Titiritlán, la fiesta de los títeres

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Este año se realiza la novena edición del Festival Internacional de Títeres “Titiritlán”, el cual he tenido la dicha de observar en primera fila desde el 2011 con espectáculos de Guatemala, Cuba, Argentina, Italia, Costa Rica, Bolivia, y Ecuador, entre otros. Es en ese mismo caminar teatral que también pude participar en el festival con una obra titulada Caucasum, el mejor guerrero del mundo, una creación colectiva de la Asociación Artistas Trabajando. Participando allí me di cuenta de la hospitalidad del festival y del alcance que tiene para un público de todas las edades  ampliamente diverso.

Es importante resaltar uno de los aspectos que posee este festival y considero de los más importantes: la convivencia humana. El mundo titiritero se caracteriza por tertulias que uno no quisiera que terminaran nunca, conversaciones y actividades que crean lazos de hermandad y tejen redes de artistas para tener donde caer cuando viajés a otros países, todo alrededor de una mesa o en un patio allá en esa casita cerca del lago en Panajachel. Esa casita donde se gestiona y se hace realidad este festival, la casa de Chúmbala Cachúmbala, el colectivo que le dio origen a esta aventura.

En este viaje-aventura conocí a Paolo y Teca y desde entonces no ha pasado un solo año desde el 2011 que no nos veamos para las funciones o para los talleres del festival, personalmente recibí uno de dramaturgia de títeres de unos compañeros de Ecuador. Paolo Ilorio, titiritero de Chúmbala Cachúmbala compartió conmigo en una entrevista diversos temas en relación al festival…

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¿Cómo surge Chúmbala Cachúmbala?

Nace después de varios años de cambio de integrantes, de nombres, de lugares. Antes de surgir pasó varias etapas, en la cuales siempre era presente un único factor: Carolina Cifuentes (Teca) que siempre intentó formalizarse en el arte de los títeres. Íbamos a mercados, a los hospitales. En las comunidades el trabajo se dividía en dos: quienes anunciaban la función y quienes arreglaban el retablo y a los títeres. Y justo a la hora de la presentación llegaban los niños bien bañaditos y peinaditos. Eran las primeras experiencias. A uno de los títeres se le caía el pantalón durante la presentación, y las doñitas se tapaban los ojos y los patojos se reían. En el 2005 se juntan los fundadores de Chúmbala Cachúmbala, un nombre nacido de la necesidad de algo más chapín con el CH. Así que pidiendo ayuda a todos, uno de los familiares tiró el nombre que de una fue bien aceptado.

¿Cómo nace la idea del primer titiritlan?

 En Guatemala hubo un gran movimiento de títeres antes del conflicto interno, así que la idea fue rescatar todo eso y demostrar que había más grupos nacionales que hacían de muñequeros. Se presentaron 6 grupos en esa primera edición, de ellos hay quienes ya no trabajan y otros que siguen activos. De ahí empezamos a pensar que el Titiritlán también podía funcionar como un momento de formación para los artistas locales.

¿Cómo ves la evolución del festival?

La línea no es tan lineal, va para arriba, para abajo, de un lado al otro, avanza regresa. Todos los años han sido algo nuevo, enriquecedor, con el tiempo hemos aprendido a abrir las puertas para que el Titiritlán sea referencia en toda Centroamérica, y así es,  muchos titiriteros lo ven y lo viven como la única escuela profesional a nivel internacional. De hecho a los talleres han venido compañeros de El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa rica y México.

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¿En materia de gestión, como ha sido la sostenibilidad del festival?

Como en muchas actividades “reales” el apoyo económico por parte de instituciones o del Estado es nulo.  Muchos nos dicen que hay que saberse vender, bueno nosotros hemos decidido mantener nuestros principios y promocionarnos de una forma correcta, no hablando con el cuate del cuate del cuate, sino promocionando nuestro trabajo real y si lo aceptan bien, y si no, buscamos otras formas.

Siempre hemos conseguido los objetivos buscando soluciones, creando situaciones favorables. Un ejemplo mismo es el Titiritlán, estamos a las puertas de la novena edición y no contamos con ningún presupuesto (al contrario de lo que piensan muchos), el Titiritlán se sostiene con las taquillas, las ventas directas en escuela, el taller internacional que ha ayudado a darle un gran nivel al festival.

Esto nos permite cobrar lo justo y luego sobre todo alianzas, intercambios para la gestión. Estos últimos nos ayudan a bajar los gastos fijos prácticamente a cero. Y esto vale más que cualquier presupuesto.  Y encima nos gusta decir que si se valora al artista, se le paga por su trabajo, se le trata bien, se lo lleva a pasear trabajando. Se debe tratar bien al artista, aunque para nosotros es algo normal, hay que mencionar que muchos festivales tanto aquí como en otros lados no valoran al artista de la misma forma y se mantiene el mismo circulito de “amistades”.

titiritlan (2)Fotografía cortesía de Chúmbala Cachúmbala, compañía de teatro.

 

¿Cuál es el aporte del teatro de títeres a la sociedad/ comunidad desde tu experiencia?

El teatro de títeres, el teatro en general, tiene un rol importante en la sociedad como formador de público, de conciencia y de pasión, que no puede desaparecer. Sin la esperanza, los mundos imaginarios y todas las sensaciones que transmite no podríamos imaginar un mundo. No un mundo mejor que siempre esperamos, si no el mundo en sí. Porque los títeres son un mundo.

 

¿Que nos podés decir sobre el Noveno Festival de Titeres Titiritlán?

Que más decir, invitarlos a ver los espectáculos de este año.  Van a participar grupos de Argentina, Italia, Colombia, México y Guatemala, con espectáculos de calidad artística y humana. Recordando que sin ustedes, sin el público los títeres no estarían presentes. Así que a ver títeres y apoyar este festival,  porque el Titiritlán es el festival de todos y todas. Pueden revisar la agenda en el blog del festival http://titiritlan.blogspot.com.

 

Los artistas del titiritlán ya se encuentran en Ciudad de Guatemala.

 

 

 

 

 

Autor: Jorge Baq

Se dice que hace, experimenta, aprende y comparte teatro, también hace gestión cultural, ahora anda en bici por la ciudad.

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