Una cumpleañera rebelde y explosiva

Aaaaaaah mi querida USAC… te conocí en persona cuando tenías apenas 307 añitos. Poseías unos grandes jardines y te habías dibujado unas pintas revolucionarias que hablaban de tu espíritu de lucha, se veía a la juventud inspirada por ti, eran pueblo, abrazaban a Guatemala.

Fotografía de Carlos Cano/Prensa Comunitaria

Años después te vi en la televisión cuando sacabas a patadas a los policías que querían robarte el alma, corrían despavoridos para meterse en un bus azul que también les ibas a voltear… Meses después tuvieron que entrar las tropas del ejército mientras dormías, querían anularte, matarte. Quemaron lo que pudieron pero no tenían idea de que el pensamiento es algo inconmensurable, que se mueve muchísimo más allá de los libros y las aulas, vive en los corazones, en el tiempo, en la memoria. Y así, regresaste con más fuerza, eras tremenda, peligrosa y explosiva. Les urgía matarte, pero te les ibas siempre…

Hasta que un día, cuando se acabó la guerra, ni bien venías de celebrar en el parque central, ya te esperaban varios consultores internacionales. Te sentaron en un gran salón y te dijeron que calmaras tus ánimos, que te acreditaras y te transformaras a las “competencias”, que eras muy “ortodoxa” que dejaras de lado el pensamiento trasnochado. Ahí mismo les sacaste la madre y les dijiste que no creías nada de lo que te decían, hiciste oídos sordos. Pero, continuaron, insistían, y empezaron a moverse por otros lados. Te diste cuenta que de tus amigas, las universidades privadas ya ninguna te hablaba, te rechazaban. Pero por otro lado, el pueblo y la gente con más necesidad ahora más que antes te amaba.

En esas andabas cuando se unieron algunos de tus antiguos archienemigos (Militares, Clérigos y Oligarcas) y junto a un montón de hijos tuyos (que al igual que Caín eran traidores) decidieron bajo engaños aplicarte la inyección letal. Te dijeron que el líquido que te infiltrarían era para actualizarte, pero antes te dieron un somnífero para que no reaccionaras. Ya dormida te amarraron con unos cinchos de cuero en una camilla vieja, te metieron una gran aguja en la vena del brazo izquierdo. Y así, vaciaron un galón de veneno. El químico entró a tu cuerpo, empezaste a convulsionar y sacaste el aire de tus pulmones. Nomás terminaron el encargo, llamaron para avisar que todo estaba consumado.

Inmediatamente montaron una campaña publicitaria para convencer a todo mundo que se había dado lo que esperaban: “el fin de la historia” decían, y muchos felices se reunían en tus jardines y en tus aulas a leer al intelectual gringo que dijo semejante sandez. Y mientras, iban cantando a pagar por estudios de maestría y doctorado para aprender lo que nunca vieron en la licenciatura. Y por ahí a otros se les ocurrió acabar con el plan de prestaciones.

Y seguía tu cuerpo reposando en la vieja camilla, en teoría estabas muerta, ni siquiera te enterraron, esperaban que te pudrieras, hasta se les olvidó que estabas ahí.

Casi diez años después, en medio de la noche, empezó a temblar. El recinto de alta seguridad en el que te tenían capturada, se agrietó de tanto movimiento, en las ventanas se veían unas luces de ultratumba… Hasta que de pronto apareció, acompañada de un musicón engasado de estudiantina, una vieja amiga.

Compañera de miles de batallas, bastante flaca pero no por no comer sino porque así es su cuerpo, la Santa Chabela. Te puso la mano huesuda en la cabeza y dijo “despertá mija” y vos reviviste, rejuvenecida, como si tuvieras 15 años. De un tirón rompiste las correas que te ataban a la camilla, estabas algo mareada de tanto año de estar acostada, pero la Chabelita te abrazó y levantó, te pasó un cepillo y echó un poco de rubor, estabas pálida. Después, te tomó de la mano para llevarte a un gran ventanal, asomaste la carita y sonreíste de la alegría, ahí estábamos todas y todos tus hijos con mariachis, marimba, disco, luces artificiales, cohetes, volcancitos y estrellitas para cantarte las mañanitas chapinas…Vos volteaste a ver a la Chabela y le preguntaste “¿qué pasó?” te dijo “si te contara te volvés a morir, solo te digo que hay que arreglar todo desde el principio”…y dijiste: “mextraña, entrémosle”.

 

¡¡¡¡FELIZ 341 AÑOS!!!!! QUERIDA USAC

Autor: Pablo Rangel

(Ciudad de Guatemala, 1975). Su infancia y adolescencia fueron cercanas al gnosticismo, esoterismo y magia. Desde 1997 se formó en las Ciencias Sociales en la USAC, Noruega y FLACSO. Se dedica a la docencia y escribe desde análisis políticos hasta pequeñas historias de terror y medicina natural.

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