Categoría: Narrativa

Las historias más engasadas de las mentes más perturbadas de la urbe.

La calentura

Uno ni cuenta se había dado de esa fiebre al salir del trabajo cuando sendas tetas le pegan un derechazo de Mohamed Alí y lo remiten al desorden.

Luna roja

Te dije que le pagaras seguro al carro, pero como lo que una madre les dice siempre está de más cuando les empieza a ir bien y son medio mudos para tomar decisiones, por eso estamos aquí, a la ley…

Tía Consuelo reloaded

Tengo diecisiete años, hace tres terminé con mi antiguo novio porque me engañó con otro. Me dolió mucho su traición y caí en depresión.

Tardes perdidas de domingo

Menuda mierda de tardes perdidas, oyendo una y otra vez del amor de cristo, mientras afuera llovía, y yo tan lejos viendo hastiado la cara sufrida de la madre que parió al señor de todos los cielos

Oración a San Juditas Tadeo

La noche de ese santificado día inició en una habitación de motel allá por la octava avenida;  terminó cuarenta y dos días después en la sala de una clínica…

El hombre que le vendió el culo al diablo

La rutina iba desdibujando profundamente nuestra propia vida. Cuando acepté el contrato, ellos sugirieron cambiar mi dirección y hasta mi carrera universitaria, me asignaron un nombre y un apellido, me fue impuesta una identidad ficticia.

El padre Humberto en el altar

Juanito puso algo de resistencia pero no fue suficiente. El niño experimenta un vacío en el estómago, está profundamente desconcertado, no sabe que fue todo aquello que sucedió tan rápido y que marcará su porvenir.

Si volvemos a ver la luz

Ya habíamos decidido irnos mucho antes de perderlo todo, lo único que necesitábamos era comer bien y, en ocasiones, poder dormir en paz.

Cuando la tira te pone la blacky

Esta es una de esas historias que podrían pasarle a cualquiera; desde el consejo editorial del barranco decidimos publicarla con el afán de evitar que a ustedes se los agarren de müllers…

No sólo perdimos Belice

Pato perdido en este país que mira el norte directamente al sol o pesadilla donde un ayudante de payaso se bebe un budín de sangre a cucharadas.

Tener una voz propia y multiplicada

Crecí en la zona five en el tiempo de sacar cartones a media calle para ponerse a bailar como robots. Era una época atroz para toda expresión, pero la pasión era el breakdance y nadie pudo parar a toda una generación post trance armado.