El mejor café del mundo

Yo sé que nunca llegaré a ganar un concurso de barista, ni tampoco voy a convertirme en un catador experto que con circunspecto semblante pueda diferenciar entre robusto o arábico. Pero sí, efectivamente me considero un amante del café, un adicto que sin culpabilidad alguna lo admite y lo presume, (indiscutiblemente más que el cigarro) si bien no tomo café de especialidad todos los días y generalmente disfruto de un instantáneo en mis mañanas sin excepción alguna, a cualquier lugar que voy: restaurante, casa o incluso si me invitaran a una reunión mormona siempre pediré un café cargado con casi nada de azúcar y empezaré por sentir ese aroma, esas tonalidades que simplemente me dan placer, luego el sabor, la temperatura, esa intensidad, la amargura y acidez o dulzura, es inexplicable, siempre descubro algo nuevo, todas las mañanas debo cumplir ese ritual, es obligatorio,  y más cuando escribo, leo, canto o veo una buena peli (Submarine, Blue Valentine, Ceremony etc.) de madrugada, a veces con música, leche o cigarro.

Es posible que también mi fanatismo sea porque nací en un lugar que en alguna época exportaba el mejor café del mundo, los mejores granos de Centroamérica, según Regina Wagner en su libro “Los alemanes en Guatemala”, estando incluso por delante de Brasil y Colombia, no estoy exagerando, la finca Chocolá en San Pablo Jocopilas, Suchitepéquez, era una de las más importantes, también aquí, José Guardiola inventó una secadora automática que permitía secar los granos de manera rápida y uniforme dándole un plus por encima de todos sus competidores, siendo una revolución a nivel mundial (Historias Cafeteras: Josep Guardiola, el indiano inventor, FórumCafé).

Pero la historia no se queda solo ahí, aproximadamente ochenta años después, el mundo volvió a centrarse en este lugar, pues en 1962, la técnica de injerto de café, concebida en Chocolá, por el guatemalteco Efraín Humberto Reyna, que se denomina método hipocotiledonar y es comúnmente conocido como injerto método “Reyna” fue otra revolución en el mundo caficultor, y aquí es a donde quería llegar, aclarando antes que no quiero desmeritar ni calumniar a nadie.

Don Cristóbal Balux. Fotografía de Soren de León

Hace un año mientras realizaba una investigación para la realización de un cortometraje, me tocó entrevistar a don Cristóbal Balux, me dijeron que él sabía mucho acerca de la historia del café de la aldea Chocolá, después de indagar, me entero que fue el encargado de realizar las pruebas del injerto, algunas personas me aseguraron que fue él quien realmente experimentó, perfeccionó y concibió el método.

El día de la entrevista todo surgió según protocolo. Setenta y seis años de edad, solo cursó tercero primaria, trabajó desde muy pequeño, etcétera. Una persona agradecida con Dios y con la vida, simple, amable, hablaba muy bien de todo, con esa parsimonia de satisfacción de la vida vivida y cómo no, si es parte de una historia mundial. Pero yo estaba inconforme, volvía a tocar el tema, esperaba escuchar de él algo que me confirmara su autoría en el método; para mí el descubrimiento que realizó merece la orden del quetzal, que la Asociación Nacional del Café le rinda homenajes cada año, que viaje por el mundo dando charlas de cómo lo concibió, pero no, él estaba ahí sentado, sin remordimiento alguno, pacífico.  Seguí insistiendo y nada, de hecho, se refería aún como “jefe” al hablar del ingeniero agrónomo Humberto Reyna (que personalmente creo no merecía todo el crédito).

Fotografía de Soren de León

Quizás estaba formulando mal mi pregunta, y volví a insistir. Pero no, no encontré lo que uno acostumbra encontrar en la mayoría de personas y fue ahí donde caí en la cuenta que él era un hombre íntegro, me hizo recordar las palabras de Ernesto Sábato cuando decía que un hombre íntegro es aquel que enseña teoría de la relatividad por las mañanas y por las tardes ordeña vacas, eso es lo que engrandece a un ser humano y es lo que tenemos que aprender, como decía Pepe Mujica: “¿Qué es el legado de un tipo en el universo? Somos menos que un piojo. El legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores. Triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno se cae.”

 


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