Como cuando me convertí en papá, hoy hace un año me cambió la vida

Emilio Molina, frente a Rayuela Fotografía de Fernando Chuy.

La presencia de la Covid, según el gobierno de Guatemala, era ya oficial en el país. En ese momento por mi cabeza pasaron muchos pensamientos como, por ejemplo: ¿Cómo es posible que logren determinar el caso 1 (o paciente 0), cuando tanto en los gobiernos anteriores como en este tienen grandes problemas de control migratorio? ¿Cómo es posible que seamos un país tan vulnerable ante una gripe hasta el punto de paralizar todo el país? Claro, al ver a las “potencias del mundo” sufrir por la Covid rápido vino a mi cabeza el pensar… aquí ya valimos madre.

Días atrás se murmuraba que cerrarían el país y no pasó mucho tiempo para que esto fuera una realidad.

Yo, siendo un guatemalteco, músico, bajista y padre de familia me empecé a angustiar por las fechas que tanto con Razones de Cambio como con los otros proyectos artísticos en los que participo empezaban a ser cancelados. E inmediatamente me vino esa pregunta con la que muchos nos topamos durante los primeros meses, ¿y ahora…qué hago?

Meses atrás mi amigo Byron Vásquez me había extendido la invitación para participar como socio de su negocio, El café Rayuela Gt.

Antes de la pandemia, Rayuela se caracterizaba por ser un café pequeño. Para las personas que lo llegaron a conocer, no me dejarán mentir sobre lo realmente pequeño que era. Para las que no lo llegaron a conocer, les describo tal y como lo cuenta aquel chiste: “Esa casa es tan pequeña que al Jesús crucificado lo tienen de lado porque si no, no cabe”. Algo así es el chiste, de mi parte muy mal contado, pero solo lo considero para darles una idea de lo pequeño que era. Sin embargo, siempre acogía a muchas personas y en especial los domingos que se convirtieron en los domingos de trova con dos grandes músicos Rafael Jaén Alfonzo y el increíble ser humano Coki Valdez, los lunes yo tocaba con mi bajo, los miércoles, eran los miércoles de piano con mi amigo Pablo León, los jueves por lo regular no teníamos nada fijo, pero siempre había alguien cantando, leyendo, declamando o simplemente estaba esa música de fondo en el playlist del teléfono que teníamos para poner música.

 

UNA SENSACIÓN QUE ME HACÍA SENTIR MÁS HUMANO

Rayuela se dedicó  de forma desinteresada, a brindar alimentación a la población mas vulnerada por la pandemia. Fotografías de Fernando Chuy

Cuando Byron me invitó a participar como socio decidí empezar a involucrarme en lavar platos, limpiar, abrir y cerrar el negocio. Todo esto antes de pedir aquel cuadro en Excel en donde se reflejaban los números contables y la rentabilidad del negocio. Cuando comentaba entre amigas/os y familiares la invitación que se me había hecho, rápido se me criticaba esta parte, en donde todos en su mayoría me decían: “cómo te metes a un negocio sin saber los números? ¡Como sos de bruto!” jajajá y la verdad es que no me importaba tanto porque dentro de mí había algo que me enamoraba de ese café y era que no la hacía porque era o no era un negocio rentable. Era un lugar en donde el agua pura no se vende, en donde el baño es para quien lo necesite y no para uso exclusivo de los clientes, en donde a las madres que necesitaban darles pecho a sus hijas/os siempre se les invitaba a pasar adelante y tomar algo sin necesidad de que pagaran. También me enamoraba el entrar y ver los cuadros de monseñor Romero, de Gerardi, de amigos y amigas artistas de Byron, fotografías de personas que han perdido la vida a causa de la violencia generalizada y estructural que vivimos en Latinoamérica.

Todo esto creaba en mí una sensación que no puedo describir, que me hacía sentir más humano. Lo platiqué con mis padres, mi hermano y mi hijo y me dijeron: “si te gusta y vas a seguir siendo feliz… dale, contás con nuestro apoyo”.

Sin más que pensar llamé a Byron y le dije: “le entro, vamos para adelante”.

