Green Book, ¿Merecía el Oscar?

Un italoamericano racista (Tony) que se ha quedado sin trabajo, asiste a una entrevista para ser el chofer de un artista de jazz en una gira por el sur de Estados Unidos. Es 1962 y el artista es Don Shirley, un virtuoso afroamericano que busca imponer su dignidad en el área más racista del país.

La película consigue su título de The Negro Motorist Green Book, una guía turística para viajeros afroestadounidenses, escrita por Víctor Hugo Green.

La película toma su título, El libro verde, de un texto del mismo nombre donde estaban recopilados los lugares en los cuales se podían hospedar los negros en el sur durante esa época. Esto lo veremos al principio del filme y no se volverá a tocar el tema nunca más, algo que personalmente me molestó mucho, ya que hubiera sido interesante que ese detalle permaneciera y se profundizara.

 

Estamos ante una obra cinematográfica que no se compromete y evita incomodar al espectador con escenas duras, aun cuando el tema que está tocando es muy complejo y difícil. Un par de veces lanza una escena reflexiva sobre la segregación de la época, sobre un restaurante donde no pueden comer negros o un hotel donde no pueden hospedarse, pero estas escenas son abandonadas rápidamente para volver a lo que verdaderamente importa de la película: la relación entre dos seres humanos completamente diferentes y la construcción de su amistad.

Green Book se exhibe en algunas carteleras de las salas de cine en Guatemala.

De eso se trata en realidad Green Book, de la amistad, aunque nos la vendan como si se tratara del racismo. Todo el reconocimiento y los premios que ha recibido son gracias a las excelentes actuaciones de Mahershala Ali y Viggo Mortensen, que consiguen generar la suficiente química para que nos sintamos conmovidos a medida que sus vínculos emocionales se van haciendo más cercanos.

 

En cada nueva parada, Tony comprende un poco mejor el mundo en el que debe vivir Don y lo injusto que es, pero también lo contrasta con la vida de comodidades económicas que lleva y, respecto a esto, Tony se siente más «negro» que Don.

 

Don es un personaje misterioso, un tipo culto, bien educado y fino que desconoce la cultura popular de «su gente». Este misterio resulta muy atractivo, aunque poco a poco se va cayendo y llegando a lugares comunes, restándole valor a la construcción del personaje. Todos los contrastes que vive crean en Don una crisis de identidad que se resume muy bien en una de sus líneas: No soy lo suficientemente blanco, ni lo suficientemente negro, ni lo suficientemente hombre.

 

Su desenlace es demasiado simple y predecible, rodeado de un ambiente feliz, lleno de moralejas que por el lado de la historia cumple, pues deja el mensaje esperanzador de que podemos conciliar nuestras diferencias y podemos ser mejores personas, pero, por otro lado, tanta condescendencia deja un sabor agridulce y la sensación de que hubiera podido ser una obra memorable con un poco más de compromiso y con menos miedo de incomodar.

 

A pesar de todo esto, me gustó, disfruté el viaje, me encantaron las actuaciones y me hizo reír en algunos momentos. No creo que sea la mejor película del año, es seguro que no está por encima de La favorita, pero también es seguro que es mucho mejor que varias de las películas nominadas.

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