Yo fui una de las miles de babys

Fotografía de Fernando Chuy

Maluma será recordado siempre por los mensajes explícitos en sus canciones. Todo aquello que atrae en una sociedad heteropatriarcal: la sumisión de la mujer, el maltrato físico consensuado, la infidelidad, la poligamia, relaciones de poder y de codependencia, etc., la mayoría se pregunta ¿Cómo logra agotar las entradas este colombiano que hasta hace un par de años era desconocido? ¡Fácil!, todas sus letras contienen nada más que SEXO.

El estereotipo del latino sexy

El muchacho sudamericano anda rondando las 20 primaveras y cumple con todo el estereotipo del latino sexy. El manager y sus productores fueron muy astutos a la hora de vender su imagen y atraer a personas de cualquier género a quienes les resulte atractivo. Hasta a mí me parece ricardinho.

Recuerdo haber entrado en contacto con él meses atrás, cuando mis compañeras en la universidad escuchaban a todo volumen “4 Babys”. A lo lejos sólo podía ponerle atención al ritmo y me llegaba. Aunque soy una rockerilla que le gusta todo lo clásico, lo heavy, lo glam, lo punk…etc., no he tenido ningún conflicto con el reggaetón, es más, con unos cuantos tragos encima hasta lo bailo y canto. A medida que fui escuchando con más atención no pude evitar darme cuenta de la enorme carga sexista y machista de sus letras, a pesar de eso mis amigas no tienen inconveniente para cantar sus canciones.

Más en el fondo, la conversación entre ellas trataba sobre lo sexy que era el joven, que si lo conocieran en persona se dejaban hacer cualquier cosa, que les parecía un semental, pero también encontraban cierta ternura en su sonrisa, que tenían ganas de besar todos sus tatuajes y hasta mordérselos. ¡Oh yisus!, la lujuria estaba saliendo de los poros de mis amigas. Sí, ellas deseaban al cantante que yo aún ni había visto.

Hasta las más feministas caen

No fueron las únicas, hasta las chavas más feministas que he conocido lo consideran sexy al cabrón, durante un viaje a Quiché, entre tantos litros, yo iba cambiando el canal de la televisión para ver si había algo interesante que me entretuviera y ya no me dieran ganas de beber, pero lamentablemente seguí bebiendo hasta la madrugada. Una de ellas me grita ¡Regresá allí! y yo asustada le pregunto ¿Dónde?, ella se refería al canal anterior dónde un joven tatuado estaba cantando, bueno, regreso, lo pongo e inmediatamente dice Es que, está bien rico el cerote.

Lo voy viendo de una manera más detenida, y sí, estaba guapo, no de mi tipo, pero sí era alguien con quien sería interesante compartir un rato de desenfreno total. No me detuve a analizar la canción, sabía que tenía contenido que no iba a ser de mi agrado, pero al final terminé cantándola. Es la música popular que gusta hoy en día, se escucha en el transporte colectivo, en los taxis, en las escuelas, en la universidad, afuera de las iglesias, en las ferias, etc., esa música pega porque pega.

Como quien no lo estaba buscando, Maluma vino a Guatemala e hizo de las suyas en Cardales de Cayalá. Pese a que uno imagina que quienes consumen y respiran reggaetón son en su mayoría de los barrios más populares y marginales. El concierto estuvo dirigido a quienes podían darse el lujo de pagar cientos de quetzales por un boleto, es decir, clases más acomodadas.

El lugar estaba lleno de jóvenes en su mayoría, es muy raro ver a un ruco o una ruca en ese tipo de eventos, a menos que se las lleven de chéveres o lleven a sus crías a escuchar esas cosas. Los asistentes, ansiosos de entrar, no dudaron en corear las canciones más conocidas durante el concierto, “4 Babys”, “Felices los 4” y “Sin Contrato”. Creo que Maluma tiene un trastorno obsesivo compulsivo con el número cuatro, como el dictador Jorge Ubico lo tenía con el 5, es la principal alerta de que algo no anda bien.

Pero… ¿Cómo es que la gran mayoría del público estaba cantando canciones que denigran su condición como mujeres?

Simple, hay alcohol, el ritmo es un pegajoso reggaetón, estamos en verano, el cantante es “sexy” —no lo digo yo, lo dice la mayoría—, y sus letras están cargadas de sexo. Más evidente no puede ser. Cuando una está en estado etílico, lo último que va a hacer es sacar un análisis sociológico, antropológico o gramatical.

Mirás a tu alrededor y ves a la mayoría mujeres que rondan entre los 15 y los 50 años cantando paradas sobre las sillas, con sus celulares grabando todo. No se logra ver el escenario ni estando parado y tenés que moverte un poco para agarrar una mejor posición que te permita ver al guapo de Maluma, de repente escuchás que pregunta quién quiere subir al escenario a bailar junto a él, y todas levantan la mano y empiezan a gritar ¡¡¡Yooo llevame shico!!!! De pronto uno de los de su staff apunta a una mujer que emocionada se sube. Maluma le pregunta si es casada y ella dice sí, que lleva 8 años. No sé que hubiera pasado si ella hubiera sido soltera, ¿Será que Maluma le hubiera robado un beso francés?

Varias mujeres suspiraban y comentaban, “Si yo me hubiera subido fijo me lo agarro y no lo hubiera soltado, dándole besos, no como ella toda mula con su teléfono grabándose un video en modo selfie”. Más allá de todo, este quizá haya sido el mejor momento en la vida de esa mujer casada.

La música es eso, puro sentimiento y emoción. Además, estamos en una época en que hay tanto contenido sexual a nuestro alrededor que no nos causa mayor revuelo las letras de sus canciones que dicen de manera explícita cómo y dónde quiere coger él (o quien haya escrito la canción).

Cuando escuchás una canción de esas y tenés el calor impregnado en el cuerpo por el clima tropical, vale veinte lo que digan las teorías feministas. Nadie nos dice en los libros —aparte de Freud— que nos resulta atractivo todo aquello que nos invita a copular, a mover la pelvis con tal de atraer a alguien para tener sexo. Touché, bien pensado con eso del reggaetón-tón.

 

Autor: Ivonne Monterroso

Ivonne Monterroso. (Guatemala 1994 - ...) Morena de ojos grandes, melómana, "tía cosa" por las noches, cantante de ducha, inquieta por naturaleza, astral nebulosa, soñadora y amante de todo.

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