Viajando por la Latinoamérica profunda III

Viviendo en una camioneta

Viajes, playas. Latinoamérica.

Johanna y Semuc corren en una playa de Baja California, México. Fotografía de Aidan Ávila

Antes de empezar esta gran odisea habíamos contemplado diferentes maneras de viajar: en moto, en autobús, en bici, o pidiendo cola (jalón o “ride” como dicen en diferentes países). Gran parte de nuestro objetivo es poder quedarnos por tiempos largos en un solo sitio para poder compartir con comunidades lejanas de las ciudades grandes.

Por lo tanto, la idea de la camioneta nos agradó bastante porque allí resolvíamos el asunto del hospedaje. Y claro, ¿quién no ha soñado con viajar en una combi? Para este proyecto lamentablemente no pudimos usar la famosa combi, pero para lo que estamos haciendo nuestra Terra es la mejor.

Como todo en la vida, vivir en una pequeña casita rodante tiene sus ventajas y sus desventajas. Les compartimos nuestras experiencias cotidianas viviendo en un espacio muy pequeño.

Latinoamérica, viajes.

Johanna mientras conduce en una carretera de Baja California, México. Fotografía de Aidan Ávila

Vivir sencillamente

En un espacio tan reducido te das cuenta de lo poco que necesitas para estar bien. Muchas veces nos preguntan qué tenemos guardado en la camioneta, y la realidad es que muy pocas cosas personales. Principalmente tenemos agua (potable y no potable), comida, libros (nuestra debilidad), algunas mudadas de ropa, zapatos y muchas cobijas. Aún así sentimos que tenemos demasiado y que se nos acumulan mucho las cosas porque se van sumando a medida que viajamos.

No existe espacio propio

En todo momento estamos los tres; Aidan, Johanna y Semuc juntos inevitablemente. Tanto así, que Semuc llora si no nos ve, aunque si lo dejamos solo en la camioneta se queda tranquilo. Cocinamos, dormimos, nos cambiamos, manejamos y hacemos todo en el mismo espacio. Afortunadamente, Semuc ha sido extremadamente educado desde el primer día que lo adoptamos, nunca ha hecho sus necesidades dentro del vehículo, lo cual es un gran alivio porque fue una de las razones principales que nos hacían dudar para tener un perro durante el viaje.

 

Te sientes en una cápsula.

Podemos estar estacionados en cualquier lugar, una playa, un taller mecánico, una plaza, un estacionamiento, pero cuando entramos a la camioneta nos sentimos en casa.  A veces digo que vivimos en una cuevita, sobre todo cuando ya es de noche y estamos tratando de pasar desapercibidos estacionados en la calle, no encendemos todas las luces y dejamos las cortinas bien puestas, y allí adentro tenemos todo lo que necesitamos (comida, cocina, cama, perrito, etc.). Saliendo de la camioneta nos sentimos de regreso a la sociedad ­‘normal’. Creo que algunas personas nos ven y a veces sienten lástima por nosotros o piensan que estamos viviendo mal, pero nos sentimos felices y cómodos en nuestra Terra viajando por Latinoamérica.

Paisaje desde casa. Fotografía de Johanna Shorack

 

La camioneta se ensucia rápidamente

Realmente creo que es imposible tener una casa rodante en el estado perfecto que uno ve en las redes sociales; porque vives dentro de ella. Hay mucho tránsito entrando y saliendo, fácilmente entra mucho polvo y suciedad de la calle. Además al buscar una sola cosa tienes que sacar un montón de otras e inevitablemente estas desordenando frecuentemente. Estamos constantemente tratando de mantenerla limpia y ordenada.

 

Hay que acostumbrarse a no bañarse todos los días

Eso sí, cuando nos bañamos lo disfrutamos mucho más porque sabemos que no es tan fácil de conseguir un lugar adecuado. Por suerte muchas veces hemos podido estacionarnos en lugares donde nos han prestado una ducha gracias a Couchsurfing, amigos del camino o como último recurso alquilamos una ducha en un hostal. Sin embargo, cuando filtramos aceite vegetal para la camioneta o hace demasiado calor extrañamos poder acostarnos bien limpiecitos.

Aidan alista la camioneta para poder seguir la ruta del viaje. Fotografía de Johanna Shorack

Todos los días nos golpeamos la cabeza en algo

Tenemos un techo que se levanta cuando estamos estacionados lo cual nos permite estar de pie adentro de la camioneta. Esta adaptación se la hicieron en Tijuana con un techo viejo de una combi y nos ha permitido estar  más cómodos, sin embargo, solo es una parte del techo y por ende nos damos golpes en los muebles a cada rato sin querer, aunque ya mucho menos que antes, ya que cuando empezamos el viaje nos golpeábamos en la cabeza aproximadamente 5 veces al día.

 

Problemas mecánicos

A veces (y en nuestro caso varias veces) necesitamos pausar nuestro andar diario para resolver asuntos mecánicos, cosa que puede tomar un día o en el peor de los casos hasta una semana o más. Esos días consisten en dormir y pasar todo el día en un taller mecánico, porque ¿A dónde más vamos a ir sin nuestra casa? Lo bueno es que nos hemos hecho siempre amigos de los mecánicos y seguimos aprendiendo a trabajar la paciencia.

 

Nos sentimos muy libres

Todo en la vida tiene sus limitaciones y vivir en un vehículo también. Sin embargo, nos encanta poder despertarnos en la mañana, encender el motor y rodar. Los paisajes, las personas, y las experiencias que nos ha regalado esta forma de vivir nos hacen olvidar los detallitos incómodos de vivir así. Sabemos que no cualquiera se anima a vivir un tiempo prolongado de esta manera, pero si eres de las personas que sueñan con eso o lo has hecho, estarás de acuerdo con nosotros en que que no hay nada mejor.

Continuará…

 

Autor: Johanna y Aidan

Somos una pareja multicultural, integrada por Aidan Ávila (médico guatemalteco) y Johanna Shorack, amante de la naturaleza estadounidense criada en Venezuela; viajamos en nuestra camioneta ecológica que utiliza aceite vegetal como combustible en compañía de Semuc, un perro que adoptamos en México.

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