Vivirla a lo cafre

Fotografía de Fernando Chuy

Luego de una serie de eventos extraños y circunstancias inesperadas, la noche del miércoles terminé en el concierto de Los Cafres, en donde presentaron su nueva producción discográfica Alas Canciones.

Una noche antes tuve la oportunidad de conocer a la legendaria banda de reggae argentino. Me llegó un montón que a pesar de llevar sobre los hombros 30 años de carrera, son personas humildes y relajadas, permiten el acercamiento de la gente, se involucran en la charla y verdaderamente se interesan por escuchar a sus interlocutores. Por lo menos esa fue la experiencia que dejaron Gonzálo, Víctor y Guillermo  (el vocalista de la banda) con el que pude conversar más, incluso nos tomamos una chela después.

Al día siguiente me preparé para realizar la mejor cobertura de todos los tiempos. Hice base para estar a tono y me embriagué poco antes de llegar al Arkadia Shopping. No puedo pasar por alto el hecho de que NO me llega que se hagan conciertos en estacionamientos, ¡Y menos en un parqueo de centro comercial! Creo que es tener poco respeto por la gente y los músicos. Es obvio que los organizadores  lo hacen para ahorrar plata.

Llegué al lugar en un estado de paz espiritual, el alcohol me tenía feliz. Como el toque no empezaba todavía, para hacer tiempo fuimos con Chuy a comprar más cerveza a un Wallmart situado a pocos pasos mientras filosofábamos sobre la vida y cómo arreglar el mundo.

La jornada empezó con DJ Flako detrás de las tornamesas. No es por culebrear pero me parece que VIP hace los conciertos más de ahuevo del país, ha de ser porque traen a la mayoría de músicos que me llegan. Y es chilero que siempre tratan de tener un telonero local. A pesar de estar en un parqueo, la acústica del sonido estuvo muy bien lograda. Y el juego de luces en el escenario era no menos que sobresaliente.

Fotografía de Fernando Chuy

Cuando salieron Los Cafres, toda la mara terminó de prenderse mientras una nube de humo difusa pero que olía muy rico se expandió en el horizonte. Definitivo; son muy buenos músicos, tocan demasiado bien y suenan genial en vivo.

El espectáculo duró más de dos horas, tocaron desde temas clásicos como Tus Ojos, Kaos, Momento, No puedo sacarte de mi mente, La Receta, Casi que me pierdo y los del nuevo disco “Alas Canciones”, entre ellos el nuevo sencillo que promocionan Perdón, una canción llena de luz y buenas vibras.

Fotografía de Fernando Chuy

Todo iba bien, yo me movía al ritmo de la música, saludaba a amistades que me topaba por ahí y tomaba cerveza, me la estaba pasando tan bien que no me importó pagar los Q25 que costaba cada una. Iba y venía alegre desde una tarima que pusieron los organizadores para la prensa.

Estaba en la baranda disfrutando del evento cuando de la nada apareció un heredero de Arzú con sus complejos de cacique. El fresita en cuestión estaba recostado en el extremo de la baranda con su novia plástica y me empezó a chingar, el mierda me gritó para que me quitara porque supuestamente le tapaba la vista. Yo lo volteé a ver y lo ignoré, El tipo no pudo calmar sus ínfulas y llegó hasta dónde estaba para amenazarme y hacerme un berrinche de niño rico:

-¿Vos sabés quién soy yo? ¡Te puedo matar ahora mismo si se me da la gana, yo pagué por toda esta mierda!

Vi que no llevaba ningún arma, lo insulté con todo el barranco style que traía conmigo y lo mandé mil veces a la mierda. El chavo le fue a llorar al guardia privado que resguardaba el acceso al área de prensa para que me echara del toque. El encargado llegó amablemente a hablarme. Le expliqué lo que estaba pasando y él me dijo que el tipo solo era un invitado más. Me pidió que mejor me moviera de ahí para evitar problemas.

Este desafortunado suceso para nada es culpa de los organizadores. pero me llevó a reflexionar sobre el sentido del movimiento reggae y cómo este se desvirtúa cuando se comercializa, cuando te lo venden como mercancía, cuando los eventos se llevan a cabo en un centro comercial en una zona rosa, cuando llegan a estos conciertos chavos fresas que para nada viven o entienden el sentido del movimiento. Porque no es solo música, es todo un modo de vida contra el sistema pero que puede perderse mientras más se comercialice sobre él.

Debo decir que los organizadores del evento se portaron de ahuevo conmigo, que entiendo que es necesario generar recursos para hacer este tipo de eventos, así funcionan las cosas. Y que ellos hacen lo mejor que pueden. Espero que algún día el fresa acomplejado con el que me encontré, reciba un par de pijasos por su actitud mierda, le llegue a la cabeza la realidad y adopte el mensaje del movimiento. Todo sea por más rastas y menos fresas mierdas en las calles de esta ciudad.

Autor: Lozano

Guatemala 1987. Trabajó en un barrio en la periferia de la ciudad haciendo proyectos de arte y lúdica en búsqueda de la posible utopía de generar trasformaciones sociales. Siempre quiso estudiar y ser músico pero su viejo no quería que fuera un “vagabundo”, ahora que puede se quita la gana y se da ese lujo. Por necesidad de cara de chucho hizo periodismo de politiquería y trata de redimirse a través de este espacio.

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