Lo bueno, lo malo y lo culero del docu de Héroes

Hablar de Héroes del silencio es hacer referencia a una agrupación que siempre estuvo entre dos tierras, entre lo comercial y lo desafiante, entre lo sabido y el misterio, entre ser músicos auténticos y estrellas pop. Esta marcada dicotomía terminó jugando de alguna manera a su favor, muchas veces de forma inconsciente y otras premeditadamente; una banda que trabajó duro, pero que tuvo también la suerte del tahúr que con una buena carta cambia toda la jugada; una conjunción estelar que los llevó por fin al punto donde coincide lo increíble y lo exacto.

El origen, peregrinaje, gloria, decadencia y leyenda de la mítica agrupación zaragozana, son develados en los 94 minutos de metraje del nuevo documental de Nétflix, Héroes, silencio y rock & Roll, estrenado el viernes 23 de abril.   

El cineasta Alexis Morante se cuela tras los andamiajes y entretelones de la banda para mostrarnos una visión introspectiva y humana. Testimoniales de los involucrados en las distintas etapas del grupo que nos develan algo del lado b de la leyenda, los tantos kilómetros de carretera recorridos mucho antes del éxito, los sinsabores, la hermandad, los egos, celos y pugnas, más allá del glamour de los grandes escenarios, aunque todo se expone de forma bastante dosificada, sin llegar muy hondo, procurando no echar mucha sal en las viejas heridas.

Si bien hay sexo, drogas y rock ‘n’ roll, está rebajado para que sea apto para todo público. El documental tiene formas más bien institucionales, como un material más orientado para complacer a los fans, que una cinta crítica que pueda ser de interés para cualquiera que no tenga vínculos emocionales con HDS. Morante ha trabajado anteriormente con Enrique Bunbury en varios videos, así como en dos documentales, “El Camino más Largo” (2009) y “Licenciado en Cantinas” (2012), por lo que existen vínculos previos, al menos con el reconocido frontman.

En la cinta se nos muestra cómo en sus inicios Héroes fue una banda de cuna pop que fue mutando hasta cuajar como una banda de rock duro con un sonido sui generis. Al inicio estaban más emparentados con sonoridades no demasiado agresivas, se respira mucho The Cure o incluso U2; se nos presenta un jovencísimo Enrique Ortiz (antes de ser Bunbury) más cercano al David Bowie de su etapa más pop, que al famoso híbrido entre Raphael y Jim Morrison que tanto se ha proclamado. El seminal conjunto no encajaba del todo con la marea pop española de mediados de los 80, ni con la parte musical de la muchas veces pretenciosa “Movida Madrileña”, que imperaba en los medios; tampoco empalmaba con “El Rollo” o la primera oleada hard-heavy que causaba furor por entonces en tierras ibéricas, aunque su look posterior era más cercano a estos últimos. Al final no podía identificarse a Héroes ni al lado de propuestas musicales más ligeras como la de Gabinete Caligari, Siniestro Total o Nacha Pop, pero tampoco podía emparejárseles con unos Banzai, Obús o Muro. Los Héroes fueron forjando de forma espontánea una amalgama única, que supo encontrar su propio público. Al final eran unos músicos de verdad que tenían un look para pasar por banda prefabricada, cosa que en su momento también jugó de alguna forma en su contra con la crítica, o a su favor, depende de cómo se vea, pues lograron bastante difusión tanto en televisión como en las radiofórmulas españolas.

Desde esos arpegios iniciales algo inocuos, pero sumamente emblemáticos, hasta terminar entregándose a sonidos más densos y oscuros, ni los riffs ni los solos fueron el sello distintivo de los zaragozanos. Aun así, la guitarra de Juan Valdivia alcanzó un carácter muy particular al mezclarse con las letras y peculiar voz de Bunbury. Vamos viendo también cómo el look de la banda muta, abriendo paso al vestuario negro, las botas vaqueras y el cuero. Se evidencia en la cinta cómo la banda madura su concepto, esto les da el aplomo  para ir buscando nuevos horizontes en el resto de Europa, donde al final alcanzaron cierto reconocimiento, sobre todo en Alemania, llegando a tocar en dos ediciones del famoso festival Rock am Ring de Nürburgring, en 1993 y 1996, cosa que no se había visto anteriormente en bandas españolas, quizás con la única excepción de Barón Rojo, que grabó en Londres, tocó en el festival de Reading junto a las bandas más importantes de la época y hasta se editaron sus discos en Japón.

