El jardín de los ciervos en ciudad de Guatemala

Este texto tenía que ver la luz en los tiempos de FILGUA, pero como ya sabrán, las carencias a las que está sometida la clase obrera de este hermoso y violento país…

Patricio Sturlese durante la presentación de su novela más reciente en ciudad de Guatemala. Fotografía de Javier Herrera

No teníamos para comprar el más reciente trabajo de este individuo que se dejó ver por la tierra del atol blanco y el tamal con pasas. No obstante, el Barbas jamás nos abandona y conseguimos el libro, Luego de leerlo y conversar con el autor, les dejamos estas humildes letras para que sepan por dónde va el asunto.

¿Qué nos ofrece en esta novela un ex jardinero, amante del black metal noruego, estudiante de teología e investigador de historia eclesiástica de nacionalidad argentina, con una inquietud profunda por la escritura gótica?

De Patricio ya rato que venimos viendo su nombre hirviendo en las librerías de ciudad de Guatemala, pero ¿Quién se anima a leer una novela que reza las cuatrocientas páginas? (Que no sea el Quijote o Los Miserables o de perdida 2666 de Bolaño) y que amenaza con hablar de iglesias, sectas y brujos organizados.

Al principio nuestro errado pensamiento nos haría dudar del por qué las élites que manejan y tejen, siempre nos traerán libros que son fáciles de leer, pero no aportan nada a quien los lee, libros con historias limpias y finales felices, libros donde el amor siempre triunfa y el dolor es pasajero, casi irreal entre tanta porquería bien escrita y muy bien publicitada tambien hay novelas a las que vale la pena invertirle un par de días, sumergirse a leer.

Este será el caso de Sturlese, un cuarentón del sur de las Américas con aspecto de investigador francés o belga, con una mirada pacífica, nariz destacada y tres segundos programados de análisis antes de pronunciar cada palabra, si vos no has visto una foto o leído al menos una de sus obras y estas letras te sirven de referencia, te digo que es un tipo sencillo, de esos que tenés en frente e imaginás que están fabricando un apocalipsis en su interior sin decir una palabra.

Del proceso de creación de la novela habló más bien poco, dijo que se trata de años escribiendo por las noches; de Guatemala mencionó que viene cuando debe; aunque el nombre de este país ya había irrumpido en su mente desde niño; de leer nombró a Dumas y Stoker, tambien le fascina la historia; su primer libro vio la luz gracias a las malas decisiones tomadas por los dirigentes de la tierra que lo vio nacer, una crisis lo llevó a buscar en las letras una salida similar al alivio que le produce…

Fue cauteloso cuando se le cuestionó sobre el futuro en el cine o en la pantalla pequeña; fue amable con nosotros a pesar de nuestra ya conocida e inevitable manera de “organizar”. Como casi siempre, no avisamos de nuestra llegada, pero igual nos atendió.

De los libros solo les diremos que hay que leerlos, las cuatro novelas valen la pena.

Con Patricio nos despedimos de la misma manera que nos presentamos, con un abrazo fuerte y un apretón de manos.

¡Quedamos que a próxima vez iríamos por una cerveza!

Fotografía de Javier Herrera

(Ese fue el indicador de que no lo volveríamos a ver jamás.)

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