La calentura

En la pasarela que separa la estación central de la terminal de buses por fin me da el aire de y logro apaciguar momentáneamente la calentura que traía en el tren, ya se sabe, no quiere uno pensar en esas cosas y hasta las amigas de Fb le dan a uno una reprimenda constante, ya ubíquese que está viejo, pero las dos tetas que venía mostrando la rubia borracha por la mitad, asidas de manera casi inasible por un mínimo sostén negro me dejaron jadeante como chucho callejero.

Fotografía de El Miljos

Claro, es sábado por la noche, ya casi es jul y uno ni cuenta se había dado de esa fiebre al salir del trabajo, quejándose de la insoportable levedad del lumbago, cuando sendas tetas le pegan un derechazo de Mohamed Alí y lo remiten al desorden.

La amiguita de la tetuda es de pelo castaño pero tiene un rostro tan hermoso como el agua que baja del glaciar de Briksdal, saturada de limo, todo un cauce lechoso que llega hasta lo profundo del fiordo. Su sonrisa bonita ya está pasada de copas y el abajo firmante no puede impedir un sentimiento de paternidad fallida, joer, si así andan las dos a las 21:00 cómo irán a amanecer…

Ya está de más colocarse los auriculares e intentar escuchar música, los cuatro vagones del tren son una fiesta de cabellos rubios y de todos los colores, las maletas de los viajeros tomaron demasiada cafeína en la tarde y vienen bailando mambo.

Cuando el tubo de lata llega a la estación central, la gente anda eufórica caminando en contra de la vía, obsequiando saludos y congratulaciones a todo el mundo, incluyendo a los extranjeros, fenómeno empático de corta duración, spør du meg…

Las rueditas de las maletas en el centro de la estación parecen ratones que buscan mil razones para huir del frío y esconderse en un avión con rumbo a La Gran Canaria.

Hacia la izquierda se van riendotropezando y desaparecen las dos jovencitas borrachas, ojalá encuentren su fiesta, pienso para mis adentros, en mi próxima vida quiero volver a ser huehueteco feo y casaquero pero quiero pedir asilo en Noruega de joven, si no, Paco Vargas.

En la pasarela que separa la estación central de la terminal de buses, decía, me puse a pensar en la posibilidad de escribir un poco; nunca se sabe lo que va a fluir de la pluma-fuente, aunque si uno tiene unos cuantos dineros, sabe que por lo menos del grifo va a fluir cerveza. En el abrevadero muchos ojos me miran curiosos, ésa era en parte la intención de raparme la mitad de la cabeza y dejarme crecer la greña del otro lado obscuro de la luna. No hay modo de que encaje el engranaje de mi apariencia, ni de mi jimi hendrix experiencia aquí, allá o en cualquier parte, pero sigo caminando por la pasarela, mientras la gente se empeña en seguir viajando hacia un lugar que llaman su casa en estas fechas.

Por lo menos me pasó la calentura, curioso que rime con literatura.

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