La película nos muestra el crecimiento paulatino de la banda, y cómo el éxito les permite ir materializando nuevos logros, como trabajar con productores plenamente reconocidos como Phil Manzanera (Roxy Music, Brian Eno, David Gilmour, Pink Floyd, entre otros) con quien grabaron Senderos de traición (1990) y El espíritu del vino (1993), y posteriormente con Bob Ezrin (Pink Floyd, Alice Cooper, Deep Purple, Deftones, etcétera), con quien trabajarían su último disco de estudio, Avalancha (1995), grabado en los estudios Soundcasttle, en Los Ángeles, California, que los llevaría en su gira más ambiciosa el “Avalancha Tour” también recordado como “Gira de la conciencia”, con más de 150 fechas, en Europa y América, incluyendo Guatemala el 14 de Septiembre de 1996, en la antigua Plaza de Toros. Esta gira marcaría también el punto de quiebre de la agrupación.

Según se muestra en la cinta las direcciones musicales de Bunbury y Valdivia eran ya demasiado divergentes. El cantante quería explorar sonidos más experimentales, dicha inquietud terminaría desembocando en su primer álbum solista, Radical sonora, cuya particularidad fue la utilización de elementos sintetizados. Por su parte, el guitarrista estaba lidiando con una complicación de salud llamada distonía focal, que afectaba los músculos de su mano izquierda, y por la cual ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente en varias ocasiones sin llegar a  recuperarse satisfactoriamente, llevándolo a abandonar la guitarra. Esto aunado a los roces y las complicaciones de la convivencia constante a lo largo de los años, hizo la situación insostenible, marcando un final abrupto para los Héroes en el cénit de su éxito.   

Al final se revisa la agridulce gira de reunión, después de 11 años de silencio, que iniciaría en Guatemala el 15 de septiembre de 2007, en el Estadio del Ejercito y se extendería por 9 fechas más, en Buenos Aires, Monterrey, Los Ángeles, México D.F. (dos fechas), Zaragoza (dos fechas), Sevilla y Valencia.

LO BUENO LO MALO Y LO CULERO

Lo bueno. Para los seguidores de la banda es que hay un gran esfuerzo en la compilación de material audiovisual, de archivos privados y medios de comunicación, impresos, radiales y televisivos, con lo que se descubren muchas facetas hasta ahora inéditas, raras y hasta cotidianas, detrás de la cara conocida de la agrupación.

Lo malo. Que no toma en cuenta a la audiencia. Al final la música de HDS fue importante para miles de personas en dos continentes. Estas eran el contrapeso de la ahora decadente industria musical, quienes están debajo del escenario, compraban discos, mercadería y boletos para ver a los grupos. Para muchos todavía existe ese vínculo emotivo, por lo que la banda representó en un momento de su vida, y han sido por completo olvidados.

Lo culero. Que centran su atención más en Europa y en Estados Unidos ―con algunas pinceladas de su paso por México― tratando a toda costa de mostrar el éxito “global” de la banda, cuando, siendo honestos, el éxito que alcanzaron en Europa (fuera de España obviamente y en menor grado en Alemania) no es comparable como el que lograron en Iberoamérica, donde fueron una banda GRANDE, así con mayúsculas, mientras que en Estados Unidos sus participaciones eran para público hispanohablante y nunca alcanzaron demasiada resonancia en el mercado angloparlante.

Casi paralelo al documental, se prevé que para el 15 de abril de 2021, vea la luz el libro Héroes de Leyenda: la historia de una banda de rock mítica: Héroes del Silencio, de Antonio Cardiel, hermano del bajista de HDS, Joaquín Cardiel, que en 512 páginas intentará reconstruir para la posteridad lo acontecido en el camino de la agrupación. Veremos si se consigue con el hype de estos esfuerzos, encender la chispa adecuada que reavive el entusiasmo por los HDS, aunque, por supuesto, las circunstancias del mundo en 2021 son muy distintas a las de hace 14 años…