Los golpes de la vida te acuestan sin recitar palabras

El “Matador” Mayorga, lo acompaña a la izquierda, el boxeador guatemalteco Léster Martínez. Fotografía de Javier Herrera

Era octubre 1973, en el país de Rubén Darío, cuando nació Ricardo Antonio Mayorga Pérez, boxeador de talla mundial, criado en un barrio de Granada, que en lugar de escribir versos, le dio por repartir a puñetazos hasta volverse profesional.

Mayorga es un ser humano impredecible y aún con infinidad de detractores se mantiene bajo los reflectores, un hombre espectáculo, un boxeador rudo, la arrogancia y las ganas de comerse el mundo no han mermado con el pasar de los años, sería capaz de pararse frente a un tren e intentar detenerlo.

Para nosotros los nicaragüenses es una deshonra dijo Fernanda; que pasó dos horas junto a mí hablando de Ricardo. Sus más recientes peleas son más por el show que representa, algunos tienen la opinión que de ser necesario aún podría dar un par de buenas peleas, si la disciplina y el auto control fueran piezas prioritarias en su preparación; Fernando Gómez un boxeador guatemalteco amateur me comentó que si Mayorga llegara a conectar dos golpes certeros en su oponente en la actualidad difícilmente éste podría reponerse.

Deportistas como el Matador Mayorga abundan en países latinoamericanos, aquí en Guatemala son frases recurrentes: Ese pisado es bueno el cerote, pero muy borracho, las mujeres lo hicieron mierda, o bien es muy drogo el mierda.  En ocasiones estos atletas destacados salen de las sombras y no pueden manejar con claridad la destreza que demuestran en determinado deporte, entonces ahí viene el fracaso, tendríamos que conocer toda la verdad, cuáles son las carencias que impiden que un individuo con la pericia de alcanzar el éxito pueda perderlo todo de la noche a la mañana.

No se confundan, salir de la nada y lograr una oportunidad, no es cuestión de todos los días, el Matador consiguió una, de ahí en adelante la historia es otra; Ricardo Mayorga ganó lo que muchos en su vida no pueden ni imaginar, pero como todo lo que sube tiene que pagar, el impuesto le salió caro al nicaragüense; el presente de Ricardo es incierto, por estos lares anduvo tirando su flow y nuestro amigo petenero le dio su cumbia correspondiente. El caso de Léster Martínez  es distinto, quizá y con un poco de suerte el compatriota pueda responder como se debe, cuando la vida le requiera, y tomar en cuenta las glorias y derrotas de los que han pasado por el boxeo,  lo escrito ahí seguirá, quizá al Matador Mayorga le alcancen las glorias pasadas para morir con cordura, aunque fuentes del país de la poesía y el béisbol, nos revelaron que hace algunos días, unos hombres se bajaron de un taxi y sin recitar palabras le dieron con un tubo en la cabeza. La golpiza lo hizo parar en el hospital.

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