Cine y Revolución: Pueblo en marcha, una película de la campaña presidencial de Jacobo Árbenz

 

Jacobo Arbenz durante una ceremonia militar en el Campo de Marte. Reproducción y restauración digital por Daniel Hernández-Salazar

Poco a poco, la sala de cine se va llenando de espectadores; están dispuestos al drama o a la comedia que ofrecen los exhibidores. No hay mucho donde escoger: las que vienen de Hollywood, como Murieron con las botas puestas (Raoul Walsh, 1941) y El último de los mohicanos (George B. Seitz, 1936); o bien las comedias o dramas rancheros que vienen de México como La oveja negra (Ismael Rodríguez, 1949) y No desearás la mujer de tu hijo (Ismael Rodríguez, 1950) (El Imparcial, 7 y 13 de octubre 1950). Esperan, en el intermedio entre las dos películas de la función, los noticieros acostumbrados y las vistas fijas de la lámpara mágica que ofrecen cualquier tipo de producto. Sin embargo, en la programación se «cuela» un filme de Guatemala; se viven los tiempos agitados de la campaña presidencial para sustituir al Dr. Juan José Arévalo, quien estaba en su sexto año de gobierno y, por tanto, próximo a cumplir su mandato. La película no trajo precisamente el entretenimiento que buscaban los cinéfilos al refugiarse en la oscuridad de la sala; se trataba de Pueblo en marcha, un cortometraje sonoro promocional de la campaña de Jacobo Árbenz Guzmán para la presidencia de la República. El cine venía a cumplir su función de trasmisión de ideas que los asistentes a aquella función podrían rechazar o aplaudir, pero no podían ignorar.

Los gobiernos de la Revolución (1944-1954) hicieron uso del cine como instrumento propagandístico. Si la dictadura ubiquista (1931-1944) había hecho de las películas silentes el medio cinematográfico para trasmitir sus ideas a pesar de la obsolescencia de aquella tecnología, la Revolución utilizó en cambio el cine sonoro como arma de convencimiento para superar la hegemonía impuesta durante la época liberal por las élites del país. Esto fue más evidente durante el tercer gobierno revolucionario, el encabezado por el coronel Jacobo Árbenz Guzmán (1951-1954). Ya desde la campaña presidencial de 1950, el cine fue un arma ideológica privilegiada por sus cualidades de divulgación masiva de los mensajes. Los camarógrafos siguieron al candidato Árbenz en sus desplazamientos por el país, registraron las principales ideas de sus propuestas políticas y luego las reprodujeron ante públicos cada vez más numerosos.

 Jacobo Árbenz  durante un acto cívico acompañado de miembros de su gabinete de gobierno. 

Durante mucho tiempo invisibilizadas, las películas del período revolucionario en los últimos años se han rescatado, digitalizado y exhibido algunas de ellas, gracias a lo cual ahora se pueden utilizar para ampliar el conocimiento sobre aquella época. Se trata de filmes de propaganda que, en formato de noticiero y con imágenes documentales, buscaban influir en la opinión pública y generar simpatías por el gobierno de Juan José Arévalo y por el candidato de los partidos políticos que servían de apoyo a la transformación del país. Entre ellas se encuentra Pueblo en marcha, un cortometraje de poco menos de 10 minutos, que se puede considerar el lanzamiento cinematográfico más completo de la campaña presidencial de Árbenz.

Realizada por encargo especial de la Comisión Coordinadora de Partidos Arbencistas, la película estuvo a cargo de la casa Producciones Quetzal, empresa que formaron el historiador y periodista mexicano Juan Miguel de Mora y el costarricense residente en Guatemala, Rafael Chacón. Pueblo en marcha fue dirigida por De Mora y producida por Chacón en 1950. La postproducción se realizó en México en los laboratorios Churubusco. Rafael Chacón describe aquella empresa:

Mientras tanto, nos atrevimos [Chacón y De Mora] a iniciar una tarea, la cual sería en el ámbito cinematográfico, pero de un carácter distinto. Se trataba de filmar cortos comerciales de una duración de diez minutos cada uno y ofrecerlos al Gobierno y empresas industriales de categoría. La idea fructificó y comenzamos a recibir órdenes valiosas para exhibir los cortos en los principales cines, durante el intermezzo de las películas, como se acostumbraba entonces… (Chacón Mena, 2017).

Para ese negocio organizamos una sociedad mercantil: Producciones Quetzal, S.A., con J.M. como Presidente y Director Ejecutivo, y yo como Gerente Administrativo. Alquilamos el chalet «San Rafael», e instalamos allí una sala de filmación, con cámaras, pantallas y toda clase de parafernalia, salón social, dormitorios y otras dependencias. El costo total de los filmes era de 50 dólares cada uno, incluyendo el envío al D.F. de México para su procesamiento y retorno antes de diez días hábiles (Chacón Mena, Wall Street International Magazine, 2018).

 

El argumento de Pueblo en marcha es simple y categórico. Guatemala avanzaba hacia el bienestar y el progreso; era la mejor de las patrias. Pero no era conocida en sus riquezas como el banano y el café sino por los trabajadores que hacían posible el disfrute de esos productos. Y ahí estalló la revolución del 20 de octubre que procuró numerosas conquistas sociales. En 1950 había llegado el momento de defender la revolución de los intereses extranjeros, con el voto del pueblo; luego de las consultas y discusiones, se escogió al candidato que podía garantizar la patria digna y soberana, así como trabajar por el incremento de las conquistas de la revolución.  El designado fue Jacobo Árbenz Guzmán, hombre de la revolución. Dado que había que defender los logros de la revolución, el pueblo se puso de pie en torno de Árbenz. Guatemala era un pueblo en marcha, una marcha que nadie podía detener.

