayas (eso de “indígenas”, es, de hecho, un invento eurocéntrico… ¿o acaso los europeos no son indígenas de Europa?), ciertamente conservan elementos culturales ancestrales, y decir que son una imposición de la Colonia es una forma racista de demeritar a la cultura prehispánica; pero eso no implica que tales trajes no sean resultado de un sincretismo cultural ocasionado por la historia de la invasión española en América.

No puedo decir hasta qué punto fueron una imposición de control social colonial (habrá especialistas en el tema que tengan datos arqueológicos e históricos exactos), pero es evidente que los trajes mayas prehispánicos no eran exactamente como los actuales, lo cual evidencia un cambio cualitativo que solo fue posible gracias a un proceso de colonización de 500 años.

Un ejemplo conspicuo de las imposiciones coloniales en la vestimenta de los actuales pueblos de origen prehispánico, son los sombreros que usan algunas mujeres de algunos pueblos andinos. Estos sombreros han pasado a formar parte de los llamados trajes típicos de estos pueblos, pero sería absurdo y ridículo suponer que son de origen netamente prehispánico, porque, de hecho, todo lo contrario: no existían esos sombreros antes del contacto ultramarino.

Con tal de aproximarnos lo más posible a la verdad, hay que decir que el sincretismo es la norma general resultante del pasado colonial, no solo de Guatemala, sino del continente. A lo que se refiere Xinico, y tiene razón, es que el cuento de la imposición española demerita los elementos culturales no solo prehispánicos, sino de los actuales pueblos que siguen siendo mayoría en Guatemala. Como el lugar común, francamente estúpido, de que hubo un esplendor maya imponente, genial, antiquísimo, y que los actuales pueblos son residuos y parias de esa cultura, solo utilizables como mano de obra barata, confeccionistas de artesanías y suvenires turísticos.

Por mi parte diré que qué importa si los actuales trajes mayas son un resultado sincrético del horripilante pasado colonial. Lo importante es la apropiación que los pueblos han hecho de esa tradición como una forma de resistencia, un verdadero triunfo digno de admirar por los guatemaltecos esquizoides, presentistas de pura cepa, que reniegan del pasado prehispánico, de la historia, y, en general, del uso del cerebro como instrumento para resolver problemas cotidianos (¡no se diga resolver contradicciones de carácter identitario!).

Pero lejos de caer en esencialismos, hay que derruir también el mito del pasado utópico prehispánico, tradición de los académicos oenegeros y oportunistas, a quienes no les importa esclarecer el pasado, ni dar puntos de vista objetivos, sino precisamente todo lo contrario.

Como es bien sabido por quienes hemos estudiado historia, los pueblos mesoamericanos también eran clasistas, su forma económico-social  o modo de producción se asemeja más al despotismo tributario o modo de producción asiático, que al comunismo primitivo… Eran frecuentes las guerras entre los distintos pueblos, y nunca dudaron en esclavizar a los vencidos. Es resumen, no necesitaron conocer a los españoles para conocer la desigualdad, la monarquía, la esclavitud, el pillaje, la aristocracia, la teocracia… el Estado pues.

Los esencialismos ya han hecho suficiente daño a la humanidad. Basta recordar cómo el sionismo nace de una especie de mistificación de los orígenes de los judíos europeos, justificada por la carencia de autoestima de esta comunidad, ocasionada por los ataques xenófobos de los antisemitas europeos, y que ahora el sionismo es una corriente política que decanta en el exterminio de otro pueblo de origen semítico, el palestino, con base en una justificación tan absurda como el derecho divino de la ocupación de Jerusalén. En ese orden de ideas, la historia sionista no se diferencia en nada del origen del nazismo: el clima sociocultural de la República de Weimar, la Alemania derrotada, el autoestima por los suelos… caldo de cultivo para los hítleres que promulgaban la superioridad de los arios (pobre Hitler pensando en sus fantasmales arios…) y su reclamo de espacio territorial en Europa y un nuevo reparto de la periferia del planeta.

Yo sé que Sandra Xinico no es oenegera ni imitadora de oenegeros; escribió su opinión con base en una reivindicación, no solo justa, sino también necesaria. Solo quería dar estos aportes conceptuales en honor a mi responsabilidad periodística en este medio, Barrancópolis, y a la necesidad de construir pensamiento crítico en este trágico país semimedieval.

Destacada

Fotografía de Fernando Chuy

Autor: Camilo Villatoro

(1991-…) Escritor de ficciones y sátiras, esteta, nápiro y humorista iconoclasta. Nacido en México pero de identidad guatemalteca. Según un primo borracho que lo quiere mucho, “la persona guatemalteca más inteligente de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros” —cosa no muy difícil de lograr. Pese a esta espectacular ventaja evolutiva, su intelecto es inversamente proporcional a su modestia; el único problema es hacerlo creíble.

Comparte esto en

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *