Los hijos del silencio

En días conmemorativos como hoy, me resulta inocuo el hecho de que se recuerde con tanta nostalgia el 20 de octubre de 1944 sin tener en cuenta su contraparte. Mientras el inicio de la primavera democrática se festeja con cerveza gallo como si se estuviese celebrando la continuación de la Revolución, el fatídico 3 de julio de 1954 permanece en un silencio perpetuo. Vale entonces preguntarse si tiene algún sentido recordar la Revolución sin tener en cuenta la contrarrevolución. Pues como dicen por ahí, el “Yin”, no es nada sin el “Yang”.

 

Si el 20 de octubre de 1944 marca el inicio del nacimiento de la sociedad guatemalteca, como alguna vez lo expresó Cardoza y Aragón, entonces el 3 de julio de 1954 supone el descenso de Guatemala a los círculos del infierno. Poco importa si el poeta tenía razón o si solo estaba contagiado por el furor de la época, pues lo cierto es que, a partir del ascenso de los militares al poder, cualquier posibilidad de construir una sociedad justa, equitativa y democrática quedó de antemano truncada.

Sin embargo, las cruzadas del “Movimiento de Liberación Nacional” (vaya ironía la del nombre), a partir del 18 de junio de 1954, encabezadas por el CACA y los yanquis, permanecen sin provocar indignación alguna sobre aquellos que conmemoran el 20 de octubre. Hecho que me hace preguntarme si aún le queda un sentido reivindicativo a la Revolución o si solo supone una fecha para revolcarnos en la nostalgia.

Aparece tercero desde la izquierda, el coronel Carlos Alberto Castillo Armas, “CACA”.

Al parecer, los hijos no solo heredamos los genes de nuestros padres, sino también su memoria, temores, frustraciones y silencios. El hecho de que se hable tan poco de la contrarrevolución nos demuestra que nos han educado para callar, como al protagonista de El Silencio de Neto de Luis Argueta, cuya trama nos devela que hemos sido criados, desde la llegada de la contrarrevolución, con una pedagogía que privilegia el olvido sobre la memoria y el silencio sobre el furor.

Si El Silencio de Neto tiene algún valor para la memoria histórica, es precisamente ese, el de recordarnos que nuestras voces han sido acalladas desde la infancia y que hemos sido educados con un “no te metas en babosadas”. Por lo que, para desencadenarnos de la opresión castrense, así como la hace Neto al final de la película, es necesario no solo romper el silencio, sino también traer al presente a la contrarrevolución, como una manera de introducir en la memoria histórica el hecho de que, a partir de aquel fatídico momento, la historia del país quedó supeditada al poder de los chafarotes y sus alianzas.

Tal vez deberíamos tomar el ejemplo de nuestros hermanos chilenos, quienes recuerdan con felicidad el 3 de noviembre de 1970, pero también recuerdan, con fuerte indignación, el 11 de septiembre de 1973. A mi humilde parecer, sin repudiar colectivamente el 3 de julio de 1954, la conmemoración del 20 de octubre se convierte en un acto de estéril nostalgia.