En este infiernito todos somos hijos de puta

En este y en cualquier otro universo paralelo hay gente mierda que no lo aparenta y gente mierda que no tiene pena de serlo. ¡Misteriosos son los caminos del senyor Yisuscraist!

Hace unos días, aprovechando lo que es y viene siendo la cuarentena, nos pusimos con mi pareja a ver una serie que, según nosotros, no tendría nada que ver con la pandemia del covid-19. Parecía prometedora, una comedia hecha por ‘ay del 2018 en los yunais, The Good Place o El Buen Lugar.

Todo empieza cuando una chava muere y termina en el paraíso o the good place por equivocación, porque, así como lo dicen en mi tierra, era bien mierda. Ella conoce a quien supuestamente sería su alma gemela y lo convence para que la ayude a ser mejor persona. La cuestión es que no era la única que estaba en ese lugar por error, también había más majes que fueron ciudadanos no ejemplares y otros que pensaban que sí lo eran, pero resulta que siempre no porque su “altruismo”, “buena voluntad”, “solidaridad” y “bondad” eran utilizadas para ser reconocidos por esas cualidades, para obtener algo a cambio o simplemente para satisfacer su egoísmo disfrazado en interés en los demás.

Fotografía de Ameno Córdova

Parece chiste, pero es anécdota

Considero que no se aparta mucho de la realidad que nos tocó vivir, donde, como buenos no-nativos digitales nos desarrollamos entorno a lo que sucede en las redes sociales. Vivimos bombardeados constantemente por críticas, opiniones, denuncias, diario vivir, “entrenadores de vida”, entre otras joyas. Ideas impuestas de que no somos lo suficientemente buenos en lo que hacemos, que siempre habrá alguien mejor y que de alguna u otra forma tenemos que superarle.

Las redes sociales nos han impactado tanto y de diversas maneras que queremos aparentar algo que no somos, queremos que todos vean nuestras relaciones “perfectas”, con fotos ahí todas culerinskys y textos cursis de más de 1,000 palabras, que andamos constantemente de viaje, que tenemos el dreamjob, que somos solidarios, que somos unos anarquistas, que tenemos “consciencia social” y así…

A veces me pregunto ¿La mara que anda publicando sus buenas acciones para recibir laics y felicitaciones es buena realmente y se va a ir al good place o simplemente es gente mierda disfrazada aprovechándose de la oportunidad? Hay de todo en los senderos del yisuscraist, sin dejar de mencionar a los revolucionarios de cartón, esos que piden justicia pero conociéndoles más a fondo, siguen siendo la misma escoria pero escondiéndose tras la imagen que quieren proyectar en la gente. ¡Lo sabré yo que conozco a tantos!

Todo esto trae a colación un sabio dicho que una vez el Javi me dijo: “Hay gente hijueputa que no tiene miedo ni vergüenza de que la gente se entere que son así, y luego están los solapados, pero todos somos hijueputas”. Sabias palabras del muchacho incógnito que conoce a todos, pero nadie lo conoce a él. Creo que tiene razón.

También es bueno cuestionarnos si ¿Estamos haciendo cosas buenas para la gente o sólo las estamos haciendo y nosotros estamos recibiendo el crédito? Todos hemos sido mierdas en algún momento, negarlo es negar nuestra propia existencia y naturaleza. Ya, no va a faltar el solidario que salga a reclamar que no es así y se va a golpear el pecho igual que los que nos vendieron la idea de un cielo y un infierno. ¿De verdad creemos eso? Yo desde pequeña siempre pensé que ya estábamos en el averno,  pagando todo lo que hicimos en vidas pasadas y Chusito nos estaba dando la oportunidad de enmendar los cagadales, pero no. Ahí seguimos tercos como mulas cagándola aún más.

Pero como dicen, si los pecados y las drogas no fueran tan buenas, nadie los estuviera haciendo o se las estuviera metiendo. ¡Jaleluya!

Regresando a la cuestión de la pandemia y cuarentena, las crisis políticas, económicas y sociales que están sucediendo en el mundo, nunca, repito, NUNCA va a faltar la persona que se “solidarice” con las masas en sus cuentas de Facebook, Twitter e Instagram, poniendo cuadritos de color negro, tirando tuit, haciendo publicaciones que tendrán varios fines, darse a conocer, mostrar su empatía por cinco minutos y brillar como estrellitas en un momento que no les corresponde. Aprovechándose de la vulnerabilidad y de los #hashtags para verse bien concienzudos. ¿Ya vieron? Parafraseando al Ameno (personaje del centro histérico de ciudá de Guaremala) digo, ¡Gente más mierda la que dejó el Mitch!

Postdata. Vean la serie esta que les comenté, al fin y al cabo, ya nos ganamos nuestro pasaje en primera o segunda clase al Infiernito, y no, no hablo de la prisión, pero si son chinches, quizá sí.

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