Las grutas de Lanquín, un viaje al interior del reino q’eqchi’

Una entrada a Xibalbá, una puerta de roca hacia las entrañas de la montaña, una conexión sideral con vos y la naturaleza. Lo primero que pensé al encontrarme de frente con el helado nacimiento del río Lanquín fue: este es el lugar más bello que he conocido.

Fotografías de Juan Calles

En Cobán encontrás microbuses que te llevan hasta Lanquín, Q50.00 ó Q60.00 depende del ánimo del brocha y su cómplice, el chófer. No esperen amabilidad ni buen servicio, agradezcan que encontraron un lugar para sentarse. Elijan el lado de la ventana para sentarse y disfrutar de la belleza. Todo el camino, (dos horas aproximadamente), es una constante belleza verde, todo es verde, los ojos llenitos de verde.

En la entrada encontrás a muchachos de la comunidad ofreciendo tours, tubbing, grutas, el oro y el moro, hay luz eléctrica en el interior de la grutas, sin embargo, de no llevar linterna, será bueno pagarle Q50.00 a uno de estos muchachos que se ganan la vida haciendo estos tours por las grutas y por el río Lanquín.

Para caerle a las grutas se agarra la carretera CA-9 desde ciudad de Guatemala hasta el Km 85 (El Rancho) donde se toma la carretera hacia Cobán CA-14. Las Grutas de Lanquín están a 65 km de Cobán.

El tubbing es un recorrido por el helado río Lanquín sobre tubos de llanta o salvavidas gigantes. Este recorrido inicia a unos metros del nacimiento del río y recorre al menos cinco kilómetros hasta una estación establecida por los lugareños en donde podés encontrar bebidas, comida y hospedaje.

Al inicio del recorrido te reciben amables y milenarias estalactitas y una oscuridad fresca, interrumpida por bombillas amarillas que te marcan el camino. No necesitas condición física especial, solo un calzado adecuado, y ganas de adentrarte al interior de la montaña, el clima se torna húmedo y caluroso, mientras más te adentrás a las grutas, el oxígeno se torna espeso y pesado, no pasa nada, un respiro profundo y continuás tu camino hacia el asombro, hacia el corazón de la montaña.

 

Escalar, subir gradas, evitar los resbalones por el terreno lodozo, el calor, la poca luz, la inmensidad del lugar, las formaciones rocosas, la voz del guía que con acento q’eqchi’ te explica los nombres de las formaciones rocosas y cuenta anécdotas de gringos locos que se perdieron buscando Xibalbá. Las grutas de Lanquín tienen conexión con las cuevas de Candelaria, podés hacer el recorrido si te atrevés a recorrer los 50 kilómetros subterráneos hasta Candelaria en Chisec.

Después de algunos minutos el guía te pregunta si querés hacer el recorrido extremo y pensás: Creí que este era el recorrido extremo, en esas instancias no podés flaquear ni demostrar ahuevamiento; así que fingiendo valor y determinación le respondés: A huevo que sí, y enciende su linternita, se ajusta el pantalón en la cintura y por un segundo te arrepentís de tu decisión. Sin embargo, el recorrido extremo es emocionante y corto. Nada de qué preocuparse, escalar rocas, recorrer en total oscuridad algunos metros, sentir que no podés respirar, y por fin el guía alumbra con la linterna y te dice: Si quiere le tomo una foto. Si padecés de claustrofobia no recomiendo este recorrido.

La inmensidad de las figuras que forman rocas, estalactitas y las perennes gotas de agua te impactan, te sentís diminuto, apenas una pieza microscópica en esa maquinaria perfecta que la naturaleza fabricó durante milenios.

Retarte a vos mismo, enfrentar el eterno miedo a la oscuridad, a la gigantesca garganta de montaña, imaginar los tiempos precolombinos cuando los verdaderos dueños de las grutas invocaban deidades borrachas y ofrecían la sangre y la carne de un animal de corral, pom, resina, y hierbas para los sahumerios de sanación.

En algún momento, en el interior de la caverna te sentís participante de una liturgia, te sentís en la presencia de algo verdaderamente sagrado; si la frivolidad de los tiempos que corren no te han corrompido el asombro, la sensibilidad, la capacidad de maravillarte, sentís la energía limpia de este templo sagrado esculpido, centímetro a centímetro por la persistencia de la gota, la inagotable paciencia de la naturaleza.

Algunas formaciones tienen rótulos con los nombres que la población les dio, algunas otras el guía se encarga de mostrártelas y nombrártelas; los guías q’eqchíes’ se saben historias graciosas sobre los nombres de las formaciones y anécdotas picantes de turistas europeos entusiastas del boj.  Esta formación que fotografié no tiene rótulo y Anselmo, el guía que nos acompañó, no le prestó ninguna atención, así que la nombré “Lengua de candidato”.

Al finalizar el recorrido y  salir de las grutas, encontrás el nacimiento de un río helado, verdesmeralda, transparente y hermoso, un sitio virgen, silencioso, que guarda una belleza etérea y tenue.  La comunidad se encarga de su cuidado y administración. Aún no han llegado a esta latitud de las Verapaces, los avorazados proyectos extractivos o mineros, hidroeléctricas que contaminan y cambian el curso de los ríos, exterminando vegetación, la fauna, y privando de agua a muchas comunidades.

En Cahabón, población vecina de Lanquín, a tan solo 45 minutos de terracería, existen proyectos hidroeléctricos que han dividido a la comunidad, que amenazan de muerte a quienes se oponen a dichas empresas, que han violado mujeres, que han criminalizado a defensores del territorio q’eqchi’ y que mantienen en constante hostigamiento a comunidades enteras que se niegan a aceptar el abusivo uso de los ríos y recursos naturales. Esperamos que el río Lanquín y las comunidades a su alrededor no sufran lo que el pueblo de Cahabón padece en la actualidad.

Y así, sin más, finaliza el recorrido por este bastión de la belleza, me tomo un momento para observar todo a mi alrededor, el ruido de los insectos por un segundo me parece ensordecedor, pero el movimiento del río exige mi atención, y se despide ululando con su cuerpo líquido y transparente, serpiente de esmeralda, se va, se va, se va, hago clavito para que sobreviva al despojo capitalista.

Este foto reportaje está dedicado a Abelino Chub Caal

Fotografías de Juan Calles

 

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