¡Vamos donde las putas!

Fotografía cortesía de Nómada

Escuchás “¡Vamos donde las putas!” y se te despiertan todo tipo de emociones. En lo que a mí respecta, nunca he sido un aficionado de esos rincones oscuros; (antes) porque ir significaba la cercanía del final de la fiesta y ahora por un posicionamiento político y existencial.

Aclaro, he ido cantidad de veces a diversos puteros, lo reconozco sin ningún tipo de remordimiento ni culpa pues no creo en esos conceptos. Ir a los burdeles no siempre significa ir a pagar por sexo o a tocar a alguna chica. Muchas veces es la parada necia tras una noche de mucho guaro y una ciudad con ley seca donde de paso, dependiendo el lugar, se puede conseguir “una suave” que nos dé un levantón de los buenos.

Cabe mencionar que en los prostíbulos de esta urbe uno se puede encontrar desde futbolistas de “la prestigiosa” Liga  Nacional, éticos presentadores de televisión hasta escritores “reconocidos a nivel internacional” que le piden a uno favor de guardar discreción respecto a “la coincidencia del encuentro”.

Como bien se sabe hay diversidad de lugares de este tipo que responden al poder económico y visión empresarial de sus respectivos dueños. Están desde las “casas cerradas” más austeras, hasta las barras shows tipo película ochentera gringa.

Las edades de las chicas que trabajan allí varían de sobremanera. En ese hábitat, ha sido el perfil del macho clasemediero el que más me ha llamado la atención, debe ser porque provengo de allí, evidentemente. Y es que  dicho “ente” camina con un aire de grandeza como pocas veces lo hace afuera.

El macho clasemediero casi siempre llega “un tanto” borracho por lo que encuentra “el valor” de ver a los ojos a las mujeres que se pasean por el lugar. Su tarjeta de crédito es prácticamente la que se la pone dura; es una especie de Viagra, su Sildenafil. Podría decirse que la soltura con la que logra hablar y manosear a las chicas que allí trabajan, es efecto del machismo del que inconscientemente es víctima.

La inversión fetichista de la que hablaba aquel genial cabezón alemán se da en su máxima expresión en dichos recintos: Estoy hablándote de la cosificación de la mujer y la personificación de los objetos, pues “la ranfla” en la que llegamos al lugar es de suma importancia (más que los seres humanos que allí trabajan) mientras el Dios dinero hará posible alcanzar el placer poseyendo ese cuerpo cosificado.

No se trata de purismos de ningún tipo. Es evidente lo difícil que resulta para un animal –confundido e inquieto– de calle resistirse a los efímeros y equívocos placeres que dislocan los sentidos en los submundos de esta ciudad. ¿Cómo no perderse en la noche entre sustancias, música, juegos carnales y carcajadas para puerilmente intentar alejarse de aquello que nos atormenta en un contexto como este?

Y es que si la prostitución fuese únicamente un tema de elección personal no habría problema y hasta podría/puede circunscribirse como contraposición a la moral burguesa. Pero el refugio de nuestras inseguridades tiene un perfume especial. Ser partícipes indirectos de redes vinculadas al tráfico de personas (aunque hay excepciones en ese medio y son otra historia) y demás vejámenes que allí suceden quizá sea un precio que pagaremos muy alto. Quitarse la resaca es suficiente para algunos mientras todo lo podrido que han reproducido sigue germinando.

¿Qué hacer con lo que han hecho de nosotros? NO hay justificación alguna para no cuestionarse las propias prácticas. El discurso heteronormativo y patriarcal debe ser superado. No se trata de una apología a la corrección política, se trata de no ser unos inconscientes de mierda y de lograr trascendernos a nosotros mismos a través de una autorregulación ética donde nos demos cuenta que el verdadero placer y gozo no pueden ir de la mano de ningún injusto e indirecto contrato ni de una cínica explotación.

El macho que llevamos dentro y que ha sido alimentado desde hace siglos, muere un poco cada vez que escucha esa mediocre y jactanciosa frase de ¡Vamos donde las putas!, cuando nos sonreímos y no la reconocemos como una opción.

Fotografía de Lalo Landa

Autor: Sergio E Castañeda

Nacido en la ciudad de Guatemala por eso del año 1988. Estudiante de Historia fascinado por la exploración e indagación de distintos escenarios y rincones de la existencia. Consciente de que hay que expulsar letras que logren provocar, incomodar o estimular. Vamos a barranquear, pues, para ver qué hay en esas profundidades desconocidas… ¿ah y queso?

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