Lengua, trompa, cachete, ¿de qué va a querer sus tacos?

Lo que viene siendo lo que es el picadillo de culantro, eso sí no se lo manejamos, joven…

Imagine usted un oasis en medio del desierto, imagine sentir un apetito inconmensurable, imagine que tiene a la mano los mejores tacos de la ciudad y lo único que tiene que hacer es alargar la mano, sazonarlos con salsas rojas, verdes, cebolla morada picada, cilantro y chile. Imagine los olores de la carne cocinándose y una olla de frijoles charros a pleno hervor.

La semana pasada me di a la tarea de visitar cuatro de las taquerías más recomendadas en la ciudad de Guatemala y sus alrededores. Consulté a los mejores comelones conocidos, casi todos coincidieron. Confiando en sus famas de buenos colmillos y tomando en cuenta sus barrigas prominentes, tracé la ruta de esa noche. Esta no pretende ser una lista definitiva.

 

Punto de reunión: “El Jardín de los Conejos”, Ciudad San Cristóbal, justo en el centro comercial de ese boulevard que se esfuerza por imitar lo peor de las ciudades. En medio de esa mole gris existe un parqueo terroso a cielo abierto, al fondo de ese predio preparan tacos, gringas y quesadillas para hordas de comensales hambrientos.

El ambiente es familiar, los niños corren de un lado a otro, las madres regañando y los padres fingiendo demencia, demasiado ocupados en masticar y tragar, en fin, ambiente familiar.

Un vasito anti ecológico repleto de frijoles charros te recibe, una cortesía para abrir el apetito, los frijoles son gratis los miércoles y los jueves, son deliciosos, se extraña un poco de consistencia espesa y grasosa, pero el sabor compensa. Como tengo la mala costumbre de ser puntual llegué antes que mis camaradas, así que me pedí una quesadilla “pa probar”; no me arrepentí, pequeña de proporción pero grande en sabor, utilizan buen queso y la tortilla frita en su punto. La bajé con una horchata que realmente decepcionó.

En ese momento se asoma Elí que cámara en mano sugiere empezar a tomar fotos, el ímpetu fotográfico se le va de las manos, arma el trípode para las luces y comienza a medir la luz para capturar mejor las imágenes de la comilona. Al rato se asoma Salazar, quien es ya popular en el local y saluda a varias personas antes de acercarse y preguntar sin asomo de vergüenza “¿será que van a aguantar muchá?” Ante tal reto sólo atinamos a responder: “Usté pida que la casa pierde” y así empieza nuestro viaje gastronómico.

Fotografía de Elí Orozco

En el Jardín de los Conejos, las gringas y las quesadillas se llevan el sitial de honor. Buen sabor, buena consistencia, buen tamaño para el precio, el paladar agradecido y el bolsillo feliz. Los tacos al pastor son muy buenos, pero convencionales, nada especial. Este lugar existe desde 1996 y ha desarrollado un estilo particular. Sabor mexicano con un toque guatemalteco que hace una ideal conexión.

Una gringa y un taco al pastor del Jardín de los Conejos. Fotografía de Elí Orozco

Las noches de borrachera o de encuentros hedonistas con amantes furtivos o legales necesariamente terminan en hambre. En más de alguna ocasión he visto parejas que con cara de recién drogados se acercan a recobrar fuerzas en la taquería de la Roosevelt o carros repletos de adolescentes borrachos que se estacionan para bajonear y convocar la resaca. Esta taquería ilumina la ebria madrugada desde hace más de 16 años.

Fotografía de Elí Orozco

Fotografía de Elí Orozco

Su especialidad, los tacos de lengua, servidos con queso mozzarella y un buen trozo de lengua de vaca no muy sazonada. Simple y efectivo, un taco de lengua y estás listo para continuar la jornada y no dormirte en el intento. Los embutidos que utilizan son reales, no son de paquete industrializado, buen chorizo y longaniza. En realidad no se esfuerzan demasiado, es comida para borrachos y recién fornicados, los taqueros son importados de la región q’anjob’al de Huehuetenango y afirman dedicarse a los tacos desde hace una década. Así, con la pericia que te dan diez años de hacer tacos, te preparan rápida y eficientemente tacos de sencilla factura.

