Un buen flan baila toda la noche

 

Fotografías de Fernando Chuy Kwan

Las bandas nacionales han sido, sin duda alguna, parte importante de nuestras juventudes. Se trata de músicos que han sabido innovar y que además logran marcar época. En este transcurrir, muchas me han llamado la atención. Hay noches en donde les que grito que soy  su flan…

Días antes de que llegue el fin de semana, empiezo a ver en mi carelibro eventos de toda índole, desde liberar tortugas, aprender yoga, comprar y vender de libros, hasta toques donde la mara encuentra un momento de perdición… ustedes saben a qué me refiero. Buscando encontré uno que se llamaba Chiri Sargento Escaldado, el nombre llamativo me invitó a darle clic y ver qué onda. Cuando voy cayendo en cuenta que se trataba de unas de mis bandas, quizás no favoritas pero que sí de las que me prenden un montón cuando lo necesito —lo digo para no caer en la mamonería a la que ustedes están ya acostumbrados –.

Los SKD2 organizaron el toque e invitaron a que los acompañaran directamente desde Jutiapa, los Sargento Pimienta. El lugar: un bar algo caquero de zona de 10, ese que empieza con Chiri y termina con bisco. La última vez que vi a esos muchachos fue por allá de octubre del año pasado, así que me entraron ganas de verlos nuevamente.

Tipo martes o miércoles habíamos decidimos con unos amigos  preparar un churrasco, beber un poco y hablar de cualquier cosa, como es usual en la casa de Melenas, la cual se ha convertido en la guarida predilecta de algunos miembros de este medio de comunicación alternativa. Entre tanto, para ponernos de acuerdo en qué llevar para preparar nuestros sagrados alimentos, se mencionó que había un toque ese día y que sería bueno ir después, la conversación siguió entre las palabras carne, chela y chile. Se toca nuevamente el tema del concierto y después de una ardua discusión sobre comida llegamos al consenso y decidimos asistir; esas dos bandas juntas en vivo…¡Uff!

Llegó el sábado. Caímos a la casa de Melenas cada quien con lo que tenía que llevar. Yo llevé remedio para la tos (un pulmón de quetzalteca) y cervezas. Los muchachos hicieron la comida mientras yo me concentraba en curar esa tos inexistente que me cargaba. Después del sustancioso almuerzo a eso de las 4 de la tarde decidimos descansar un poco el cuerpo para lo que se venía en la noche, porque eso de bailar ska y rock n’ roll es para sacarse el “jugo”.

Llegamos al bar y aquellos se dirigieron directo a la carreta de Takito Pérez —los tacos se miraban apetecibles y olían rico— mientras yo me iba a sentar a la barra a ver cómo estaba el ambiente, si la mara estaba prendida o no. ¡Eran las 20:00 horas ya y no había señales aún de que el toque fuera a comenzar! La gente todavía no llegaba y el inicio estaba agendado para esa hora.

En la barra, con mi cóctel en mano — ¡Aza!—, un chico me habla y pregunta si me había llegado la banda que había tocado sólo una canción, eran los Sargento en prueba de sonido. Le digo que sí, que me gusta la banda, él dice que el ambiente estaba un cacho apagado, y en efecto, las personas seguían sin aparecer y los pocos que habían caído sólo estaban en sus mesas viéndose las caras, contemplando un litro de cerveza y nada más. Salí a darme una vuelta por dónde los tacos, le dije a mis amigos que entraran porque no tardaba en comenzar el danzón.

A las 22:00 empiezan a prenderla los Sargento Pimienta, la gente que aún estaba llegando se extraña con el ritmo de los muchachos, pues su música ahora se considera “oldie”, sin embargo aquellos tienen un toque bien pegón. Yo inmediatamente y como no podría ser de otra manera, me pongo a bailar — no podía desaprovechar tan buena música—. Había buen sonido y mi estado etílico lo sabía, canciones como Diablo, Cynthiana y Seguiré fueron las más bailadas, aunque sin duda la mayoría estábamos esperando Luna.

En medio de cada canción no podía evitar ver a mi alrededor y ver que nadie bailaba, sólo Salazar y yo (sí, vamos casi a todos los toques juntos), no podía creerlo si había buena música, el ambiente estaba alegre y había alcohol, no tan barato como quisiéramos pero había. No sé si será por guardar apariencias o que de verdad nunca habían escuchado a esta banda antes; la audiencia era diversa: algunos rucotrones, juventudes veinteañeras, adolescentes, etc.

Así como si nada llegó el momento para que los SKAD2 subieran al escenario. Si hubiese un punto en contra, sería este: no había tanto espacio para las bandas y tampoco para los que íbamos a bailar, los muchachos se las arreglaron para tocar, no hubo incidente alguno por el reducido espacio pero creo que si se hubiesen quitado las mesitas, tal vez el ambiente habría sido otro con más espacio para saltar, bailar y movernos, así como se merece un buen ska.

Fotografía de Fernando Chuy Kwan

Con los SKD2 los asistentes se animaron más a bailar, empezaron a corear las canciones y a gritar, creo que era la banda que la mayoría estaba esperando. El calorcito comenzó a subir, y los pasitos estilo Chavo del 8 se apoderaron del lugar. Canciones como Todos mis amigos trabajan en call centers, En mis Huesos y Ya Sho fueron las mejor acompañadas por el público, al que para ese momento el lugar ya se le había hecho reducidísimo.

El cansancio no me había pegado aún, seguía tan prendida como al inicio pero se me ocurre ver mi teléfono para ver la hora: veo algunas llamadas perdidas y mensajes de “¿Por qué no me contestás?”. Ya casi era medianoche y desconectarme del celular para disfrutar y bailar de buena música había valido la pena cada segundo.

Pero bueno muchachos “Todo tiene su final, nada dura para siempre”, este toque tenía que acabar, ambas bandas agradecieron a las personas que asistieron, pero creo que no hay mejor agradecimiento que las buenas interpretaciones de las canciones que más nos gustan. Varios nos quedamos para ver si nos salían con alguna sorpresa y tocaban otra de sus rolas, pero no fue así.

La mayoría se quedó para seguir bebiendo, yo me quedé un rato más para socializar con los muchachos y contarnos acerca de las complicadas vidas que llevamos, como la buena flans que soy. Mis amigos se fueron pues tenían cosas por hacer al día siguiente, entonces entra una llamada a mi teléfono para informarme que ya habían llegado por mí, me despedí de todos y les felicité por el toque, al momento de salir, mi metabolismo al mil no dejó que mi vestido poco cubierto me hiciera darme cuenta del frío característico de la ciudad, en el camino no podía dejar pensar que el pelo tan largo complica un poco que me pueda mover al ritmo del rock n’ roll, pero va, ahí la dejo mejor mientras sigo pensando si me lo corto o no.

 

Autor: Ivonne Monterroso

Ivonne Monterroso. (Guatemala 1994 - ...) Morena de ojos grandes, melómana, "tía cosa" por las noches, cantante de ducha, inquieta por naturaleza, astral nebulosa, soñadora y amante de todo.

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