Aciertos y desaciertos en Nuestras Madres, sin spoiling

Nuestras madres, de César Díaz, no es la peliculasa ganadora de Cannes que nos habían prometido, pero como todo, tiene aciertos y desaciertos. Más importantes los primeros que los segundos, por suerte. He aquí los que considero…

Desaciertos

Como en toda película guatemalteca (o las que he visto, y entre estas la única que se salva es Ixcanul -no vi Temblores-), la falta de uniformidad en las actuaciones (que todas sean medianamente decentes), hace que la película pierda fluidez, porque para el espectador es más fácil reparar en los malos detalles que en los buenos. Esto no quiere decir que las actuaciones de los protagonistas sean malas; en realidad cumplen. Sin embargo, algunos personajes secundarios la cagan grueso.

Supongo que en esto tendrá mucho que ver el casting, la dirección y el mismo guion que escribe personajes secundarios que interpelan insuficientemente (o superficialmente) al protagonista de la película, el hijo de un guerrillero desaparecido que indaga sobre el paradero de su padre. El personaje del amigo pudo haber tenido un rol más interesante. El personaje del jefe es intragable.

El guion también contiene diálogos de relleno que son odas al lugar común (“en este país uno vive o loco o a verga”). Cansino.

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Las partes de la cotidianidad son o accesorias o sosas. La peor, la escena de sexo bien original, puesta de relleno para expresar una insatisfacción existencial del protagonista….

Hay bastante desconocimiento en el guion de los ambientes urbanos. La cantina china parece un putero con rocola. Y las interacciones en esos lugares no tienen mucho apego con la realidad.

Gentes, ante todo jóvenes, con escasos conocimientos sobre la historia de la guerra, ignoran que México fue país de exilio de muchos militantes revolucionarios que regresaron en tiempos de “paz” junto con hijos nacidos mexicanos, así que muchos se preguntan indignados por qué los protagonistas de la peli (el chavo y su mamá) hablan con acento mexicano estando en Guatemala. Saber qué imaginarán… Tal vez que el director pensó que no había actores guatemaltecos lo suficientemente cool, o alguna babosada por el estilo. Dados los tiempos actuales donde los embrutecidos memeros guatemaltecos escriben (y hablan) con más modismos mexicanos que los propios mexicanos, todo error de sobreinterpretación es posible.

En fin. Las referencias a esto en el guion podrían parecer demasiado sutiles, y sí que las hay, pero hubiera bastado un ay cómo extraño el DF, u otra argucia narrativa para hacer más obvio este detalle histórico, ya que, al parecer, las cosas obvias para unos no lo son para el resto.

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Sólo los militantes más rucos del PGT cantarían a todo pulmón La Internacional en el cumpleaños, y no un montón de chavos que parecen como metidos a la fuerza dentro del contexto (todos canches y fresas, ¿qué onda ahí?).

(No hay muchos jóvenes comunistas hoy día; priman expresiones más bien jipiosas y anarquistas, dentro de los herederos espirituales de “la revo”, por desgracia. Así que ni hablar de que exista una sentida nostalgia del Partido en una mara con rostros tan juveniles. Aunque, bueno, en el tiempo en el que se sitúa la peli, tal vez podría haber pasado… Y a las perdidas, tal vez podría seguir pasando… Nunca hay que decir nunca. Ni modo.)

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No sé mucho de fotografía ni de planos. La de la película, aunque funciona, tampoco es impresionante, a pesar de que estamos hablando de una lica bien financiada y que contó con buen equipo para la realización. Digo, mi parámetro en esto, sigue siendo en comparación a Ixcanul, una película que sí entra por los ojos.

Sin embargo, la parte de los rostros de las mujeres con familiares desaparecidos es conmovedora y en este caso la fotografía sí logra hacer una conexión entre la realidad que se desea contar y la estética cinematográfica. Un poco del tipo oenegero, dirán los envidiosos, pero esa es otra historia.

Aciertos

El contar verdades históricas de la guerra en Guatemala. La mejor, el hecho de que los pueblos mayas no son vistos desde la victimización esencialista tan de moda (no sólo en el cine, sino en la academia y en la mayoría de las militancias políticas actuales). No se ve a los indígenas como corderos atrapados entre dos fuegos (la guerrilla y el Ejército), sino que tienen voluntad y decisiones políticas, voluntad que en el terreno de lo histórico se ha intentado negar, porque esta implicó que muchos indígenas se unieran, simpatizaran o colaboraran activamente con la guerrilla. En otras palabras, se rebelaron, junto con muchos otros guatemaltecos contra un Estado burgués, en una guerra de clases contra esa rancia oligarquía y sus perros de reserva, que han hecho de este pobre país uno de los más desiguales del mundo.

Los diálogos de seriedad política están bien hechos, llaman a una reflexión histórica. La diferencia entre el mundo ladino y el indígena, también es bien retratada.

Por último, el dramatismo en la exposición de los acontecimientos. La trama va mejorando de forma imperceptible (quizás por tanta inverosimilitud que tiene al principio) hasta que uno por fin suelta las lágrimas y toda inconsistencia que pueda haber en el guion queda soslayada por la realidad de la guerra. La historia que usted verá en Nuestras madres es, a fin de cuentas, la que pasó y nos sigue afectando. El Estado torturó, secuestró, desapareció e intentó eliminar (total o parcialmente…) a la disidencia política del país. Y en ese sentido, en la comprensión de los hechos históricos, hay un importante aporte en Nuestras madres.

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