Visiones del Metro

Metro

El metro de México debe transportar a una de las ciudades más pobladas del mundo. Fotografías apropiadas de internet.

Una serie de anécdotas jodidas de usuarios de metros latinoamericanos

Latinoamérica es rica y basta, pero hay cosas que nos unen, una de ellas es el idioma español, aunque cada país y región le da al idioma su propia sazón. Otra muy particular es el uso de transporte público, invitamos a tres latinoamericanos ubicados en distintos puntos geográficos del continente a narrar sus experiencias dentro del metro de su país. Te invitamos a leer y disfrutar los distintos sabores textuales de nuestro continente.

 

Dos boletos de metro

MÉXICO, D.F., 01SEPTIEMBRE2012.- El Sistema de Transporte Colectivo Metro, abrio de forma gratuita sus puertas a la distintas estaciones de la linea 12 del metro para que la gente realizara los recorridos de familiarización. La construccion del metro se preve sea terminada ante de finalizar el año y fin de gobierno de Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno Capitalino. FOTO: ENRIQUE ORDÓÑEZ /CUARTOSCURO.COM

Línea 12 del metro de Ciudad de México Fotografía Enrique Ordóñez/cuartoscuro.com

El Metro de la Ciudad de México soporta más de seis millones de pasajeros diarios en una ciudad ahogada por la polución.

Por Juan Luís García

Uno

Son las 7 y media de la mañana, y si bien hace 15 minutos no había ni un solo transeúnte en la estación Isabel la Católica, ahora es posible ver como en el metro que recién abre sus puertas apenas cabe un alfiler.

Es la hora de los godinez y basta una señal, como la morra que sale a trompicones, para que cinco cabrones irrumpan en el vagón presionando sus cuerpos contra la masa humana.

Los viajes se hacen por respiros. Cada cinco minutos la línea rosa se detiene rumbo a Observatorio. Una vez dentro, la mayoría desiste de agarrarse de los tubos. La masa es una, inerme a las fuerzas G y esperan como ganado llegar a la estación Insurgentes y Sevilla.

Pero hay quienes, creyentes de necesitar agarrarse de algo, buscan auxilio en las agarraderas.

-Oye, wey, no seas malito, baja el brazo – dice un Godín a otro muy cagado que lleva unos chicharos verdes que descargan heavy metall y se encuentra de espaldas.

Quizá son los chicharos, intuye el resto. Ojalá sean los chicharos, piensa la masa que mira expectante.

-Oye, wey, qué bajes el brazo, pendejo – insiste con ahínco el Godín número uno, con rostro más que furioso, sudado, porque la góndola es un pinche sauna. Sobre todo cuando se usa corbata y saco. Y se somete el cuerpo al contacto térmico de otros godínes que también portan corbata y saco.

El aludido por fin se entera.

-Si quieres ir cómodo pide un pinche taxi, ¡cabrón! – la discusión se acaba. El viaje también.

Dos

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Son las 7:00 AM en la estación Pantitlán. Una madrezota del tamaño de un aeropuerto que junta las líneas amarilla, café y rosa.

La banda abarrota el andén. No sólo porque están ávidos de formar parte de los cinco millones 200 mil personas que se suben al metro. Y de esta forma, quienes estén en la estación Isabel la Católica a las 7:30 puedan ver sus cuerpos contra el vidrio. Si no, porque este año la Ciudad de México alcanzó su máximo estado de contaminación tras 14 años.

Así es, se logró lo que parecía imposible, y hoy esta madre estalla. La brillante solución de Mancera: “poner gratis el transporte público” hace que hoy la estación Pantitlán sea una maravilla.

Pero eso no es lo que ha puesto a esta gente a mentar madres y rechiflas. Mancera se las pela. Es otra cosa, algo que hará que lleguen a la chamba 15 ó 20 minutos más tarde.

-Parece que hubo uno- cuchichean dos entre la muchedumbre.  – era un obrero- se alcanza a escuchar que chismean.

Mil 500 personas que abordarán el próximo tren esperan por “uno” que ya no esperará nunca más.

 

Lo arrecho de usar el Metro de Caracas

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En un ambiente desesperanzador, con una guerra económica jodiendo, el calor insoportable y un uso promedio de casi 4 millones de pasajeros diarios este metro se acerca al infierno.

Por Noretys Castillo

Bajo en la estación Ruíz Pineda, en las gradas me doy cuenta que tras de mí están asaltando a alguien, aunque quisiera ayudar y me siento mal por no poder hacer nada sigo mi camino para no ponerme en riesgo, al terminar de bajar las gradas veo una botella de vidrio quebrada con rastros de sangre.

De golpe veo a una mujer tratando de calmar a su hija pequeña que sangra de la pierna, los paramédicos llegan a darle primeros auxilios. Todo esto en menos de tres minutos y aún me falta mucho por recorrer hacía la parroquia del valle.

No sé porque siempre en Ruíz Pineda en las tardes ponen música romántica. La gente no habla en el metro, menos en estos días por lo caro que esta todo y la inseguridad, además no hay nada que comprar en ningún lado, pero de bola que aún te siguen empujando hasta que el vagón se llena hasta su máxima capacidad.

Las personas se duermen, o hacen como que duermen para no dar el puesto a mujeres embarazadas o a personas de la tercera edad. Siempre está al orden del día a la hora de hablar de inseguridad; la señora más vieja que parece ama de casa, tiene cara e culpable y echa la pendeja puede pintar de ladrona para abrirte el bolso y quitarle la cartera a cualquiera.

