Pagar publicidad para combatir el dolor

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (titulada “Tres anuncios por un crimen” en Latinoamérica) recibió 7 nominaciones para los Premios Oscar 2018.

Una madre ha perdido a su hija, la violaron y la quemaron hasta la muerte. Frustrada ante la falta de avances en el caso, decide pagar publicidad en tres vallas que se caen a pedazos en las afueras de un lugar ficticio llamado Ebbing, Missuri. Tres rótulos estratégicamente bien pensados, letras negras sobre fondo rojo y mensajes cortos. Tres anuncios por un crimen.

  1. ¿Cómo es posible, jefe Willoughby?
  2. ¿Y todavía no hay arrestos?
  3. Violada mientras moría

Mildred Hayes es la madre, una muy inteligente pateadora de culos que sabe cómo imponer respeto, genialmente interpretada por Frances McDormand. Hay que verla enfrentar a un cura y echarle en cara los vandalismos de su “pandilla” para que nos quede claro su carácter. Los letreros van dirigidos hacia Bill Willoughby (el buen Woody Harrelson), jefe de la policía. A partir de aquí uno podría esperarse una trama basada en el clásico “buenos contra malos”, pero nada está más alejado de la realidad. Quizá sea esto lo que más me ha gustado de la película, no se trata de quiénes son los buenos y quiénes son los malos, el filme nos permite recorrer escenarios que otras películas más simples no se permitirían ese lujo nunca, tiene una infinidad de matices y las reacciones son complejas, exactamente igual que en la vida real. Esto la convierte en una película muy humana.

La película ganó además 4 Globos de Oro (Mejor película, mejor actriz, mejor actor de reparto y el más engasado guion))

El jefe Willoughby no es la basura que uno esperaría. Más bien es un tipo querido y respetado, por lo que las vallas provocan un malestar en la población, pues el jefe está enfermo y a todos les parece que las acciones de Mildred son irrespetuosas e injustas, a pesar de que entienden su frustración. Y pues sí, el jefe es un buen tipo, un buen padre de familia al que en verdad le importa el caso, pero no tiene pruebas que le indiquen un camino. Es un buen jefe, les tiene mucho aprecio a los policías que tiene a cargo, incluso a los más imbéciles; él entiende sus contextos y ve potencial donde otros no veríamos un carajo. También está consciente de los problemas de sus policías: Si te deshaces de todos los policías con una vaga tendencia racista, entonces te quedarán sólo tres y todos los demás odiarán a los gays.

Y ahí, entre sus hombres, está el tipo que se roba el show, el policía Jason Dixon, interpretado magistralmente por Sam Rockwell. Un tipo de mierda que utiliza su autoridad para golpear negros; es alcohólico, tonto y vive con su madre, que además lo manipula. Al igual que todos sus compañeros, Dixon le tiene mucho aprecio al jefe, así que está indignadísimo con Mildred y se lo va a demostrar. Pero la trama le tiene guardado un viaje de redención perfectamente acoplado a su estilo, su camino va de personaje vulgar y desagradable a personaje desagradable con un halo de ternura, lo que Martin McDonagh (director de la cinta) consigue con el desarrollo de este personaje, es crear en el espectador una empatía inexplicable a simple vista, que merece una revisión personal y que es la cúspide de ese juego de matices que es la vida misma.

El final, ambiguo o no, no decepciona. A mí me pareció perfecto para la película, de hecho me encantan esos finales donde uno se queda pensando en que en algún lugar todo continuará, pero ya no es indispensable saberlo, porque lo indispensable ya lo sabemos. Un efecto que solo se consigue si la historia está bien narrada y este, claramente, es el caso.

 

Autor: Jiménez Suchité

Camino por la vida creyendo que el cine y la literatura me han salvado de la muerte. Quizá sea cierto, pero lo más seguro es que sea solo romanticismo. Dejé de preguntar por quién doblan las campanas, ahora sé que es por mí. Rechazo y resisto, no conozco otra forma de vivir.

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