Es bien pisado eso de ser mujer

Nunca falta el macho que dice: Feliz día criaturas de luz, guerreras, bellas como una flor, y demás cursilerías, cada ocho de marzo, son los mismos que luego nos dicen que somos unas putas; si hacemos exactamente lo que un hombre promedio hace en esta sociedad machista.

Fotografía de María España

Suficiente tenemos, con crecer en este sistema, que nos impone cosas desde antes de nacer. Si es niña, todo es rosado y delicado, hay que cuidarla, porque diosmeguarde que le llegue a pasar algo. Las nenas deben usar vestidos y cuando cumplen 15 años sus primeros taconcitos. Hay que maquillarse, pero no tanto porque podés parecer prostituta. Enseña tu figura con ropa tallada, pero tampoco al punto de mostrar el culo.

Tenemos que ser tibias, porque si somos frías, somos frígidas y si somos hot, unas fáciles. Crecemos cometiendo el error de seguir los prejuicios y estereotipos que nos impusieron. Pelamos, criticamos, envidiamos, humillamos, odiamos. En fin, creemos lo que nos dicen: La enemiga de una mujer es otra mujer. ¡Pajas!

En la medida que nos desarrollamos, las violencias se manifiestan de forma diferente y vamos construyendo consciencia desde el cuestionamiento, nos damos cuenta que las clases de religión de los colegios siempre tienen la imagen de las mujeres sumisas que ponen el cuerpo en sacrificio para satisfacer a un ser supraterrenal y garantizar el bienestar de la población.

Las clases de moral y ética nos muestran escenarios donde la mujer está en desventaja social en comparación con los hombres. En historia, se reconocen más las mediocridades de ciertos personajes, antes que a las mujeres que han sido importantes, en la ciencia abundan nombres de hombres, pero no se  reconoce la relevancia de las mujeres, etcétera.

Fotografía de María España

En básicos, en carrera o en la universidad –si bien nos va-  vivimos la constante insistencia de los compañeros para salir, para ser sus novias, para darles un beso, para dejarnos tocar. Intenciones disfrazadas de falso romanticismo. Era acoso, era violencia sexual contra nosotras, pero ¿qué hacer? Si está tan normalizado en muchos lugares, y lo excusan diciendo son cosas de patojos,  ya se les va a pasar,  nos piden que cedamos, porque  si no, nos van a seguir molestando.

Se sexualizan nuestros cuerpos desde temprana edad, tanto que los hombres empiezan a acosarnos en las calles desde los 9 años, sin importar que vayamos acompañadas de nuestras madres. Para ellos somos presas a las que pueden decir “piropos” de cualquier forma, ¡total! no hay ningún hombre que nos “proteja” o por el que nos deban de respetar, como “su propiedad”.

Recibimos violencia también de otras mujeres, sí. Pero siempre con la justificación de ser enemigas. Crecemos en un entorno de desconfianza, no creemos en los hombres y las amistades resultan ser falsas. Si alguien buena onda aparece, inmediatamente se prende nuestro radar para empezar a desconfiar, porque podrían aprovecharse de nosotras.

Si logramos confiar en una persona, y en algún momento nos hace algo, inmediatamente se buscan justificaciones: el lugar, la hora, qué llevábamos puesto; cosas que se vuelven mucho más importantes que saber cómo nos hicieron sentir. Si no se logra comprobar, somos unas exageradas y mentirosas que andan levantando falsos para desprestigiar la imagen de ese buen hombre.

Si escribimos y hablamos de lo que nos enfrentamos en nuestro diario vivir, no es suficiente. Si bailamos, cantamos lo que vivimos, somos unas ridículas. Si pegamos papeles y rayamos las paredes, nos dicen que esas no son formas. Si nos enojamos y nos organizamos para protestar, para que realmente nos vean y nos escuchen, somos unas extremistas y nos dicen que por ese tipo de cosas damos razón para que nos maten.

Fotografía de María España

Para algunos, las mujeres debemos ser comprensivas, para entender a los maridos. Sensibles, pero no demasiado para que no nos llamen dramáticas. Amables, pero poniendo límites porque si alguien se confunde con nuestra actitud, si eso pasa, se nos culpa. Fuertes, pero no físicamente porque nos llamarían marimachas. Comprometidas, pero sin obsesionarnos, porque seríamos locas. Leales, pero no tanto porque nos pueden tomar por interesadas. Decididas, pero no mucho porque nos pueden tachar de ambiciosas. Valientes, pero cuidado porque nos tachan de raras. Libres, sin llegar a caer en el libertinaje. Educadas, pero nunca más que un hombre porque no debemos humillarlos con nuestros conocimientos. Emprendedoras, pero sin llegar al punto de ser una “neni”. Madres, pero si somos solteras, nos hacen burlas para tratar de humillarnos.

Lo difícil de todo esto es que las mujeres vivimos en una constante violación de nuestros derechos en muchos lugares; en la calle, en nuestros trabajos, en el arte, en la casa, entre nosotras, pero cada vez estamos hablando más de esto y eso está bien.

Debemos dejar de normalizar y someter nuestros cuerpos, nuestra individualidad, nuestra vida como mujeres para agradar al otro porque nunca vamos a ser bien vistas con nada. Seremos juzgadas, hagamos lo que hagamos, nunca será suficiente para los dos extremos. Lo más pisado es que va a seguir sucediendo, pareciera que no va a terminar, pero hay que seguir siendo rebeldes ante todo y todos.

En fin, se nos responsabiliza y culpa de todo lo malo, pero si hacemos algo bien nos dan el mérito a medias. Siempre escuché decir a mis ancestras que la gente no me da de comer, y tienen razón. Mi mamá no me trajo al mundo para que yo complaciera a otras personas, y como yo, hay muchas otras que cada día están levantándose más y haciendo a la gente enojar, ¿y saben qué? Eso para mí es mucho, no va a regresarnos a las que nos quitaron, pero sin duda va a lograr que la gente ya no sea apática… Si una más llega a faltar mañana.

 

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