 

caracas

Y cuidaó si hay pelea cuando vas a entrar a algún vagón porque cualquier peo se puede prender a la hora de abordar el metro  y te puedes pagar por el más guevón. Dígame sí te paraste tarde por trabajar y estudiar a la vez y no te dio chance de afeitarte en tu casa, siempre puedes ver el más paltozado viéndose en el vidrio de la puerta del metro acomodándose la barba, además las chicas que al pintarse, que se pelearán para tener un espacio en el vidrio para poderse ver.

Cuando no hay aire en el vagón y no te puedes salir (además no hay otro vagón que abordar) y es hora pico, toca aguantarse el olor de todo el mundo podrido y sudado. Pero no todo es tristeza, como olvidar a los artistas urbanos que te dan un momento agradable con sus cantos acompañados de sus guitarras, o los raperos que improvisan sus rimas ridiculizándote entre la gente.

Al usar el metro en estos días con todo lo que sucede en el país te hace pensar que no quieres nada. ¡No quiero un coño de la madre! ¿Y qué voy a querer? Si lo que hay es nada, mejor no joda y trate de ser feliz.

 

El Metro de Santiago

Vicente Valdés - Ruta Verde Expresa - Línea 5

Línea 5 del Metro de Santiago

El Metro de Santiago es uno de los sistemas más modernos de Latinoamérica, a pesar de eso con más de dos millones de usuarios diarios los problemas no se hacen esperar.

Por Rodrigo Arenas Carter. Twitter @rod_sands

No se puede negar que el Metro de Santiago de Chile es uno de los más modernos del mundo. Televisores plasma en los andenes, un tren tras otro en hora peak, bibliotecas en algunas estaciones, asesores para discapacitados, y una higiene que llega a ser histérica. Y quizás ese sea adjetivo más adecuado para internarnos en la cotidianeidad ínfima de este subterráneo submundo.

Claramente, la experiencia de viaje, querido lector, dependerá del día y la hora de abordaje. Un domingo en la tarde en el Metro es sinónimo de tranquilidad y asientos desocupados, a menos que  Ud. haya olvidado que ese día era Lollapalooza, u otro megaconcierto juvenil. En ese caso, prepárese para una travesía al nivel de la hora peak de día lunes, o sea algo completamente lunático y lleno de modismos del fin del mundo.

Supongamos que el viaje comienza en la mítica estación “Los Héroes”, ubicada en el núcleo citadino y llamada así en honor a los valientes pasajeros del lunes a las ocho AM. El primer desafió de este videogame en 4D es el de subirse al tren, para lo cual deberá saltar hábilmente la línea amarilla de seguridad, para luego comprimir la anatomía en el centímetro cuadrado que ha dejado libre el señor que se bajó, y que procede a ser ocupado por Ud. y cinco gallos más. Entonces, y luego que las puertas dificultosamente se hayan cerrado, se escucha una melodiosa voz. “Me has roto la media, flaco imbécil”, grita una mujer de mediana edad. “Qué te pasa, vieja histérica”, se defiende el acusado, sacando a relucir toda esa choreza criolla, esa capacidad de mostrarse indolente por medio de las palabras, siempre y cuando no se vislumbre un combo de parte de algún defensor ocasional de la dama, caso en el cuál será mejor morir pollo y salir arrancando o hundirse de vergüenza entre la masa somnolienta que lo rodea.

08.06.2012 Aglomeraciones en el metro,linea 1. Foto Juan Farias / La Tercera /

Aglomeraciones en el metro,linea 1. Foto Juan Farias / La Tercera

El viaje prosigue hacia la estación “La Moneda”, cosa que le recuerda que, al llegar a destino, debe llenar la tarjeta BIP (no VIP), el principal medio de pago del transporte público. Luego nos topamos con metro estación “Universidad de Chile”, y no faltara el vecino de metro cuadrado que empiece a hablar de fútbol. “Es que sabís po que la Chile jugo bien ayer pero el amermelao del árbitro era muy penca po”. El parloteo se lleva a cabo en una de las estaciones más grandes de la red, en la cuál el truco secreto para subirse es ubicarse en alguno de los extremos del andén.

La siguiente parada es “Santa Lucía”, dónde generalmente los que se bajan son turistas. A continuación, y como muestra del fanatismo nacional por la educación (o el fútbol) aparece “Universidad Católica”, estación que sirve para acercarnos a la burguesía bohemia y con delirios artísticos del Barrio Lastarria. Después, nos espera la gigantesca estación “Baquedano”, en la que el cambio de línea trae gratis varios minutos de jogging gracias a la lejanía del nuevo andén. En este punto, el lenguaje empieza a cambiar. Los amermelao y penca empiezan a ser reemplazados por los macanudo o regio, términos que nos indican que estamos entrando en el barrio más solvente de Providencia, cuya bienvenida nos la da la estación “Salvador”, homónima del hospital y la avenida del sector. Por lo general, se suele llegar acá muy bien aplastado por la perfumada y sonriente multitud viajera que se prolongará por varias estaciones más, probablemente hasta “Alcántara” o “El Golf”. Pero es hora de chavela. Yo me bajo acá, volviendo a recibir oxígeno al emerger del subterráneo, mientras intento quitarle las arrugas a la polera que llevo puesta.

 

Una visión desde New York

*La recopilación de estas historias fue realizada por Lozano

Autor: Barrancopolis

Medio digital de arte, cultura y entretenimiento.

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