“La Historia del rock en Latinoamérica” (para los de la foto)

Realizar un documental, o una mini serie, como en este caso, con el objetivo de presentar la evolución histórica del rock en un área tan vasta y tan diversa como lo es Hispanoamérica (que no es lo mismo que Latinoamérica), sería una labor titánica, por no decir imposible. Es tan complicada la tarea autoimpuesta por los realizadores como pretender complacer con su propuesta a los millones de personas que escuchan o escucharon el “rock” en estas latitudes, en cualquiera de sus imaginarias etapas, tan difícil como definir en un punto incluso qué es rock o qué no “debería” serlo, ya que termina siendo un concepto demasiado amplio y subjetivo.

Aun así, un grupo de entusiastas se dio a la tarea de intentarlo, con una aceptación variada que va de sus abyectos detractores que le buscan siempre los tres pies al gato y sus acérrimos fans, que han recibido este trabajo con los brazos abiertos, sin cuestionar nada.

Nicolás EntelIván EntelPicky Talarico y el gurú musical Gustavo Santaolalla, son las mentes detrás de la realización de esta cinta, con la bendición del omnipresente y todopoderoso Netflix, contando con prácticamente todos los recursos técnicos y humanos al alcance, (que utilizan de manera soberbia, hay que decirlo, técnicamente el resultado es inmaculado), movilizándose entre algunas de las grandes urbes de este sur occidentalizado, para ilustrarnos la faceta más conocida y recalentada del rock creado en la lengua de Cantinflas. 

En la parte hispanohablante del continente ha habido rock (como se definirá para el uso en estas líneas a ese espectro musical bastante amplio con ciertos elementos comunes, sin ahondar en detalles ni etiquetas,  tratando de sintetizar burdamente aspectos muy generales) prácticamente desde que se le dio un significado conceptual y particular a esta música, en cada uno de nuestros países, me atrevería a decir que sin excepción, se han replicado con mayor o menor éxito las fórmulas generales del “rock”, en su evolución, observando, e imitando, y dándole en cada lugar cierto toque particular, haciéndolo parte común de algunos estratos sociales de las culturas populares locales.

Julieta Venegas, Mon Laferte y Andrea Echeverri.

Y aunque en todos los países de la región ha existido rock y música en general, uno de los puntos importantísimos que iría haciendo una escisión entre los artistas visibles o reconocidos, y los anónimos, sería probablemente que no en todos los países ha existido un industria musical que haya logrado hacer trascender a sus artistas y darlos a conocer a nivel general.

En nuestro país, en general, muchos recordarán, de acuerdo a su edad y temporalidad, si hablamos de música en español y de rock en este idioma en particular, muchas más propuestas de países como México, Argentina y España,  que propuestas locales y regionales, funcionando de forma más o menos similar con la cultura popular colectiva de toda el área a la que trata de llegar el documental, la industria y los medios, generalmente desde las radiofórmulas enlatadas, inyectadas y adulteradas con inversiones monetarias considerables por parte de las disqueras transnacionales, creando a los “grandes nombres” del pop y rock en español.

Comprendiendo esto tenemos indicios de por qué no todos los países, aunque haya propuestas muy buenas, tienen representatividad ni protagonismo equitativo en estos espacios, si a pesar de la calidad estas propuestas musicales no tuvieron difusión, entonces están invisibilizadas, por lo tanto, no existen y, claro, no serán tomadas en cuenta, justo como sucede en esta miniserie y que es uno de los puntos más criticados de la misma. Lamentablemente no hay una investigación que vaya más allá de lo de siempre, de lo evidente, de lo superficial, al menos para tener un contexto de lo que pasaba en otros países paralelo a esta escena visible, simplemente hacen un gran compilado de casi 6 horas de cosas ya conocidas y abordadas con anterioridad en varios documentos audiovisuales, con la sensación de un gran resumen que “pasa en limpio” todo lo previo, de forma nítida, planchada y descafeinada.

