Su santidad, el atol blanco

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Fotografías de Lozano

Por Juan Calles

Espera como atrincherado en la olla que humea, mientras mis pasos se dirigen engomados a ese rincón del mercado San Martín, diviso de lejos la sonrisa cómplice de Tania, que también estará sobreviviendo la resaca, yo lo sé, ella lo sabe. De lejos me sonríe y empieza a servirme el hirviente brebaje nutritivo y sanador.

SONY DSCGranos de frijol, pepita, chile, sal y limón combinación perfecta y exacta que segundos después estará incinerando mi lengua y garganta, el esófago lo recibe agradecido y mi estómago se relaja con el calorcito que me enerva hasta las conexiones nerviosas de la médula espinal.

La resaca recula, se disipa cucharada a cucharada, el brebaje espeso me cura, me devuelve a la vida, y puedo respirar en paz, la presión arterial recobra su nivel normal, en mi caso solo un poco arriba de lo normal, soy hipertenso, lo que nunca le he dicho al cardiólogo es que las píldoras que me recetó son muy caras y no las puedo comprar; así que mi reguladora ha sido Tania en el mercado San Martín y su brebaje mágico.

Mientras lo bebo,  observo a la señora que está a mi lado, sopla y mueve su atol para entibiarlo, está tan concentrada que no se entera de mi abusiva invasión a su privacidad, ella seguramente no sufre la terrible goma que yo sufro pero igual disfruta de su atol blanco; zambulle la cuchara, procura atrapar algunos frijoles; antes de engullirlo vuelve a soplar, al fin lo lleva a su boca, cierra los ojos, respira profundo, va por otra cucharada, esta vez sin soplarla, se quema la lengua, extiende su brazo y le suplica a Tania, “más chile por favor mija” por fin me ve, observa las gruesas gotas de sudor en mi frente y me dice “está jodida la cruda va mijo”  yo solo atino a jalar mocos y reírle.

SONY DSCEl funcionamiento de esa lógica alimenticia es simple; el maíz, las semillas molidas de girasol, el picante y el limón te hidratan, te energizan, el hígado trabaja lento y seguro, el alcohol que circula por tu cuerpo se evapora, se extingue. No hay magia, hay química en esto. El cuerpo lo agradece, se siente satisfecho, está listo para la rutina, está listo para esperar la noche y el descanso.

En la escudilla de barro ya solo queda un charquito gris y palpitante; mi ánimo ha cambiado de patibular a jubiloso y satisfecho; la cruda ya no me molesta, pienso en las verduras que debo comprar para el almuerzo, el calor que derrite el asfalto, en el brassiere de la señora que vende jugos de naranja, en el niño que vende cebollas, en el olor de la pescadería, los gritos de los vendedores. No puedo evitar pensar en poesía cuando pienso en atol blanco, tan intensa y nutritiva es la poesía como el atol blanco, poesía de maíz convertido en  masa, para sanarme, para continuar el día, para respirar profundo y libre.

Tania se despide con la mano en alto y mirada cómplice, sabe que la siguiente semana vendré otra vez por mi dosis.

Autor: Barrancopolis

Medio digital de arte, cultura y entretenimiento.

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