Siguiente parada, el centro de la ciudad; cayó una llovizna helada y leve que le dio a la noche un ambiente solitario y desolado, así encontramos la caseta del Takito Pérez, una avenida solitaria y silenciosa, las luces de la carreta alumbraban el asfalto mojado, y nada más.

Mario mientras prepara unos tacos de adobado. Fotografía de Elí Orozco

La popularidad del Takito Pérez no es vana, buen servicio y buen sabor, la variedad de las salsas se complementa con una a base de pimientos fragante y deliciosa, en este punto me detengo para afirmar que las salsas pueden marcar la diferencia entre una buena taquería y una taquería promedio, un ingrediente más, un ingrediente novedoso y todo cambia, todo puede volverse un viaje al centro del paladar. La salsa de pimiento de Takito Pérez, marca distancias.

La lengua es sazonada mientras está en la plancha. Fotografía de Elí Orozco

Así se ven unos tacos de lengua en Takito Pérez. Fotografía de Elí Orozco

Sin embargo, la siguiente parada se lleva los honores.

Por el periférico, al filo de la media noche y con tacos y gringas haciendo peristalsis en nuestras tripas, el carro parecía ir más despacio de lo normal, pero en diez minutos estaba parqueándose frente a una inmensa carreta de tacos, sobre la avenida que del Naranjo te lleva a Bosques de San Nicolás; una humareda y un inmenso volcán de carne de cerdo nos recibió, parecía una bienvenida adecuada.

El muchacho taquero de Bosques capturado en plena faena. Fotografía de Elí Orozco

La variedad en los tacos de Bosques me sorprendió agradablemente, birria, cachete, lengua, tripa, trompa, cochinita pibil, adobado, entre otras muchas y si su gusto es más exótico que exigente, los fines de semana encuentra tacos de ubre y de ojos. No hay excusa, aquí hay para todos los gustos.

Una gringa de birria se nos sirvió cortesía de la casa en los Tacos de Bosques. Fotografía de Elí Orozco

Un sabor muy mexicano en estos tacos bien servidos, abundantes y sabrosos, todas las carnes sin excepción resultaron perfectamente condimentadas y deliciosas. Para cerrar con broche de oro, unas gringas de birria llegaron a mostrar su tostado cuerpo, sólo para que pruebe, dijo el dueño que feliz me explicó la elaboración de sus manjares.

Ya la noche estaba terminando, le dí un último sorbo a la chela que acompañó la birria y me despedí satisfecho.

Quizá no sean las mejores taquerías de la ciudad, quizá tuve la oportunidad de dar en el blanco y probar los mejores tacos, pero mientras lo averiguo voy pensando en la próxima ruta hacia la obesidad, ¿tortas, pizzas, shucos? En la calle hay comida exquisita, frene un momento, bájese del carro, camine, pruebe, imagine, platique con su taquero favorito, la charla oportuna y divertida siempre hará buena digestión.

 

Autor: Juan Calles

Periodista, documentalista, lector de tiempo completo, ha facilitado el taller de narrativa del Centro Histórico. Autor de “Triciclo”, libro de cuentos cortos. Nació en mayo del 73, pero no está seguro de ello.

Comparte esto en

2 Comments

  1. Gracias por tu descripción, me mueve la curiosidad de tacos por Bosques al final me guiaste en tu recorrido y te acompañe a cada punto, gracias Juan Calles.

    Post a Reply
  2. Todos se antojan. Para la próxima entrada de tacos hay que incluir los Tacos de Doña Canche en zona 5

    Post a Reply

Danos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *