La casa de Bernarda Alba en el teatro de la UP

Los tacones resuenan sobre las tablas del teatro de la Universidad Popular, así también, el bastón de Bernarda al golpearlo cada vez que se enoja o exige silencio en el salón de la casa. Se trata de todo un clásico de la dramaturgia española ambientado en el amanecer del siglo XX. 

 

Seis sillas rústicas de madera, las rejas al fondo y unas cuantas puertas se dejan ver en el escenario; todo da la impresión que la trama que estamos a punto de observar se desarrollará en una época por allá de principios de 1900, cuando no había energía eléctrica y aún se andaba a caballo para ir a todos lados. La casa de Bernarda Alba es una obra del escritor y dramaturgo español Federico García Lorca,  una de sus últimas creaciones  ya que ni tiempo tuvo de verla sobre los escenarios pues le dieron Palmolive.

Mercedes Arrivillaga (derecha) interpreta a Bernarda Alba. Fotografía de Fernando Chuy

“¡Bernarda, cara de leoparda! Déjame salir” se escucha instantes antes de que se abra el telón, hombres y mujeres con vestimentas negras salen cantando coros dignos de un velorio, y en efecto, falleció el señor de la casa. Bernarda de Alba (interpretada por Mercedes Arrivillaga) es la protagonista de la obra, una madre estricta y controladora con sus cinco hijas solteras cuya edad ronda las treinta primaveras, una situación difícil para cualquier mujer de la época pues muy probablemente se quedaría “vistiendo santos”.

La obra nos muestra la repartición de bienes a cada una de las muchachas. A la más grande le corresponde la mayoría de la herencia. La envidia y el rencor se apoderan de las otras hermanas quienes tenían ya una relación tensa, no obstante todo empeoraría con la aparición de un joven caballero (Pepe, el romano) que empieza a cortejar a Angustias (Mónica Sarmientos), no por su físico desde luego —se trata de la menos agraciada de todas— sino por su dinero y sus innumerables bienes. El hombre es apuesto y se aprovecha de ello, aparte de interesarse por la mayor, también está detrás de la más pequeña y comienza a endulzarle el oído, la menor se enamora locamente de él. Una de las hermanas del medio se percata de lo que está sucediendo y decide seguirla para averiguar más detalles; logra descubrir in fraganti a los amantes, esto provoca un escándalo de grandes dimensiones en el seno familiar que posteriormente conduciría a una tragedia.

La actuación de Mercedes Arrivillaga en el papel de Bernarda Alba fue impecable, tan creíble que logró causar cierta lástima en los espectadores hacia sus hijas que vivían sometidas diariamente a una terrible represión. Las peleas entre las hermanas son una constante a lo largo de la presentación, los comentarios punzantes, las indirectas, las miradas y las cachetadas le dan tono a esta obra de tal modo que el espectador no pierde la atención y el sollozo de asombro fluye en el público.

La puesta en escena es un luto total, el negro prevalece conforme avanzamos en la historia, pues deben pasar los tradicionales ocho años de luto luego de la muerte del padre y esposo; las madrileñas no están en otro lugar que no sea las cabezas de las muchachas, lo único que contrasta entre tanto color fúnebre son los encajes y sábanas que están tejiéndose para la noche de bodas que se aproxima, velada en la que se casará una de las hermanas.

Los tacones resuenan sobre las tablas del escenario, así también, el bastón de Bernarda al golpearlo cada vez que se enoja o exige silencio en el salón de la casa. Se trata de todo un clásico de la dramaturgia española ambientado en el amanecer del siglo XX. Vale la pena pagar por ver este tipo de obras si no se han visto anteriormente, si ya se leyó el libro completo hay que saber que se apega al texto original y  que no habrá variantes más allá de algunos detalles en los vestuarios y escenografía, aparte de eso resulta curiosa la interpretación de cada uno de los artistas, cada quién le pone un toque distintivo.

Fotografía de Fernando Chuy

La dramaturgia siempre será un buen medio para mostrar una problemática tan cotidiana como el machismo, este no fue presentado o practicado por hombres hacia mujeres, sino desde una mujer hacia sus hijas al reproducir mecanismos de opresión, dominación y prejuicios; hasta la fecha se pueden ver las mismas situaciones en las que las mujeres se ven sometidas en la cotidianidad pero la diferencia es que ya no se les normaliza como en la época de nuestros abuelos y padres, al menos así debería ser ¿O me equivoco?

[box type=”warning”] ¡Caigan! Viernes y sábados de mayo de 2017 a partir de las 20:00 horas Sala Manuel Galich del teatro de la Universidad Popular (10 calle 10-32 zona 1, Ciudad de Guatemala) Admisión Q75.00 [/box]

[box] Producción: Palala Arte Producciones Gestión cultural: Gulturala Musicalización : Miguel Ángel Duarte, Staccato Singers Dirección del coro “Victoria”: Julio Santos Dirección: Gerardo Palala[/box]

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