De cuando te siembran el monito

Fotografía de Fernando Chuy

Mire, la verdad es que preferimos que se retire y ya no trabaje más en esta empresa.

– Pero… ¿Por qué?

– Hemos recibido ya varias quejas de nuestras colaboradoras sobre comentarios denigrantes que usted les hace.

– ¿Yo?

-Sí, usted.

– Explíqueme eso

– Está de más…

(Con una voz en falsete, como si fuera la voz de un niño se escuchaba al hombre decir…)

“Vos tu madre, ¡Pelón pisado!”.

– ¿Qué dijo?

– Yo, nada

– Señor, no estamos para juegos, compórtese, lárguese y no regrese.

– Pero si no dije nada.

(De nuevo la voz en falsete)

“De mejores cantinas me han echado, culero”

¡¡¡Seguridad!!! ¡¡¡Saquen a este patán!!!

Aparecen dos guardias uniformados, lo toman de los brazos y finalmente lo sacan a empujones por la puerta de atrás del complejo de oficinas.

¡Otra vez lo mismo!, pero sinceramente no hago nada para merecer esto, ¿Qué será lo que escucha esta gente? Porque yo no lo oigo.

A eso de las 3 de la tarde de un martes, de nuevo Rotemiro Tulam Tzu era despedido de su trabajo.  Tenía algo, decía la gente, algo que lo hacía caer muy mal.  Pero él era incapaz de descubrirlo por sí solo. A veces decían que expresaba comentarios fuera de lugar, que ridiculizaba a otros con una voz aguda y otras veces decían que tenía un aliento profundamente apestoso.

Rotemiro era un hombre normal, según él.  Sin embargo, a veces sentía que no vivía solo, que algo le había sido incrustado en el cuerpo y que ese algo, era un ser, sino de este mundo, de otra dimensión o algo parecido.

Tenía un problema grave con las memorias, simplemente no recordaba su procedencia, se le hacía muy difícil recordar dos años atrás, para él la vida pasó de una forma extraña y lo había llevado a ser quien era hoy.  Entre estos recuerdos perdió la noción de su familia, de sus padres, hermanos, no recordaba si alguna vez los tuvo.  Todo era un misterio.

Cuando caminaba después de haber sido despedido, se topó con una persona en una de las calles del Centro Histórico de ciudad de Guatemala.  Amablemente le habló: “le leo la mano por 5 quetzales”.  De pronto lo vio, y se escuchó una voz aguda que dijo “largo de aquí tarado”.  El hombre parecía un monje, con una túnica color naranja y unos cabellos largos, blancos pero enredados en un grupo de casi 10 rastas, andaba descalzo y en una pequeña bolsa que asemejaba a terciopelo, llevaba un mazo de baraja para realizar su trabajo. 

Volteó a ver a Rotemiro, lo inspeccionó y de pronto se echó a reír a carcajadas.  De nuevo una voz aguda dijo “mejor andá a bañarte maldito asqueroso”.  El hombre volvió a reír estruendosamente.  Rotemiro no comprendía qué estaba pasando, quería desengañarse y le preguntó qué pasaba.

– ¿Te está yendo bien mal en la vida verdad?

– Sí, bastante mal

– No recordás nada de lo que te ha pasado, solamente tenés vagos recuerdos de hace uno o dos años a lo mucho.

– ¡Sí!

Jajajá, a vos te hicieron un trabajo de brujería que hacen algunas personas que se llama “Sembrar el monito”

¿Qué?, ¿qué?

– Sí, alguien con cierto poder para hacerte daño por algo que hiciste, te envía una larva astral que va creciendo con el tiempo y se convierte en un pequeño animalito que vive al lado de tu corazón, te roba la fuerza, la memoria, el aire, la comida y por supuesto, te desgracia la vida.

– ¿Y qué hace ese animal?

-Sale de tus vísceras, sin que te des cuenta, saca la cabeza, habla como si tuvieras dos bocas, una con la que hablas y otra que dice sandeces.

(de pronto se ve que sale una cabeza como de 15 centímetros de alto y 10 de diámetro del cuello de la camisa de Rotemiro y con voz de falsete dice)

Silencio idiotas. 

El extraño animal que salía como un brazo, no era visto por Rotemiro, pues salía específicamente cuando él estaba viendo hacia otro lado.

-Y si tengo eso o lo que sea, ¿cómo me lo puedo sacar?

