El arte del asesinato político

 

Monseñor Juan José Gerardi Conedera

Está de más alentar al público a que mire el documental; si un asesinato político de esa envergadura no despierta curiosidad, nada lo hará. Lo que sobra señalar es que la historia reciente del país es una deuda con su futuro. El caso Gerardi no se resolvió metiendo a unos militares a la cárcel. Los perpetradores son siempre la última vértebra de un sistema fincado en la impunidad; máquinas asesinas que, al fin y al cabo, no pueden escapar de su rol histórico. Ciertamente, la condena del capitán fue mucho mejor que ver preso a Balú (¿qué fue de Balú?), pero los que dieron las órdenes vivieron felices por siempre. Es secreto popular la participación de cierto personaje oscuro pero carismático de nuestra trama nacional, que se llevó su legado de impunidad a la tumba.

El asesinato del capitán Lima es otra prueba de que vivimos el reinado de la incertidumbre, y hubiera sido clave agregar ese evento al epílogo del documental, recordatorio de que los asesinatos políticos están a la orden del día.

La muerte de Gerardi fue una más dentro de la estadística mal contada de los actos de aniquilación política que tuvieron comienzo hacia 1954, cuando Estados Unidos derrocó al proyecto político arbencista que amenazaba con dar una verdadera independencia al país luego de siglos de infamia. Agradezcamos eternamente al país del norte haber dejado las riendas del país al anticomunismo organizado que cimentó un paisucho de traidores, esbirros y orejas, y al sistema de terror y poderes ocultos que supone un Estado dirigido por esta calaña.

Es de ese terrorismo estatal, en su versión asesinato selectivo y poderes ocultos, de lo que trata El arte del asesinato político, libro de Francisco Goldman, y el documental homónimo producido por George Clooney, adecuación simplificada para la generación audiovisual que, si bien nos va, mirará la película para no tener que leer, actividad cada día más impopular en este país. No es casualidad que las primeras hazañas de los contrarrevolucionarios anticomunistas hayan consistido en la incineración de libros, artefactos peligrosísimos cuando están escritos por las personas indicadas.

Está de más alentar al público a reivindicar el nombre de monseñor Gerardi; tal cosa implicaría acabar con las injusticias que fueron las causas de la guerra. Ver un documental es más fácil.

Nota del editor: Si quieren ver el documental, aquí les dejamos un enlace para descargarlo de una bikinis.

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