Y una bandita de ska para que suene mejor

Así lucía Abejorro el jueves ya bien entrada la noche. Fotografía de Fernando Chuy

 

La luna estaba servida como para corear Amuleto a todo pulmón, pero los allí presentes tardaron en reaccionar y se quedaron pegados a sus teléfonos o en conversaciones a ninguna parte.

A veces no es culpa del lugar, el compositor de turno o la propaganda que le hagás a un evento. A veces simplemente la gente no está preparada para vos. Pero como El Gordo es cabrón, no tardó el público en intentar entrar en razón y sumarse al espectáculo que tenían enfrente.

Fotografía de Fernando Chuy

Carlos Hernández “El Gordo” es uno de los sobresalientes en la escena de cantautores guatemaltecos, para no sonar mamón pero ser puntual lo resumiría en un llano: Le vuela verga a Ricardo Arjona.

Creo que esta vez es la última vez que te lo voy a decir, creo que no, no te lo voy a repetir. Uno sabe a qué va cuando cruza el umbral en un recinto en donde se presenta El Gordo, nadie va allí para escuchar otra cosa que no sea puro dulce para los oídos.

Una fusión de Guate y Sívar

Si a lo anterior le sumás una bandona de ska salvadoreño, el volumen que agarra la música de aquél puede llegar a su mero punto. Vibrass me permitió escuchar al fatboy en otra dimensión. Hasta llegué a pensar en una fusión ya permanente que le daría un power como nunca ha tenido la música del quetzalteco.

La noche terminó de prenderse cuando sonó Calavera dancing. En ese momento todo Abejorro comprendió que no estaba frente a ningún oportunista interprete de covers sino frente a un man que se la ha rifado con una sólida carrera musical y más de 6 discos al hombro en solitario.

Sonaron las buenas, Ladroncito, Luna León, Tercer Intento, Entra por la ventana,  Subiendo, Dormir Contigo, No Pasa Nada y a las cansadas y después de que una doña la pidió un vergo, se escuchó Asesina, una canción mágica que prende a los cubiletes como ninguna otra.

Pensándolo bien, 60 morlacos (el costo de la entrada) es un precio que a pesar de leerse elevado para el bolsillo proletario no resulta siendo ni diez dorlacs y no le hace justicia al performance que se dispararon los músicos esa noche.

Al barranco le habría gustado terminar de escuchar completo el Tour del desvelo, pero como la fiesta empezó una hora y 15 minutos tarde se nos hizo fácil salir de allí sin remordimientos.

¡Salú por El Gordo y por la música independiente!

Fotografía de Fernando Chuy

Autor: Jonathan Salazar

(Guatemala 1985 - … ) Salazar es un pan de dios que solo le pide a la vida una ranfla con un equipo de sonido potente para navegar por la ciudad, el diario con noticias exaltantes y una dosis respetable de ultraviolencia en los canales de televisión que sintoniza. Famoso por las animadversiones ganadas en los lugares que visita, es ampliamente difundida la historia apócrifa de la patada dirigida a las gónadas de uno de sus profesores universitarios que le costaría una semana en una carceleta calurosa de un municipio fronterizo de Nicaragua.

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