-Pues eso sí que no sé.  La única persona que yo he visto curar una de esas situaciones es el hermano Fantasio.  Bueno, realmente no lo vi, él me contó que hicieron un ritual para despegarle al animal a un hombre de Puerto Barrios, era un agente aduanero que sufría mucho pues de repente su vida se venía al suelo, perdió a su familia, sus trabajos y de pronto el hermano lo ayudó.

– ¡Necesito ir con ese “hermano”!

-Calma, calma, dame unas 50 varitas para comprar una ofrenda y vas a ver que te lo conecto.

(Salió el animal y con voz aguda dijo)

 ¡Ladrón, pisto querés!

El hombre río y dijo: Muy alegre ese tu animalito

Se fue Rotemiro a su casa de regreso, desconcertado, pero con la esperanza de volver al siguiente día y tener noticias positivas.  Durmió en un cuarto que le prestaban en la casa de la familia de su hermano, justo en la entrada, cuando llegaba en la noche tenía que correr porque tenían un perro que lo quería atacar. 

Rotemiro entró en silencio, de pronto la voz dijo en un tono muy agudo, tanto que solo el perro fue capaz de escuchar: “bsshh chucho, hueco, vení!!!”.  El perro corrió enardecido a morder a Rotemiro, quien se metió lo más rápido que pudo a su habitación y cerró la puerta con pasador.  Afuera, el perro con los ojos encendidos en furia se quedó esperando para morderlo.

Se metió a su cama sin lavarse los dientes ni siquiera quiso ver redes sociales en su celular, nada, se durmió y despertó a las 8 am.  Se paró confundido, no recordaba bien qué era lo que pasaba.  Se vistió como pudo y salió caminando en silencio, el perro ladraba y otra vez la voz “bshh bshh” el perro ladraba, pero estaba amarrado.

Al filo del mediodía empezó a caminar por la 6ta avenida de la zona 1.  De pronto, el hombre de las rastas lo abordó en la calle. 

– ¿Qué tal maestro? Vamos donde el hermano

– Disculpe ¿qué hermano?

– ¿No te acordás pues que ayer me diste 50 varas?

En eso la voz: “Tu madre, peludo shuco”. El hombre se echó a reír a carcajadas…

Va mirá pues, acompañame y ahí te explico de qué trata.

Rotemiro con la mente totalmente confundida le dijo:

Bueno, vamos pues ¿dónde es?

Es aquí a dos cuadras, en un parqueo

Se fueron caminando, hasta que llegaron al lugar. Un estacionamiento grande con piedrín en el piso.  Había un joven cuidando la entrada y un policía.  El acompañante de Rotemiro dijo “Vamos donde el hermano Fantasio”.  “Adelante jóvenes” respondió el guardia.

Atravesaron el parqueo hasta llegar a una pequeña casa de madera, a lado un baño y una pila con el agua para lavar los carros.  Cuando se iban acercando a la habitación de Fantasio se percibía un olor a incienso de sándalo y pachuli, pero también un olor fuerte a orina de gato.  Tocaron la puerta y desde adentro una voz grave con un acento entre centroamericano, mexicano y caribeño dijo:

  • Adelante Camaradas, hermanos de luz, mextraña, aquí es bienvenida toda la banda que busca la luz, vaaa, siéntense compadres…

El hermano Fantasio era un hombre alto, con una cabellera canada, larga, cuando se puso de pie se pudo ver que tenía unas sandalias y unas uñas largas.  La barba que tenía era también larga pero escasa en las mandíbulas, solo en la barbilla y el bigote.

  • No me cuentes qué te trae por acá, que ya me contó el camarada que te trajo a este lugar de luz lo que te hizo venir, vos tenés al monito, esa es una maldición…

De pronto salió del lado izquierdo del cuello de Rotemiro, y dijo “Mejor me voy porque aquí huele a miados de gato”

  • ¡Ah ya saliste!? Ejem… Bueno, tengo que decir algo compadre, y es que esto es un trabajo de brujería bien maldito… pero, te lo hicieron por una razón igual de malaPuede ser por varias cosas, una porque hiciste abortar a una mujer o dos, porque cuando eras niño fuiste muy malo con otro niño y le provocaste la muerte.  Lo que tenés metido en tu cuerpo es el alma de un niño malcriado que llegó para que jamás seas feliz ni podas desarrollarte bien.  Es como un parásito que te roba energía, que te sustrae todo y te deja bien mal todo el tiempo hasta que te morís, pero, puede ser que en tu próxima reencarnación también surja y todo vuelva  a pasar…
  • Y ¿qué puedo hacer?
  • Tenés que ponerte en paz con el alma de ese niño, pero primero hay que descubrir qué es lo que pasó. 

Pero yo no recuerdo nada

Ahh pues para eso es que estas acá, yo voy a pedir que en sueños se me haga ver qué pasó.

De pronto la voz aguda dijo: “¡No seas pajero vos cerote!”

Todos rieron, menos Rotemiro que no lograba escuchar nada de lo que decía esa otra voz en él.

  • Bueno hermano, para hacer ese trabajo te voy a pedir que consigás algunas cosas que vamos a utilizar en un ritual shamanico.  Vas a ir a conseguir unos hongos especiales a la USAC, tenés que buscarlos allá, por un jardincito de paz que tienen los muchachos que venden de esos honguitos voladores.  Andá a conseguir y cuando vengas de regreso pasá al mercado central y ahí vas a comprar unas 5 candelitas blancas, 5 celestes, 5 rojas y 5 negras.  También vas a pasar donde vendan escapularios de esos grandotes pero que esté bendecido, de aquellos que parecen unas tablas cafes, vas a comprar uno y te lo ponés.  Cuando consigas todo vas a regresar conmigo y vamos a hacer el ritual, venís a las 6 de la tarde y te vas a quedar a dormir aquí.

Todo lo que iba a necesitar lo anotó en una pequeña hoja de papel, tomando en cuenta su precaria memoria.  Así se fue a cada uno de los lugares recolectando lo solicitado.  Para el siguiente día ya solo le faltaba el escapulario, fue a la Iglesia de Santo Domingo y ahí lo compró.  Ya tenía todo reunido y regresó con el hermano Fantasio alrededor de las 6:30 pm

Iba caminando por la 13 calle de la zona 1, pasando por la 9a avenida cuando vio que adelante suyo iba una mujer con un niño de la mano.  De pronto el niño volteó a ver y tenía la cara llena de heridas, se acercó más y descubrió que era el cadáver de un niño que caminaba de la mano de la madre.  Corrió adelante de ellos y los volteó a ver, se dio cuenta que el niño tenía una herida grande en el tórax, como si una llanta hubiera pasado sobre él.  La mujer, tenía ambas piernas desechas y ensangrentadas.  Rotemiro empezó a correr, cuando escuchó que una voz que le decía al oído “vos los mataste con tu carro maldito”.

Corría sobre la calle, se sentía alterado y a punto de enloquecer.  De pronto, pasó el transmetro frente a él, vio por las ventanas y había varios niños con las caritas deshechas.  De nuevo la voz le decía “sos un asesino de niños”.

Ya iba llegando a la oficina de Fantasio cuando empezó a ver que varios espectros se movían hacia él, se tapó los oídos, y de pronto, vio por primera vez en su vida al pequeño rostro que salía de su lado izquierdo.  Lo veía reírse de él, trató de tomarlo y arrancárselo del cuello, pero no podía.  La gente que pasaba en la calle veía cómo aquel hombre se trataba de cortarse el cuello, pero no comprendían qué pasaba.

En esas estaba Rotemiro cuando una mano pesada, con la uña del dedo meñique larga se le puso sobre el hombro izquierdo, una voz de ultratumba le dijo “¿Qué onda ese, ya anda palideando?, véngase conmigo que vamos a hacer el ritual…” Era el hermano Fantasio, que regresaba a su consultorio con un veladoras de los poderes africanos… “Estas velas nos van a ayudar mucho”

Llegaron al consultorio, Rotemiro todavía seguía alterado por lo que había visto.  Le palpitaba el corazón muy rápido.  El hermano Fantasio le pidió los hongos y se fue a la cocina a hacer una sopa con ellos.  Puso a hervir agua y los echó dentro.  Encendió un incienso, le dijo a Rotemiro que se tumbara en un sillón que estaba en la entrada y apareció con dos tazas.

Vamos a echar un viaje por tu inconsciente, ¿cómo era que te llamabas?

– Rotemiro

– Va mirá pues, te vas a tomar unos tres traguitos de esta agua caliente, ponete el escapulario y yo también me voy a tomar un poquito de mi taza.  Después te voy a ir guiando en un viaje donde vamos a descubrir qué fue lo que pasó que te tiene bien trabado con ese monstruito en el cuello.

