La coneja, los marcianos y la casa de don Gaspar

Fotografía de Javier Herrera

Antes de leer este texto es necesario recordar que existió una época donde el internet y la información no se encontraban en la palma de la mano. Hoy está claro que esas historias de amor de los grandes clásicos de la literatura universal no tendrían el mismo sentido si existiera dentro de sus tramas un iPhone o el Instagram.

Eran cinco los amigos de la cuadra, no había muchos niños en esa colonia, así que conseguir muchachos que coincidieran con el rock era una gran ventaja. El primero en llegar a la reunión fue Héctor, llevaba una mochila con un montón de cosas (dos cintas de tenis, una linterna sin baterías y una brújula que no marcaba el norte) William y Pablo llegaron después, cada uno llevaba un bote de jugo de naranja lleno de agua; René y Diego fueron los últimos en llegar, traían una bolsa de panes con frijol.

La aventura empezaría en cuanto Héctor les revelara el cambio de planes, el destino ya no sería el río sino una casa montaña arriba donde según Héctor, su papá y otros amigos iban a jugar billar. Un lugar aparentemente exclusivo para hombres que al ver a los cinco juntos no les negaría la entrada (todos con 13 años).

El papá de Héctor solía salir todos los viernes a jugar billar con sus amigos después de las ocho de la noche, esto lo confirmaba René, porque su papá era el dueño del depósito que llevaba la cerveza a la casa de la montaña. Todos acordaron que era tiempo de empezar a buscar otros pasatiempos fuera de jugar futbol, juntar para ir a las maquinitas de la calzada o bajar al río que más bien era un desagüe; y envalentonados los cinco futuros machos subieron la montaña tres kilómetros fuera de la colonia, y cruzando terrenos aislados con alambre de púas; llegaron al lugar.

Antes de entrar Diego cuestionó al grupo ¿Y si uno de nuestros papás está ahí?, – No –  dijo Héctor, todos vienen por la noche, solo nosotros estamos aquí a esta hora. Yo subí una vez solo y la mejor hora es por la noche, se llena de carros y encienden las luces. ¡Ahorita no va haber nadie!; Ni siquiera tenemos para pagar una hora de billar dijo William. Héctor contraatacó con un: Pablo trae doscientos cincuenta quetzales que le cobran a su mamá por el bus que lo lleva a al instituto no estoy diciendo que nos lo vamos a gastar todo, pero una hora cuesta quince y si las cosas salen como lo planeé podríamos hasta comprar un par de cervezas.

Si los mira aquí don Gaspar se van a meter en clavos, los perros están sueltos y además este no es lugar para gente de su edad recitó la mujer más linda que hasta ese entonces cualquiera de aquellos púberes había visto en su vida; el solo verla caminar hizo que les reventara el acné y la imaginación despertara debajo de sus pantalones.

Me llamo Lety continuó, pero me dicen “la Coneja”, ¿Qué vienen a buscar?, traemos doscientos quetzales dijo William, queremos tomar un par de cervezas y jugar billar.  La casa de don Gaspar no vende cerveza a menores de edad y la única mesa de billar que hay es para que bailen las putas.

El silencio llegó como diarrea inesperada en casa ajena, nadie sabía qué decir menos qué hacer. ¿Usted es…? dijo Pablo, traemos doscientos quetzales ¡No! dijo Lety, no soy la puta, solo bailo y además mañana me voy, solo estamos de paso con mi sobrino. Vamos para Estados Unidos, pero si me pagan les bailo. ¿Y cuánto cuesta el baile? preguntó Héctor. Doscientos respondió Lety rápidamente. Qué suerte suspiró William.

Todos se sentaron junto a la pared blanca, justo donde estaba la bomba de agua y Lety empezó a bailar de una forma tan intensa que todos los amigos trataron de juntar sus codos con sus piernas para no evidenciar la erupción volcánica en medio de sus piernas. Fueron los cinco minutos más hermosos que cualquiera pudo soñar. Pablo pagó, Lety se fue y juntos caminaron satisfechos en silencio de regreso.

Meses después de aquello, los cuatro amigos visitaban a Pablo, quien no podía salir luego de un misterioso incidente donde se le desapareció el pago del bus escolar; ahí en una televisión gorda fue donde se enteraron de la noticia:  Cierran bar “La casa don Gaspar”, a los muchachos poco les importaba la casa, solo querían saber algo de aquella hermosa señorita que no podían sacar de su mente; la noticia continuaba…

…miembros de la organización criminal conocida como Los Marcianos fueron detenidos en Venezuela, México y Guatemala. Fiscales del Ministerio Público encontraron evidencias que los vincularían con una red internacional de trata de personas.

Un furgón con 53 víctimas mortales fue abandonado en Puebla (México). Entre los cuerpos que han sido identificados hasta el momento destaca el nombre de la guatemalteca Leticia García Hernán de 23 años. La policía dio a conocer que hay doce niños entre los fallecidos.

P.D. Todo esto es imaginación del autor, esto fijo no pasa en la vida real…

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