Almas hay en puta, lo que falta es quien las compre

Hay mujeres malas que joden a los hombres, ¡Ja! Un primo mío se volvió loco, unos dicen que fue por la leche de cocha, otros cuentan que por culpa de una mujer a la que él le prometió matrimonio y no le cumplió. Ella decidió embrujarlo. Ahí anda el pobre infeliz saltando sin razón perdido en el valle de la soledad perenne y la basura de la orilla de la carretera. 

Fotografía de Fernando Chuy

A mi corta edad, conozco tres brujos: El primero procedente de la hermana república de Boca de Monte, más que brujo yo le puse “El Mago”, el pisado tenía la capacidad para desaparecer y nadie lo podía localizar luego de estafar a cuanta doña le pedía algún amarre; allá en la colonia sobraban señoras pidiéndole a los santos que los esposos dejaran a la amante o que, si eso era mucho pedir a los cielos, que por lo menos dejaran el guaro. Entrando a la ciudad, mi abuela Juana Antonia Martínez García decía: Yo no le pido nada a ningún santo, yo con Dios tengo otro arreglo; es más ni a misa voy, yo no debo nada ahí; eso de brujear a los hombres… yo de eso no sé nada.

 

El segundo brujo que conocí fue allá por los años de escuela; cuando me mandaban por las tortillas, la señora de aquel negocio tenía un hijo que acababa de salir de cárcel, según sé, porque le quebró el culo a un fulano que no era de su agrado. Dicen que paso un montón en el bote, pero que no le lograron demostrar nada y quedó libre, lo bueno que durante el tiempo que estuvo adentro aprendió a hacer pan y pasadito el tiempo mientras disfrutaba de su libertad, entre pastelito y francés, por la entrada de su casa le cobraron la que debía y por ahora no se sabe si puso una panadería en los cielos o si Lucifer lo tiene haciendo donas de un hilo.

 

Siempre encuentra uno por donde camina, alguien que tiene la ilusión de conocer una bruja o brujo que le haga el conecte con el mero mero tenazudo de las tinieblas y se pueda hacer de unos cuantos millones o de una voz prodigiosa o de un talento envidiable o de una mujer bonita o de un hombre millonario, y que digan que le vendieron el alma al Diablo, lo triste del caso es que almas hay en puta, lo que falta el quien las compre.

 

El tercer brujo que conozco se llama Juan y es el vocalista de una banda mexico-estaunidense de metal llamada Brujería, quienes visitaron el país hace un par de años, aunque tampoco se sabe a ciencia cierta que Juan sea mediador entre el Diablo y los hombres. Lo que sí es cierto es que en Samayac, municipio de Suchitepéquez encontraron un sapo con el hocico cosido con alambre de amarre, y dentro de la boca del animal, la foto de una fulana envuelta en pelo y ajo.

Fotografía de Lalo Landa

 

La señora que me lo contó también me dijo que esas son tonteras y que pobrecito el animal, que en Samayac no hay necesidad de hacer esas cosas, allá los hombres tienen mucho cuidado de donde meten el pipiriche porque allí con las mujeres y los sapos no se juega.

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