Lo que soñó mi general

Todos en Guatemala hemos escuchado el viejo cuento de los abuelitos que colgaban una foto de Ubico en la cocina y exclamaban con nostalgia “en los tiempos de mi general, no habían ladrones, las ventanas de las casas se quedaban abiertas y al día siguiente no te faltaba nada”, por supuesto que con la vigencia de la “Ley Fuga” no habían muchas ganas de ser atrapados en flagrancia y con la “Ley contra la Vagancia” no habían muchas oportunidades de ocio para pensar en hacer maldades, suficiente mal era trabajar de gratis en las fincas o partiendo piedra en los caminos que iban a servir para enriquecer a los terratenientes cafetaleros.

Fotografía de Fernando Chuy

Mi general, además de buscar un país seguro, también soñaba con un pueblo educado; por eso mandaba a los maestros, hombres por supuesto, porque a las mujeres casadas les prohibió ejercer el magisterio, a las casas de sus comunidades a buscar niños y niñas para llevarlos a la escuela primaria semi militarizada, en donde además de leer y escribir, se les enseñaba a honrar a la patria, al general y al partido liberal. Al general también se le ocurrió que la educación secundaria ya no era un asunto estatal y estableció cuotas de pago, puso al frente de todos los establecimientos a militares que se encargaban de hacer florecer la disciplina en las “compañías” donde los estudiantes eran segregados por grado militar.

Pero si tenían un poco más de posibilidades y estudiaban en el Colegio Alemán, los chicos también aprendían a hacer el saludo nazi y a leer el periódico alemán que era dirigido por simpatizantes nazis porque el gobierno de Ubico también tenía sueños internacionalistas, de esta cuenta que uno de los primeros en obtener la Orden del Quetzal fue Benito Mussolini, quien le devolvió el gesto a Ubico con la donación de armamento militar. Por su parte, Francisco Franco le otorgó a nuestro generalísimo la Orden Isabel La Católica debido a su explícito apoyo y simpatía con el fascismo.

Al general lo intentaron matar y derrocar varias veces, pero si ni haber perdido las elecciones presidenciales en 1926 lo detuvo en su carrera por el poder, nada podía hacerlo. Mi general era astuto y no le costó nada negar a Hitler (como Pedro negó a Jesús) en cuanto los gringos se hicieron de la victoria después de la Segunda Guerra Mundial, volvió a demostrar la característica lealtad militar que había significado también su desvinculación del “tiránico gobierno” del senil Estrada Cabrera.

Tras hacer este breve repaso de lo ilustre de nuestro generalísimo, yo me pregunto, ¿Por qué no hacer realidad el último gran sueño del asesino de la maestra María Chinchilla? ¿Qué hay de malo en que nuestras autoridades municipales y nacionales le sigan rindiendo pleitesía y continúen con su legado dictatorial? ¿Cuál es el pecado en talar árboles en uno de los escasos pulmones que quedan en la ciudad altense? ¿Por qué les ofende que se inviertan Q.25,000,000,00 en un monumento a nuestra fallida independencia criolla? ¿Acaso no son suficientes los centavitos que los bancos pagan de interés anual a cada cuentahabiente para combatir la desnutrición y rescatar un sistema de salud colapsado? Qué sigue, ¿Qué se pongan a pedir firmas para que esa millonada fortalezca el sistema de educación virtual en el marco de la pandemia? ¿Acaso van a querer que use para vacunar a los bomberos voluntarios contra el COVID-19?

Pero bueno, lo mejor es evitar la polémica llevándose los Q.25,000,000.00 a otro lado, mejor si a la bolsa de algún funcionario: y esos chairos filocomunistas, que agradezcan…

Que agradezcan que ya no está mi general, porque él sí hubiera cumplido el sueño de dejarlos como a Efraín Aguilar Fuentes, Juventino Sánchez, Humberto Molina Santiago, María Chinchilla y todos los estudiantes universitarios fusilados durante su glorioso mandato.

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