Técnicamente, la narración en la película es simultánea o contemporánea a los hechos narrados, es un relato de un solo nivel (pues es el único relato existente) y es narrada por un personaje extradiegético (que no aparece en la pantalla; también se conoce como «voz en off») y por los personajes intradiegéticos (aparecen en la pantalla) que ilustran el relato del narrador. En cuanto al discurso, la película adquiere la forma de un noticiero, pero en cuanto a los personajes intradiegéticos, se trata de imágenes documentales de la época: trabajadores, niñez, élites, paisajes urbanos y rurales, medios de transporte. El narrador extradiegético no participa de la historia, es un elemento externo a los hechos que narra; es por tanto, impersonal, desprovisto de algún rasgo antropomórfico, además de que no es posible identificarlo con alguien en específico de los personajes del período revolucionario (Sánchez Noriega, 2018: 48).

Utilizando los rasgos de las modalidades de representación de la realidad de Bill Nichols (Nichols, 1997), la modalidad de Pueblo en marcha, es la expositiva y tiene las siguientes características:

  • Se dirige directamente al expectador.
  • El texto se expresa persuasivamente, hablando a favor de la candidatura de Árbenz.
  • Al tomar forma en torno a un comentario dirigido al público con un sonido no sincrónico (no coincide con los sonidos intradiegéticos), las imágenes ilustran lo expresado. La retórica de la argumentación asume la función de dominante textual, haciendo que la narración avance de acuerdo a la necesidad de persuadir. « La lógica del texto es una lógica subordinada; como en el derecho, el efecto de persuasión tiende a invalidar la adhesión a los estándares más estrictos de razonamiento» (Nichols, 1997: 68)
  • El montaje (postproducción, edición) sirve para establecer y mantener la continuidad retórica más que la continuidad espacial o temporal.
  • Se busca dar la impresión de objetividad. Se utilizan las generalizaciones, pues la voz en off se extrapola a partir de ejemplos concretos ofrecidos en la banda de imagen. Además, permite la economía de análisis, presentando los sucesos de una manera sucinta y enfática, para lo cual se utiliza una locución enérgica y contundente.
  • Se abordan los temas dentro de un marco de referencia (los postulados de la Revolución) que no hace falta establecer sino se da por sentado.
  • Las expresiones y las imágenes poéticas afirman los temas de los que depende la exposición (Cfr. Nichols, 1997: 68-69).

En el cortometraje se establecen dos personajes colectivos sobre los cuales se tiene una opinión favorable y otros a los que se fustiga: por un lado aquellos que son beneficiados y/o apoyan a la Revolución; y por otro, quienes viven del trabajo ajeno (intereses nacionales y extranjeros) y se oponen a las conquistas revolucionarias. En la primera clasificación, se incluyen los trabajadores (campesinos, burócratas, obreros) los indígenas, los niños, las mujeres, considerados en general como «las fuerzas progresistas», o bien como «el pueblo». El otro grupo está compuesto por los empresarios extranjeros, los dueños de la tierra, los lacayos de la dictadura; por lo general se les identifica como portadores de intereses egoístas y personales, enemigos del progreso, partidarios del ubiquismo (o sea, de la dictadura de Jorge Ubico), «gentes que no saben de nosotros, pero que gozan de nuestras riquezas». El otro gran personaje es la Revolución.

Los gobiernos revolucionarios tuvieron desde el inicio que luchar políticamente contra los grupos que tradicionalmente habían acaparado el poder para mantener un sistema económico expoliador y una dependencia hacia los centros metropolitanos, en especial, desde finales del siglo XIX, los Estados Unidos. En la otra mano, debieron batallar ideológicamente para tratar de romper la hegemonía que dichos grupos ejercían sobre la población, imponiendo sus ideas y valores.

 

Jacobo Árbenz condecorando a una mujer durante un acto en el Campo de Marte.

La película buscaba agitar las conciencias sobre la hegemonía que los grupos dominantes habían venido construyendo con mampostería, ladrillos y concreto armado desde los tiempos de la colonia hasta las cruentas dictaduras liberales. Se trataba de arrebatar la dirección política e ideológica que habían detentado (y detentan) las élites guatemaltecas, que vivían (y viven) del disfrute de los recursos de un país en donde se enseñoreaba (se enseñorea) la pobreza, analfabetismo, desnutrición, etc. ¿Lograrían los gobiernos revolucionarios imponer su visión contrahegemónica durante los diez años de primavera o sería este solo un paréntesis en la larga cadena de regímenes autoritarios, militaristas y conservadores que pueblan la historia del país?

 

Bibliografía citada

Chacón Mena, Rafael Ángel, Naskará, un clásico del cine guatemalteco I, en Wall Street International Magazine, 24 de diciembre de 2017. https://wsimag.com/es/espectaculos/34389-naskara

Chacón Mena, Rafael Ángel, Un clásico del cine guatemalteco. Sobre la génesis y producción del filme «Naskará», en Wall Street International Magazine, 31 de enero 2018. https://wsimag.com/es/espectaculos/35350-un-clasico-del-cine-guatemalteco

El Imparcial, 7 de octubre de 1950.

El Imparcial, 13 de octubre de 1950.

Nichols, Bill, La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, Barcelona, España, Editorial Paidós, 1997.

Sánchez Noriega, José Luis, Historia del cine. Teorías, estéticas, géneros, Madrid, España, Alianza Editoria,2018.

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