Un fin de semana épico

“Ix”, óleo sobre lienzo de Álvaro Tzaj

No es fácil ser un Salazar Ochoa. Uno va rebotando por la vida ganando enemistades gratuitas y de la nada. No es que uno sea monedita de oro o una mansa paloma, sin embargo, a la mara le encanta sobredimensionar los mitos. Las situaciones a veces se alebrestan y hasta se quieren poner salsas y turbias; pero uno siempre debe encontrar la manera serena de escapar de los laberintos con los que se topa en el camino.

 

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Dejando las lágrimas a un lado, voy a intentar describir la experiencia que viví en la más reciente edición del Festival de Arte de los Pueblos Originarios Ruk’u’x

(Esta intensa experiencia quizá solo pueda equiparase con el concierto de Bronco en Jutiapa o el de Los Tigres del Norte en el Galerón de Majadas).

Todo comenzó cuando me invadieron unas desesperadas ganas de escapar de la “Ciudad del Futuro” y toda su podredumbre. El Festival en cuestión era el pretexto ideal para darle nuevos aires frescos a mi negra melena. No obstante, cometí un pequeño descuido al invitar a un ilustre fotógrafo venido a menos para que me acompañara en tan intensa aventura.

Lastimosamente en el mejor mes para volar barrilete, mi preciosa ranfla se averió y una noche antes de emprender el viaje, el mercenario encargado de las fotos “me dejó vendido” argumentando que no podía arriesgar su integridad física y su equipo fotográfico en las turbulentas y peligrosísimas camionetas que conectan la suidad con la región occidental del país.

Decepciones atrás, me levanté temprano ese sábado todavía con el mal sabor de boca que me dejó la lica inaugural del Festival Ícaro 2017. (No entiendo cómo teniendo el recurso humano, el equipo, el respaldo del gobierno y una buena cantidad de morlacos, estos cineastas se atreven a presentar mamarrachadas de ese calibre y todavía haya personajes incautos que les aplaudan su mediocridad y hasta les rindan pleitesía. Es triste, pero es cierto.

Culebras aparte; el viaje desde mi madriguera en ciudad San Cristóbal fue en dos pestañazos, tres buses y treinta quetzales menos en mi billetera después: aparecí campante-radiante en el parque de Sololá. La mañana estaba hermosa como para agarrar una buena furia, pero a huevos que ni en sueños iba a “pecar” de esa manera porque yo allí estaba trabajando.

Me convencí de estar en lugar ideal ese fin de semana épico. Conocí mara valiosa que no se anda con tantas mamadas y que saben cómo se hacen las chivas honestamente y sin condiciones. Una festividad eminentemente dotada del sabor que solo los pueblos originarios de América le pueden imprimir, con almas viajeras traídas desde Chile, Perú, la hermana República de Livingston entre muchas otras que para qué les cuento.

Lo correspondiente fue acreditarme e ir de una a echar el almuerzo. Las actividades estaban a punto de arrancar y los chicuelos de la logística estaban dando los últimos retoques y también las tradicionales pruebas de sonido que todo concierto que se precie de tener buen nivel le debe apostar.

Nabey Qij (primer día)

Fotografía Rukux

A eso de las 15:00 horas empezó la primera jornada del festival con unas palabras de bienvenida acompañadas inmediatamente por la Danza de las Tijeras, un baile tradicional peruano ejecutado a la perfección por unos músicos ya veteranos y un par de patojas llenas de energía que me hicieron recordar a los chavitos que bailan break frente al San Sebastián.

Antes de que el reloj marcara las 5 de la tarde, conocí a una poderosa banda que ubica su centro de operaciones en el occidente del país. MAIX es una colección de músicos energéticos que juntos saben hacer vibrar audiencias más allá del frío. Se trata de un conjunto mestizo que interpreta rap, reggae y música de protesta. Busquen su música, les aseguro que se van a llevar una grata sorpresa.

Fotografía de Rukux

Un festival de verdad es aquél que no te está vendiendo nada sino más bien te da a conocer la oferta cultural que tus hermanos están creando. En un festival real, te vas a perder algunas actividades y vas a tener que decidir a dónde vas, qué mirás y qué no.

Cuando casi nos envolvía la noche, los organizadores presentaron el espacio audiovisual. Allí desfilaron distintos géneros en donde la presencia femenina era sobresaliente. Fui allí cuando caí en cuenta que la fiesta la estaban dedicando a las mujeres y lo que ellas representan en la cosmovisión maya y en los pueblos originarios de América. Vimos cortometrajes de Mayul, Cleida Cholotío, Colectivo Cine en la Calle y Rolanda García)

La fiesta permitía darse ciertos descansos, pero yo como periodista debía mantenerme alerta para no perderme lo esencial, que al final de cuentas era todo así que no me afané por estar en todas partes. Llegó el momento de relajarme, estirar las piernas y caminar al kiosco del parque a refrescar el oído con un cachorro de poesía.

Los platos fuertes de esa primera noche estaban por llegar así que para meterla cuadrada decidí ir a cenar temprano. Terminando el último bocado estaba cuando sobre el escenario principal Sara Curruchich hizo su aparición. Se nota de lejos que la patoja la prende y tiene buena porra. El público le respondió y la banda que la acompaña no defraudó.

