Los analfabetos políticos somos nosotros

En el 2018 se realizó un censo poblacional y de vivienda del cual —para variar— no se conocen los resultados todavía, así que no queda más que atender a las inexactas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) y asumir que en Guatemala viven alrededor de 16 millones de personas. De estos 16 millones de personas, CONALFA (Consejo Nacional de Alfabetización), asegura que solamente el 12.31% son analfabetos.

Fotografía de Fernando Chuy

Suponiendo que lo anterior sea cierto, es decir que en este país únicamente alrededor de 2,000,000 personas carecen de la posibilidad de leer las imbecilidades que publican los medios corporativos, según ustedes ¿Cuáles son las razones por las que en Guatemala la gente siga creyendo el show donde la política es una representación exacta de la dicotomía bíblica del bien y el mal, dios versus el diablo, el ying y el yang, rojos contra cremas y así ad infinitum?

No hay que olvidar que el analfabetismo es un problema social, que como casi todos, tiene rostro de mujer indígena, es decir, quienes menos participan en la política nacional y electorera. Entonces, ¿Dónde estamos los demás?

Los analfabetos políticos

La psique humana es un sistema inescrutable. Habrá muchos que se abstengan de opinar o participar en política porque  se asumen creyentes de la teología de la prosperidad, otros quizá estén ya muy cegados por ella y ni siquiera tienen posibilidades de escapar y pensar diferente, algunos dirán que la política no les interesa porque trabajan por su cuenta y no necesitan depender de ningún tipo de subvención estatal; los más decepcionados creerán que la política no es más que un juego sucio donde solamente “lo más vivos” y deshonestos se interesan en participar porque buscan sacar algo; los más desesperados le entrarán al juego de la participación simbólica pintando paredes a cambio de una lámina o canasta básica, y en el mejor de los casos un puesto en la municipalidad.

Mi punto es que, los aparente y aproximadamente 2,000,000 analfabetos no deciden el futuro del país, no son mayoría votante y, de hecho, son quienes menos acceso tienen a la identidad ciudadana y a cuestiones tan elementales en la vida como ser sujetos políticos en su propio beneficio.

Fotografía de Fernando Chuy

Esto quiere decir que el resto, los 10 millones 182 mil 976 (mayores de edad que según el RENAP habitan el país y restando a los 2 millones de analfabetos), o la mayor parte de ellos, SON ANALFABETOS POLÍTICOS, cosa que no es para nada extraña tomando en cuenta que Guatemala invierte en educación solamente el 2.4% del PIB, siendo esta cifra una de las inversiones más baja, en lo que a ese rubro respecta, en América Latina.

Sumado a esto, la educación en Guatemala es de tipo bancaria, un proceso que poco permite el desarrollo del pensamiento crítico en  los guatemaltecos, dónde niños y adolescentes son adoctrinados a responder memorísticamente fechas y datos poco o nada vinculados a su cotidianidad y contexto, en un sistema educativo obsoleto cuyos libros de texto casi tocan la delgada línea que divide la corrección política del racismo.

Un sistema educativo que se basa en “competencias” para que todos empecemos a combatir unos contra otros para acceder a un puesto en el call center, el ingenio o en el propio Ministerio de Educación (convirtiéndose en maestros analfabetos adoctrinando niños y adolescentes) sin pensar en cooperación o bienestar colectivo, ni siquiera en su propia comunidad y menos en el concepto rancio de país.

Equiparar la formación académica formal con capacidad política es, entonces, una falacia. Asumir que solamente hombres blancos con una licenciatura (de alguna universidad de garaje) son capaces de dirigir esta piltrafa de país o creer en coloridas revoluciones con cánticos y carisma, pero sin propuesta, no va a llevarnos a ninguna parte, no construirá un verdadero camino para una sociedad más justa e incluyente.

El Comité de Desarrollo Campesino –CODECA-  es, efectivamente, una organización campesina en la que un número considerable de asociados cuenta con una escolaridad sistemática y formal mínima pero que lleva años formándose políticamente, casi el mismo que llevan poniendo el dedo sobre el fallo estructural de esta finca y son ellos, campesinos, indígenas e iletrados los que han logrado construir una propuesta para fundar un nuevo Estado y no, no lo lograron gracias a un título universitario sino a su conciencia y lucha por la justicia social. La academia es útil pero no indispensable cuando de enfrentar la realidad se trata.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *