De encuarentenados e histeria colectiva

A veces, creo que ya no me sorprende nada, luego alguien habla y ¡boom! Escucho una nueva estupidez que nunca se me había ocurrido. Así, cada día de mi vida se vuelve una montaña rusa y la constante ¿Y ahora qué dirá este pedazo de gente que tengo frente a mí?

Fotografía de Fernando Chuy

Estamos aún en los inicios de una nueva década, unos dirán que no, que empieza en el 2021, otros concordarán conmigo, es lo de menos. En enero nos golpeó la latente probabilidad de guerra entre Irán y los Younais por haber asesinado al general iraní Qasem Soleimani, que podría o no meter a más actores políticos a nivel mundial llegando a la magnitud de una WWIII –Tercera guerra mundial, pues–, luego la muerte de la estrella de la NBA, Kobe Bryant (para ser sincera, no sabía de su existencia hasta que “colgó los tenis”, así de triste la cosa), empieza a sonar un virus desconocido que surge en China y una muy posible recesión económica a nivel global, peor que la del 2008.

Para este nivel, todo parece ser un caos, un presagio de Los Simpson o una cruel película de Joligwud en la que, como ya sabíamos, los gringos no van a salvar el mundo afortunada y lamentablemente.  Misteriosos son los caminos del señor y de la industria cinematográfica que nos mostraron tantas licas de pandemias y aliens para que siempre no hagamos caso y recurramos a la histeria colectiva.

Más allá de si son presagios, teorías conspirativas y esas ondas, la coyuntura muestra la realidad de las sociedades, y más preocupante, de les individues. Así, pues, pasando por la cuarentena como medida de prevención y, seamos sinceros, privilegio de clase, viendo películas en el netflis, tomando cursos en línea y sacando chances tipo home office, con mi pareja nos pusimos a ver una película sacada por’ay del 2011, Contagion o Contagio.

Todas las probabilidades estaban en esa pinche y real película, un virus que surge en Asia, que llega a los Yunais, que se riega por todo el mundo de manera rápida, descontrolada y donde la gente no sabía qué hacer. Así justo como estamos ahorita. Las medidas gubernamentales de “encuarentenar” a las personas, gente loca con sus sitios web sobre teorías conspirativas, investigaciones que no avanzan, desabastecimiento, caos, saqueos, violencia, en fin, la histeria colectiva.

Más allá de decirnos qué hacer o algo, la lica nos muestra de una manera tan real que la gente no piensa en la colectividad, sino desde el egoísmo y la clase social en la que se encuentran. Andan viendo cómo se encaraman sobre los demás para obtener cosas, no por cuestiones de vida o muerte, sino para estar cómodos. Claro, también se pelean por la comida y posibles curas milagrosas como animales. Parece un retrato exacto y avanzado de lo que estamos viviendo.

Muchos estamos en nuestras casas pasando el tiempo de cuarentena, pero afuera están muchos más tratando de obtener su sustento diario, porque así es la mayoría de la población guatemalteca, viviendo al día por lo que puedan obtener de la economía informal que al final, sostiene al país, gente que no puede darse el lujo de faltar a su trabajo porque le descuentan el día, entonces se las ingenia y se las rifa para llegar, aunque no haya transporte público urbano ni extraurbano. Pagando hasta un 100% a 200% más el pasaje porque siempre hay gente “más buza” que le saca provecho a la situación.

Es triste y realmente decepcionante cómo la gente también ha ido a acaparar las cosas a los supermercados. Salimos sólo a comprar lo esencial, ya saben, algunas cervezas, leche, verduras, etc., y necesitábamos papel higiénico, no porque estuviéramos imitando las actitudes estúpidas de los vecinos al comprar tres paquetes, sino porque de verdad se nos había acabado. Ahí estaban les peleles llenando sus carritos a tope, con apariencia grotesca y apurando a las personas que atendían en caja, algo que los hacía ver todavía más estúpidos de lo que ya son por creer en las noticias falsas y quizá pensar que el virus da cagasón, who knows.

Cualquier onda, seguiremos informando y recuerden, muchachada privilegiada con internet y esmartfon, deben lavarse las manos, y por favor, no salgan de sus casas. Por la gran puta.

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