¿Dónde jugarán las niñas?

Mire señora, agarre bien su cartera, no conoce este barrio, aquí asaltan a cualquiera.

Willie Colón

Fotografía de Javier Herrera

 

Mi nombre es Felipe y antes de que terminara así, hubo un tiempo en el que yo ¡Já!, B-R-I-L-L-A-B-A, no estaba tan mal, antes de que la voz se me fuera, antes que todos los de a lado se murieran, antes que el mundo cambiara tanto, antes já, antes era otro rollo.

Al turista lo confundían con un gringo pero los que le ponían más atención sabían que era europeo. La primera vez que escuché de esos dos fue por Marisa, fue ella la que me contó que no era uno sino dos y que tenían planta de malotes de esos de película hollywoodense, preparando un desarmador estaba, cuando llegó la nueva, que hay un gringo y un italiano que alquilaron una casa en “Buena Verde”. Por el ambiente del lugar muchos extranjeros se dejan venir a pesar que está  a quinientos kilómetros al norte de la capital, tiene un lago y está custodiado por dos volcanes, llueve poco y la temperatura por lo habitual está arriba de los 30 grados; yo atendía un bar cerca de la salida de la isla; la primera vez que los vi sentí algo, que no puedo explicarles, es como que tu sistema de supervivencia se activa y te avisa de alguna amenaza, el italiano dijo llamarse Marcelo y el gringo nunca hablaba, al rato me enteré que le decían John, la bulla era que los extranjeros iban a construir una escuela para los más necesitados, traían dinero de no sé qué organización internacional y según las señoras del lugar, pintaba bueno, porque aquí todo lo que ofrece el narco y los extranjeros tiene más peso que lo que diga el gobierno. Ya me estaban convenciendo cuando Marisa dijo que regresaría por la mañana que me tenía que contar algo muy secreto, algo de lo que si no teníamos cuidado nos costaría la vida.

Pensé muchas cosas, primero creí que se trataba de una nueva extorción, luego imaginé que la competencia nos propondría comprar el bar, después de todo era bastante pequeño pero aun así siempre nos entraba mucha gente, también mi mente me jugó la vuelta creyendo que Marisa me regalaría una noche desenfrenada de sexo sin prejuicios y lleno de aventuras abismales; pero no fue así, cuando por la mañana desperté luego de dormir un par de horas, la dueña del bar “ Las Puertas” dijo: Vos, tengo algo muy delicado que necesito contarle a alguien y no sé qué hacer, no confió en la policía.

Mientras intentaba enfocarme en Marisa, una memoria USB blanca que jugaba entre sus dedos secuestró mi atención… y mi vida se fue a la mierda el día que dejé entrar a esas putas al bar, remató somatando la mesa de la barra con la USB.

Las edecanes a las que se refería, eran la principal atracción del lugar. Todos llegaban porque ellas se mantenían atentas a algún posible cliente (generalmente hombres con cadenas y relojes de oro, camisas de seda fluorescente  y camionetas blindadas con aspecto del cartel de los Salamanca allá en Albuquerque) según sé yo, la policía cobraba su cuota y la municipalidad otra, los primeros no chingaban en busca de drogas, indocumentados, o menores de edad y los segundos ignoraban las quejas de los vecinos por el ruido, balaceras y demás relajos.

 

Marisa suspiró ¿Por qué Dios permite tanta maldad vos? y se marchó. Cerré bien el bar y asumí que debía revisar la memoria. He visto cosas desagradables, pero eso sí lastimó mis sentidos. No sé ni cómo describirles, lo que había en esos videos…

Cuando cumplí la mayoría de edad abandoné mi casa y me fui a vagar por el mundo. Conocí muchos lugares de las Américas. Solo no conozco Uruguay, Brasil y Argentina, llegué hasta Alaska, pasé 4 años viajando y a la isla llegué por cosas del destino o mala suerte diría mi padre, pero siempre creí que moriría ahí, era un lugar paradisiaco, envidiable, nadie quiere dejar ese lugar luego que lo conocerlo; es hermoso o al menos así lo recuerdo.

El día que mataron a Marisa, me puse como loco, la vincularon a un instrumento político de izquierda y dijeron que estaba metida en cosas malas; es raro, pues todos sabían lo que sucedía en la isla, pero nadie se atrevía a hablar; cuando recién llegué, sentí lástima por una señora que vendía elotes asados en la salida del aeropuerto, su venta era precaria pero recién me vio dijo que ella vendía diversión, yo no muy le entendí hasta que me lo explicaron en el bar.

¿Te has preguntado qué vienen a hacer esos viejos solos a estos lugares pobres?; ¿por qué rentan habitaciones y se mezclan con los lugareños, son hombres de mucho dinero, qué buscan aquí, que no encuentran en sus países de primer mundo?

Luego de la muerte de Marisa cerraron el negocio, la plata que había ahorrado se me fue en pagar deudas atrasadas y sobrevivir un par de meses, también sirvió para investigar un poco sobre el contenido de aquella memoria, puedo decirles con total confianza que recabé mucha información. Lo último que tenía  en mi cuenta lo gasté en un cuete y un buen día me encargué de la venta de elotes allá por zona 13, (en ese lugar encontré un álbum de fotografías que decía “Escuela Mixta Dr. José Morales Morales”). Luego me fui a buscar al gringo y al italiano iba dispuesto a acabar con todo, pero ellos me encontraron primero, me secuestraron, torturaron y me hicieron cosas que me da vergüenza contar, y para mi mala suerte no me quitaron la vida,  regresé a la ciudad, vivo con miedo, no me pude recuperar, sé que hablo solo, sé que ahora los años pasaron y que muchos al pasar a mi lado me consideran loco, pero si ustedes hubieran visto lo que yo vi hubieran vivido lo que me hicieron, no me echarían agua cuando me encuentran dormido en su banqueta. Una vez la razón visitó mi cuerpo deteriorado, leí, pregunté y me enteré que aquellos dos turistas aún viven allá y tienen una escuela y que los niños más necesitados son la diversión de los visitantes del lugar;  sólo Dios sabe por qué permite tanta maldad.

 

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