Andrés Calamaro

Tristemente los autores no se arriesgaron, se van por la vía más segura, la de poner elementos reconocibles y que la memoria en una intrépida maniobra le haga a uno la “doble Nelson” sentimental, esa reafirmación inconsciente y chantajista que nos indica que todo era “lo mejor” porque se nos hace conocido. Encontrarnos con los rostros de las megaestrellas del rock hispanoamericano, evocando otros tiempos, que se nos hacen familiares, adulando y elogiándose entre sí, contándonos de cómo reinventaron el rock o salvaron a la sociedad con su música de los gobiernos totalitarios, todo lindo, idílico, anecdótico, pero muy poco analítico, no hay un cuestionamiento profundo de la realidad y del contexto social más allá de lo noticioso y testimonial. 

Otro de los puntos que ha sido cuestionado prácticamente en cada país, es la supuesta ausencia de ciertas figuras relevantes en la historia, que no se incluyó a tal o cual banda, o que reclaman más espacio para sus escenas locales, pero por supuesto se comprende que son tantas las bandas que sería imposible incluir a todas, esto es una cuestión más de criterio y de cómo cuentan la historia los autores, aunque se hace evidente también que se ha dejado únicamente a quienes poseen un perfil más alto, de forma un tanto elitista, independientemente del legado real o el impacto cultural. Se da más espacio a lo comercial y “presentable”, claro, no es lo mismo ser Leonardo de Lozanne que el recordado Charlie Monttana, por ejemplo, en todos lados habrá según conveniencia primeras y segundas divisiones, y al final hay que dejar claro que el éxito comercial no implica tampoco ser malo, pero hay que comprender cada cosa en su lugar y contexto.

No es lo mismo ser Leonardo de Lozanne que Charlie Monttana

Se comprende también un tanto la frustración de la gente de tantos países que son invisibles al radar popular, comercial y de la industria de la música, por lo tanto igual de invisibles para estos documentalistas, como los países de la región centroamericana, por ejemplo, que pasan de incógnito por completo, porque no lograron montarse en su momento al tren del reconocimiento, como pudieron haberlo hecho tantas bandas de la región, en el lapso entre finales del siglo pasado e inicios de este, cuando se experimentó un simulacro de industria y las propuestas musicales estuvieron a un nivel igual e incluso superior de varias agrupaciones que se ven en la serie de Netflix, no lograron consolidarse, al final el andamiaje no soportó el peso y terminó colapsando, quedando como actos locales exitosos y aquella duda eterna del “hubiera”.

Hay que comprender que al final Rompan Todo no es “La Historia del Rock en Latinoamérica” definitiva y absoluta, esto no existe, es UNA historia del rock en Latinoamérica, una de muchas perspectivas que pueden existir, que los autores no tienen obligación tampoco de abarcar todo, ni de ver las cosas igual que nosotros. Hay por aparte mucho material a disposición para comprender de forma más amplia otras miradas, otras realidades, al final las inquietudes que genera esta propuesta pueden servir para llegar más lejos, más allá de buscar la aprobación y el reconocimiento general, para buscar nosotros mismos nuestras historias, desde una perspectiva que problematice, que cuestione, que nos haga comprender mejor dónde estamos y por qué estamos aquí, más allá de la nostalgia y el paternalismo, más allá de las anécdotas sentimentaloides.

Comprender que fuera del mainstream, acá en el cuarto mundo el rock también existe, que hay un abanico grande de música, sea o no reconocida en otros ámbitos, de gente en pie de guerra sin dar concesiones, manteniendo el balance al filo de la navaja, a puro golpe de pasión y adrenalina, aún sin industria, donde no hay casi plata, no importando que sea rock, metal, punk, pop, o cualquier estrecha etiqueta, con la convicción de no tener que esperar a que venga nadie a contarnos nuestra historia o a mendigar por incluirnos en la suya, porque ya es tiempo de contarla con nuestras voces…

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