Fotografía de Rukux

Los cabecillas del programa decidieron para cerrar la noche poner a bailar a todo el mundo (o al menos a los que se quedaron en el parque hasta tarde) un poco de buena cumbia. VOZALI, una banda donde las protagonistas son las mujeres sorprendieron a muchos que no las conocíamos. Cantan dos que tres y se mueven igual, quizá lo que hace falta es que se pongan a trabajar en su propia música y dejar de cantar versiones de La Sonora. Al respetable no le importó que el repertorio de las chicas estuviera saturado de versiones y movieron las nalgas que fue gusto. Llegó la hora de dormir y como pude me las arreglé para encontrar donde quedarme, buena onda los gestores del evento por los refrigerios y el hospedaje.

Fotografía de Rukux

Rukan Qij (segundo día)

Me levanté temprano, no llevaba nada conmigo más que mis auriculares, el teléfono y la ropa que llevaba puesta. Eso no importó y me eché una ducha para refrescar el templo. Fui a desayunar y me dirigí en cuanto pude al Parque de Sololá (dormimos todos en Panajachel). Al nomás aterrizar y descender del autobús, caminé hacia la presentación de un libro, pero los poetas encargados de la actividad se la pusieron buena y no había modo que llegaran.

Fotografía de Rukux

Los talleres para niños estaban por comenzar. Fui testigo de la magia; a los niños se les ilumina algo por dentro cada vez que aprenden algo nuevo, y qué mejor que un poco de pintura y escultura. Las pinturas expuestas pertenecían a Ixmucane Saloj, Sucely Puluc, Carol Noj, Berta Chirix, Hilda Estrada y el colectivo Jovenarte.

Me metí al taller de foto para aprender más de algo y antes de, me puse a ver detenidamente las imágenes que tenían en exhibición. Fotografías de Heidy Cabrera, Victoria Colaj, Cat Monzón, Mardoqueo Matías y Ajpu Curruchiche.

Fotografía de Salazar Ochoa

Así se hace un festival dije de nuevo para mis adentros, pintura, escultura, poesía, cine, música, teatro, etcétera; juntos y en diferentes espacios. La danza Garífuna estuvo en todo y acaparó la atención de la mayoría, mientras en el kiosco del parque la poesía de Ixmucane Us, Negma Coy, Norma Chamalé, Julio Cúmez, Pedro Chavajay, Marvin García y la pareja Catafixia hacían de las suyas.

Fotografía de Rukux

El teatro fue una de las expresiones que más y mejor acaparó la atención de la concurrencia. Delia Cúmez y Cecilia Porras cautivaron en la oscuridad con su propuesta experimental, mientras el grupo de Moloj Waix expuso sobre la mesa y sin distinción de edad la violencia sexual sufrida por miles de mujeres impunemente. Grandes y pequeñuelos se llevaron consigo un mensaje profundo sobre lo aterrador que puede resultar un acto de violencia. Inmediatamente después el grupo chileno de teatro de Sandra Huenupan nos llevó a conocer otro mundo cosmogónico a través de unas marionetas y en medio de la oscuridad.

Fotografía de Rukux

Llegado a este momento de la tarde comprendí lo valioso de hacer alianzas y conocer personas de otras latitudes. Chimaltenango, Huehuetenango, Santiago de Chile, Quiché, qué sé yo, estábamos allí juntos para encontrarnos y ver qué se puede hacer. Tumbando fronteras mentales y físicas.

La jornada se apagaba lentamente mientras la agradable música de Chumilkaj nos abrazaba los oídos. El cansancio empezaba a querer pasar factura. Qué mejor que un espacio audiovisual para relajar el cuerpo. Katia Lara expuso su documental sobre la activista medioambiental hondureña asesinada Berta Cáceres (“Berta vive”)

Ya bien entrada la noche llegó el turno de terminar la fiesta como se debe. El grupo ecuatoriano Yanandy hizo que los fuertes vientos y el frío no se sintieran. Aunque ninguno de los allí presentes conocíamos sus canciones, nuestra respuesta hacía parecer como si los conociéramos de antes.

No queda más que decir felicidades a los que cada año se encargan de meterse en esa aventura de armar un festival. Les quedó de lujo y aunque no me vuelvan a invitar nunca, de que llego, llego.

 

 

Título de la pieza: “Jun Winaq”. Técnica óleo sobre lienzo. Autor: Álvaro Tzaj

 

Autor: Jonathan Salazar

(Guatemala 1985 - … ) Salazar es un pan de dios que solo le pide a la vida una ranfla con un equipo de sonido potente para navegar por la ciudad, el diario con noticias exaltantes y una dosis respetable de ultraviolencia en los canales de televisión que sintoniza. Famoso por las animadversiones ganadas en los lugares que visita, es ampliamente difundida la historia apócrifa de la patada dirigida a las gónadas de uno de sus profesores universitarios que le costaría una semana en una carceleta calurosa de un municipio fronterizo de Nicaragua.

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