De “pérfidos judíos” a “oremos por Israel”

Vaya como punto de inicio, una abominación, mantra o maldición al estilo de las tumbas egipcias, para que sus deseos para mí al leer esto se les reviertan y multipliquen en sus vidas. ¡Amén! ¡Y que Huawei de los ejércitos me proteja!

Moralitos haciendo puntos con Israel.

En esta Nueva Jerusalén de la Asunción —no por la virgen sino por Eliseo—, la llegada del neopentecostalismo hizo que se cambiaran los nombres, entonces la tienda de barrio que antes se llamaba “San José”, ahora es Even Ezer; la tortillería Santa Marta, ahora es “Jeroboam” y la abarrotería “San Juan” ahora es “Las trompetas de Jericó”. Y así como se mudaron los nombres según las nuevas creencias, de igual modo cambiará la toponimia de estos bellos parajes, porque la mentalidad cambió de parámetros desde hace ratos.

Pero antes de la irrupción de las ideas evangelistas neopentecostales y antes de que la Iglesia Católica se plegara al lobby judío, los ahora neojerosolimitanos decían en las oraciones de los viernes santos “oremos por los pérfidos judíos”. La fórmula era: “recemos por los pérfidos judíos para que se elimine su ceguera y puedan ver la verdad de tu luz, que es Cristo, y así salgan de las tinieblas”. Las abuelitas y abuelitos de quienes ahora están en cadenas de oración por Israel, rezaban esto y se quedaban tan panchos, porque, desde su visión, hacían un gran bien pidiendo a Dios por el pueblo deicida; los judíos, según ellos, habían matado a Jesús, a Dios. Y así estábamos hasta hace poco.

Erizaba la piel escuchar aquella oración en los oficios de Viernes Santo en los que contemplábamos aquel Dios inerte, muerto en la cruz por culpa de los judíos. Sacando espuma de la boca de la cólera la grey gritaba: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Ahí salía la horda guatemalteca de antes, a ver los pasos de las procesiones donde los judíos con caras malas representaban aquella escena, y no faltaba más de un exaltado que profería palabras altisonantes a aquellas representaciones en arcilla.

Pero de repente, sin decir agua va, con el sigilo de los felinos, empezó a operar un cambio. De pérfidos, los judíos pasaron a ser “nuestros hermanos mayores”, y, de rezar por su perfidia, ahora se reza por ellos a secas sin calificativo alguno, aunque se pide veladamente que reconozcan a Jesús como el mesías prometido. Porque los judíos no reconocen a Jesús, s más, se empeñan en decir que no vino y tal.

La Guatemala antañona tenía a los judíos por esos pérfidos mencionados los Viernes Santos, pero, colados como ladrones nocturnos, fueron apareciendo los —llamémosles— “israelisantes” … Aquellos que centran sus creencias precisamente en el Estado de Israel. Pareciera que Moisés junto a las tablas de la ley, bajó del monte Horeb con la bandera de Israel, que ahora flamea en todas las iglesias evangélicas, en casas y en calcomanías de carros; las hay de todos los tamaños, desde las normalitas, hasta gigantescas como la que ondea en la salida a la Antigua por la Roosevelt. También aparecen personajes con kipa (el gorrito judío) que antes eran impensables en el paisaje urbano de la Ciudad del Futuro.

Y en esa vorágine de lo absurdo, que arrastra hasta católicos despistados que no saben que antes se rezaba por la conversión de los “pérfidos judíos”, encontramos esas cadenitas de oración por Israel. No importa que tenga uno de los ejércitos más poderosos de mundo, apoyado militarmente por las potencias que ahora justifican una masacre más contra los palestinos, lo importante es, en su mentecita neojerosolomitana, orar por el agresor, porque son señales evidentísimas de la VENIDA de Jesús… Un revolcado mental infumable que pone a la par a Jesús con el dios sanguinario del Antiguo Testamento…

Y ahí los tienen pidiendo cadenas de oración, me imagino que ayunos también, y los más prestos hasta pidiendo sacrificio de sangre —¡cuidado si tienen crianza de corderos porque se les pueden desaparecer unos cuantos! —. Seguro se escucharán cuernos a lo Josué resonar por los 4 puntos cardinales de esta nueva Israel que es Miwate, la de predilección de Yaweh Jeroboam y más epítetos del Antiguo Testamento que puedan encontrar.

Ignorantes de todo conocimiento histórico, carentes de toda capacidad de raciocinio, se lanzan a defender lo que desconocen, sin saber que son instrumento de los que cortan el bacalao. Atrévanse a decir que el Estado de Israel es asesino en Facebook y verán la censura, pero escriban que orarán por Israel y hasta estrellita les mandan… ¿Por qué? Queda abierta la pregunta.

“Perdónalos porque no saben lo que hacen” dijo Jesús clavado en la cruz, al ver que los otros estaban —ora sí que ojo al cristo— vigilando que no se fueran a robar el cadáver. “Y al ver la ciudad lloró y dijo que no quedaría piedra sobre piedra”, lo dijo Jesús, al que se supone los cristianos adoran como Dios. En esas escenas finales se vislumbra que el Colochón no se llevaba muy bien con los israelitas y, menos, con Jerusalén. ¡Y es que ahí lo iban a clavar! —¡nunca mejor dicho!—. Pero ahora las tornas cambiaron y se considera que es de buen “cristiano”, orar por Israel.

“Es que los palestinos son malos” dicen los israelomiwatecos, sin considerar otra opción que no sea la que dictan los telepredicadores y los folletitos de las iglesias evangélicas y de las escuelas bíblicas.

Si Jesús levantara la cabeza y viera lo que dicen sus seguidores… En fin que los israelomiwatecos oran por Israel, mientras el hambre, la miseria, el desempleo y los males propios de aquí, les importan un pimiento.

Giammanetti de gira por Medio Oriente.