La definición más osada de qué es un migrante

La definición más osada de qué es un migrante, la da el escritor Ambrose Bierce en el célebre Diccionario del Diablo, y es la de aquella persona ignorante que piensa que hay lugares que son mejores que otros. La definición se hace más palpable en esta sucia época caracterizada por la xenofobia del neoliberalismo globalizado.

Fotografía de Carlos Alonzo

La búsqueda de la felicidad es frecuentemente truncada por los revólveres tejanos, o el bate de los neonazis europeos. Pero lo que a simple vista parecerían manifestaciones xenofóbicas, podría tratarse, más bien, de un despliegue de vulgar pero desapercibida aporofobia, es decir, el desprecio, odio o miedo a la gente pobre. Por eso es bueno nacer en cuna de oro: las oligarquías son felices aquí y en China. Lo que concierne al resto de los mortales, sufriremos la precariedad de las distintas caras del capitalismo, según nuestra clase social, orígenes étnicos, belleza, intelecto y acervo cultural.

Sería error pensar que todos los migrantes tienen las mismas posibilidades de trascender satisfactoriamente en sus exilios. No es lo mismo el migrante que se larga a Europa con una beca de estudios, que el que atraviesa el Río Bravo a nado. Los segundos, se sabe, son mayoría. Un porcentaje importante de estos individuos perece antes de llegar a la tierra prometida de la democracia occidental para ser explotados de las formas infrahumanas que todo lector de periódicos sabe.

La búsqueda de la felicidad es una de las principales causas de infelicidad. SIN EMBARGO, y pese a la ofensiva definición proporcionada por el buen Luzbel, cualquier ser humano que haya estado en Centroamérica reconoce que es una de las regiones menos agradables para ser un ser vivo. Mientras los migrantes venezolanos están de moda, la tradición migratoria del Triángulo Norte se muestra más perseverante que nunca. Huestes armadas de hambre y desesperación invaden el terruño imperial asolando a los indefensos gringos con la inmortal enfermedad de la pobreza. La diferencia radica en el entusiasmo de Estados Unidos por las condiciones migratorias de los venezolanos, muy útil a la hora de enumerar el canon de excusas para invadir un país petrolero.

Quién soy yo para sonar nacionalista con respecto al sensible y escabroso tema migratorio, pero como ya dijo nuestro notable presidente en funciones, la mano de obra guatemalteca es harto barata y eficiente adonde quiera que agarre rumbo. Vale más seguir promocionando este histórico producto de exportación, esperando que la diestra del Señor lo lleve con bien a su destino.

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