A todo esto, Byron y yo empezamos con esa ilusión que traíamos en proyectos artísticos, parecíamos dos adolescentes con un carro alquilado, $300 en la bolsa y mucha carretera que recorrer. Se podrán imaginar lo emocionados y entusiastas que estábamos en ese momento. Pero claro, entró la pandemia al país y con ello todos nuestros planes se empezaron a complicar. No teníamos efectivo, no contábamos con ingresos y el café oficialmente estaba cerrado por pandemia.

Byron me llama un día, yo estaba en casa cumpliendo con el encierro y me dijo: “Milo, utilicemos mi tarjeta de crédito para hacerles un súper a los muchachos, (refiriéndose a los 4 trabajadores del café). Saquemos efectivo de ahí y les damos para que puedan mantener el encierro, ¿estás de acuerdo…?” “¡Démosle!, ¿total qué?” Esa fue mi respuesta. Recuerdo que fuimos al súper y el caos entre las personas era muy grande, algunas con mascarilla y otras que no la utilizábamos. A todo esto, Byron me hizo el comentario que cambió mi vida por completo: “El súper que hicimos la semana pasada para el café se nos va a echar a perder… vamos vos y yo a limpiar y lo que tengamos en la refri, preparémoslo y se lo regalamos a las personas que pasen porque con este encierro muchos la van a pasar muy mal”. Les soy franco… ni lo pensé por un segundo y acepté su propuesta, sin saber lo que se venía.

El primer día que era el único en el que íbamos a entregar comida, dimos aprox. 50 platos de comida. Para el segundo día vecinas/os y amigas/os muy cercanos al café empezaron a llevarnos cosas para preparar y se quedaban para ayudarnos a entregar la comida. Al segundo día salí a fumarme un cigarro y la fila de personas que esperaban para recibir la comida ¡llegaba a darle la vuelta a la manzana! Tiré el cigarro, busqué a Byron y le dije: “¿ya viste la cola que hay…!!!? Siempre yo, el ahuevado, y siempre él, el calmado, me dijo: “Viste qué mierda es el gobierno que no hace nada. Solo cierran y ya… sigamos y no dejemos a la gente tener hambre”.

Miraba a familias completas, niñas/os con otras/os niñas/os haciendo fila, mujeres embarazadas, ancianos…había todo tipo de personas. La gente caminaba por horas desde muy lejos porque sabían que por lo menos ahí encontraban un plato de comida.

Recuerdo por momentos meterme al baño del café y llorar mucho. Llamaba a mi hijo para preguntarle si estaba bien, si le hacía falta algo… el cansancio semana tras semana era cada vez mayor. A pesar que empezamos 6 (Jacko López, Marlon Hernández, Raysa InMorales, Truchis Cameros, Byron y yo) llegamos a tener 64 voluntarios y voluntarias. No solo se hacía presente el cansancio físico sino también el emocional, debido, en gran parte, a que muchos personajes con poder en el Estado nos empezaron a ver con malas intenciones, lo que conllevó muchos señalamientos hacía mi persona de parte de personas que ni conozco y también personas en las redes sociales que me empezaron a invitar a movimientos para liderarlos, etc. Y a todo esto, yo seguía con mis conflictos personales como el no perder ver a mi hijo o mi situación económica que se vio muy afectada, aunque el colegio siguió cobrando, al igual que mi celular, las cuotas de los bancos, etc.

Un encuentro muy duro fue cuando el señor Roberto Arzú se presentó con la intención de apoyarnos con la donación de unas libras de pollo. Quiero dejar claro que en ningún momento le dije que no aceptaba su apoyo, es más le dije que comida teníamos suficiente que lo que necesitábamos era que lograra la forma de hacer desaparecer esa fila, dándole el apoyo real y efectivo que todas esas personas necesitaban y siguen necesitando. También le dije que nos ayudara a que el sistema de salud fuera eficiente, que nos apoyara en todos los aspectos sociales en los que la población nunca fue más vulnerable que en esos momentos y que, a día de hoy, aún está más vulnerable. Nunca le dije que no nos apoyara.

 

La Olla Comunitaria en imágenes

Dale clic a la galería para ver las fotos en tamaño completo.

