El miedo de vivir y la plenitud ante la muerte: lo contemporáneo en el arte de la guerra y la posguerra

Fotografía de Ameno Córdova

-I-

Crear es disentir, subvertir, quebrar los linderos del lenguaje, es decir, del poder. ¿Cómo se produjo esa ecuación en la guerra y la posguerra? ¿De qué manera los artistas confrontaron la parodia sanguinaria de la represión masiva y selectiva -primero-, y el desafío de la incertidumbre, las heridas heredadas, la necesidad de reinventar el destino humano y redefinir el lugar del arte -después-?

Hacía falta construir nuevo pensamiento, nuevas ideas, nuevas estrategias discursivas y curatoriales para nuevas formas de creación, resistencia y disidencia. ¿Qué tanto fuimos capaces de hacerlo y disolver el YO imperativo de los creadores en un NOSOTROS renovado, atento al porvenir? ¿De qué manera la crítica implícita de la creación artística de la guerra -cruda y directa en la mayoría de casos, fina e irónica en los menos- devino crítica compleja capaz de distinguir los viejos de los nuevos pivotes del poder?

El YO y el NOSOTROS de la disidencia. Todo en Guatemala y el arte era un espacio de crueldad. Esa y no otra era la figura de lo real-imaginado. Y no hacían falta concepciones sofisticadas para entender que basta un sólo cuerpo desnudo para recordar que la herida es la prueba de la necesidad del arte y la disidencia (y que la realidad es la prueba del cuerpo). El artista como cuerpo individuado y producción anónima de una nueva idea de la vida.

El arte en su conjunto está sobredeterminado por el uso de los pronombres: VOS, YO, NOSOTROS, USTEDES, LOS OTROS. En la Guatemala de la guerra, el arte de la disidencia adoptó las estrategias de la lucha política y la rebelión; en la posguerra las figuras de la curaduría metropolitana o lo que estaba de moda. No obstante, en muchos casos de una y otra etapa consiguió sobreponerse a la impostura; reinventarse y superar lo peyorativo de las pretensiones vanguardistas mal asimiladas en nuestra “posmodernidad de pacas”.

-II-

Reescribir la historia fue apenas uno de los cauces presentes en los nuevos lenguajes artisticos, las nuevas miradas y aspiraciones. Y para ello hacía falta conocer esa historia de crueldades y orgasmos proscritos, cercana en el tiempo pero lejana en sus motivaciones profundas.

¿Cuál fue / cuál es / la vigencia de la “disidencia”? Disidencia frente a los viejos cánones artísticos. Disidencia frente al poder y los discursos hegemónicos de la derecha y de la vieja izquierda política y artística que, de espaldas a la crítica, falló en trasladar al presente las lecciones de su impronta; en renovar sus imágenes visuales, sus puestas en escena, sus canciones, sus poemas.

Una parte significativa de la promisoria renovación y “tensión artística” generacional de la posguerra -de lo contemporáneo en el arte del nuevo siglo- sucumbió al narcisismo; se aisló y no dialogó con las manifestaciones contraculturales emergentes de tipo politico, renunciando a la crítica en favor de la autocomplascencia y el mesianismo esteticista (aún cuando sus piezas se presentaban –y todavía lo hacen– como proclamas en contra del racismo, la vejación y el engaño).

La ciudad se llenó de poetas decorativos/as, políticamente correctos/as, más útiles a la agenda de los campus universitarios democráticos del primer mundo que al asombro y la toma de conciencia de la población.

Hubo artistas, grupos, propuestas que superaron el desafío inicial del parto o la reinvención. Unos de la mano de propuestas curatoriales calificadas, de aliento académico, no pocas veces –aunque no siempre, por suerte– subordinadas a las coordenadas de las metrópolis (sus teóricos, sus premisas formales, sus bienales) y otros al margen de ellas, de manera ecléctica e insubordinada; es decir “disidente” en toda la extensión de la palabra.

-III-

El arte de la disidencia equivale a un manifiesto en constante renovación. Y en el fondo de sus laberintos subyace la cuestión crucial del tiempo. Estamos hechos de tiempo. De que toda obra es la reconstrucción del pasado, la reinvención del presente, la prefiguración simbólica de un futuro indeterminado. De una búsqueda incansable de puntos de encuentro y unidad entre el miedo de vivir y la plenitud frente a la muerte.

Estas notas guiaron la intervención del autor en la mesa sobre disidencia del simposio de arte que tuvo lugar en el Centro Cultural de España en agosto de 2019.

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