Ambos sorbieron el agua y después de 30 segundos el hermano Fantasio le dijo:

Vamos a contar de 1 a 20… 1, 2, 3, 4, 5, ahora sentís todo el cuerpo bien pesado, como si un edificio estuviera encima tuyo y no podés moverte… 6, 7, 8, 9, 10, ahora sentís una sed tremenda, sentís la boca salivar por un poco de agua…11, 12, 13, 14, ahora ya sentís como si te hubieras tomado un río de agua, te sentís bien y satisfecho… 15, 16, 17, 18, 19 y 20… ahora estas completamente relajado y vas a sentir que estamos en un cine, en la pantalla empezás a ver tu vida…

Rotemiro sentía una relajación total, hasta que empezó a hacer efecto el alucinógeno que habían tomado.  Veía cómo se abría la pantalla de un cine, pero también veía cómo al fondo de la pantalla surgía un arcoíris que lo absorbía para llevarlo a un mundo desconocido.  Vio que junto a él iba el hermano Fantasio. 

Los dos volaban por el espacio, de pronto veía al lado de su cuello que aparecía un monstruo, y le empezaba a hablar.  El hermano se acercó en esta escena psicodélica al monstruo y le preguntó ¿Quién te envió? ¿por qué estás aquí? El pequeño ser se despegó de Rotemiro y subió a una carroza diminuta, le hizo la señal a ambos para que lo siguieran.  Empezaron a caminar con él.  Había una casa con la puerta abierta, entraron.  Rotemiro se vio junto a su hermano, ambos sentados con otros amigos, tomando cerveza, hablando de un partido de futbol, todos muy contentos.  En eso recordó ese episodio de su vida, se sentía muy feliz.  Pero veía que tomaba sin parar, ya llevaba varias latas encima y seguía tomando.  Hasta que se para y discute con su hermano por un problema familiar, no recuerda cuál. Intempestivamente sale a encender un vehículo grande, algo así como un cabezal, detrás de él, salió su esposa y su hijo pequeño, le decían que se detuviera para irse con él.  Rotemiro estaba completamente idiotizado por el alcohol.  Retrocedió sin prestar atención y después se fue por la calle que llegó. 

Todo se oscureció para Rotemiro de nuevo, volvió a ver a Fantasio y salieron de aquella casa.  El pequeño ser los esperaba para llevarlos a otro lugar, ahora era una puerta gigante, como la de un parqueo de camiones.  Ahí, Rotemiro se veía a sí mismo durmiendo por el efecto del alcohol. Ya llevaba horas de dormir cuando de pronto, abrió los ojos, se bajó todavía en estado de ebriedad.  Se acercó a la parte trasera del camión y vio uno de los juguetes de su hijo trabado en la carrocería.  Después, vio sangre y… pedazos de ropa del mismo color que usaba su esposa.

Rotemiro que presenciaba la escena se quedó frío, parecía que iba a empezar a convulsionar.  El hermano Fantasio lo abrazo y llevó a otro lugar.  Estaban comprendiendo lo que había pasado.  Rotemiro había atropellado a su esposa y a su pequeño hijo. Pero todavía faltaba más. 

Aparecieron unas gradas en las que bajaron para llegar a otra puerta.  Al abrirla, estaba la escena del hijo y la esposa de Rotemiro muertos, pero había una tercera persona.  Quien estaba ahí era la esposa de su hermano, quien salió corriendo a hacerle señas que se detuviera, sin embargo, la había golpeado con las ruedas.  El golpe fue de tal magnitud que la hizo abortar al pequeño que llevaba dentro, pues ya tenía 7 meses de gestación. 

El hermano Fantasio presenciaba todo y de nuevo preguntó al pequeño ser ¿quién lo había enviado? A lo que este respondió “nadie”, yo soy la culpa de Rotemiro, era la única forma que él tiene de sobrevivir, porque los errores que cometió fueron muchos.  Ahora que ya los sabe y recordó, no sé cómo le va a hacer.  Yo desapareceré.

Después de 12 horas de dormir Rotemiro despertó.  Vio lo que había a su alrededor, y también al hermano Fantasio.  Este le dijo que había sido un viaje muy intenso y que ya no tenía la maldición del monito encima.  Rotemiro lo vio y con una sonrisa triste, le dio las gracias, prometió que le iba a pagar cuando pudiera.  Empezó a caminar con la mirada clavada en el piso, llegó a la calle y se detuvo para cruzarla.  El Transmetro estaba a 15 metros de llegar a su parada, de pronto, Rotemiro corrió para subirse, pero de algún lugar salió un pequeño niño… Rotemiro para no lastimarlo intentó esquivarlo, pero tropezó con él y cayó frente al bus articulado, el cual no tuvo tiempo de frenar y le aplastó la cabeza y el tórax matándolo inmediatamente.

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