Fotografías de Fernando Chuy

 

UN PARÉNTESIS: LA TELETÓN

Tras este incidente, las personas rápido empezaron a bombardear las redes sociales con ataques hacia mí y hacia él. En ese momento comprendí que las personas pensaban que esto era una actividad similar al Teletón, por el que abro paréntesis: No puedo creer que la población siga apoyando a Teletón. Sé que ayuda a muchas personas con tratamientos, pero no puedo creer que con tantos años de credibilidad y el apoyo de la población, no han hecho nada, pero nada para mejorar la situación de las personas con capacidades diversas. Como, por ejemplo, el año pasado, la Teletón se realizó en el Palacio Nacional de la Cultura, con los canales nacionales y los canales privados apoyándole sin siquiera intentar tener un diálogo con gobiernos y municipalidades para que, en las pasarelas, las calle, las leyes de tránsito, los mercados, etc.… sean también accesibles para estas personas que sufren algún tipo de problema físico o neurológico. Aquí la única persona con problemas en sus piernas que ha sido beneficiado es Alejandro Giammattei.

Regresando a lo que me hace escribir, Rayuela en su activismo fue conocido como La Olla Comunitaria mediante la cual se pusieron en comunicación con nosotros (Rayuela) para preguntar cómo podían hacer para abrir una iniciativa así en su departamento, haciéndome una vez más reflexionar sobre la violencia estructural generalizada en el país. Nosotros, al no ser una oenegé, ni nada por el estilo, simplemente les decíamos que para ayudar a las personas no se necesitaba de nuestra autorización y que simplemente lo hicieran. Con el pasar de los días, en Rayuela empezamos a tratar el tema de la denuncia social y política, ya que el velar por el bienestar de todos y todas las guatemaltecas es una responsabilidad del Estado. Con ello varias Ollas que habían empezado con esta iniciativa en sus departamentos, no estuvieron de acuerdo, ya que la postura de ellos era la solidaridad… 

Tras meses de apoyo sin descanso, cada día nos resultaba más complicado seguir, ya que los y las voluntarias que acompañaban a la Olla aquí en Rayuela iban teniendo la necesidad de velar por ellos, ellas y sus familias. Al inicio, llegamos a ser 64 voluntarios y voluntarias, pero ya los últimos meses solo éramos 8 personas.

Conforme se iba abriendo el país y los meses más críticos parecían llegar a su fin, tomamos la decisión de terminar con la actividad de la Olla. Fuimos muy criticados por esta decisión, pero nos dimos cuenta que no podíamos caer en un paternalismo indefinido, pues en vez de una solución permanente, le estábamos poniendo una curita al problema. 

Por dicha actividad se nos otorgó la orden Monseñor Juan José Gerardi, reconocimiento que se entrega cada año a las personas que de una u otra forma velamos por la defensa de los Derechos Humanos. Usted llámelo como su perspectiva se lo permita, pero resulta que 72 horas después de habernos sido entregado dicho reconocimiento, fuimos víctimas de un incendio en el café, justo un día antes de nuestra apertura post covid.

LA SITUACIÓN DEL CAFÉ EN LA ACTUALIDAD

Tras 4 meses desde que sucedió el incendio, seguimos sin tener noticias por parte del Ministerio Público (MP).

La Olla Comunitaria dejó una deuda muy grande, la cual actualmente seguimos afrontando para así velar por la economía del café, no percibo ingresos del mismo por lo que hoy en día me encuentro trabajando en el café, dedicándome al tema de bienes raíces y reactivando mi vida de músico.

En estos días re-iniciaremos con nuestro café pendiente, actividad que lleva el café por años, en la que damos a ciertas horas del día una taza de café con pan a las personas en situación de calle. En lo personal mi denuncia sigue por medio del arte y así seguiré hasta que la vida me lo permita.

Les doy las gracias a todas las personas que me apoyaron durante estos meses tan duros. Gracias a esta situación, me di cuenta quiénes son aquellas personas con las que puedo contar en los momentos más duros. A todas ellas, gracias desde lo más profundo del corazón.

P.D. Quiero aclarar que tuve toda la intención de etiquetar a todas las personas e instituciones que menciono en esta publicación, pero por alguna extraña razón no se me permite hacerlo.

Nota del editor

*Título original: Hoy hace un año me cambió la vida de manera tan radical como en el momento que me convertí en papá.

**Los subtítulos fueron agregados durante la edición.

 

 

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